Mercadona subió «una burrada» los precios: 600 millones en primas
En marzo de 2023, al presentar las cuentas del ejercicio anterior, Juan Roig resumió su política de precios sin rodeos: «Hemos subido una burrada los precios. Sí tienen razón». El dueño de
Mercadona admitió el hecho sin más. Y llegó el anuncio del reparto de
600 millones de euros en primas a la plantilla, un 50% más que el año anterior. Subida reconocida por el propio dueño, beneficio al alza y primas un 50% superiores a las del ejercicio previo: ahí está la mecha del asunto.
El dato que duele en la cesta no es el porcentaje de beneficio, sino el ticket. Varios participantes describen subidas del
30% y hasta el 40% en productos básicos y un aceite de oliva que, según esos mismos testimonios, se ha multiplicado por cuatro respecto a lo que costaba hace unos años, con carros que se llenan de marca blanca donde antes había marca de siempre. Con esa foto delante, hablar de márgenes finos suena, como poco, a chiste.
El margen del 2,5%: qué mide y qué deja fuera
Mercadona cerró 2022 con
31.041 millones de euros facturados y 718 millones de beneficio. El resultado equivale a un 2,31% de las ventas —hay análisis que lo redondean al 2,29% y al 2,5%— y repartió a su plantilla 400 millones, más de la mitad de lo ganado. De ahí sale el argumento central de la defensa: facturar 30.000 millones para llevarse un 2% no es saquear a nadie, es equilibrismo con márgenes de subsistencia, y quien crea ver ahí un
pelotazo tiene la puerta abierta para competir.
El contragolpe llega por el denominador. Ese porcentaje se calcula sobre la facturación total de la compañía, no sobre el tramo que el supermercado añade al precio de cada producto. Un 2,5% sobre una barra de pan y un 2,5% sobre un litro de aceite son negocios distintos con la misma cifra escrita. Y cuando el volumen crece, un margen minúsculo se convierte en un beneficio gigantesco: el trabajo lo hizo la facturación, no el porcentaje.
Del campo al carro: el limón que casi multiplica por diez
Los números que más se repiten comparan lo que cobra el agricultor con lo que paga el cliente. Limón: de 0,20 a
1,96 euros, un 880%. Plátano: de 0,27 a 2,25, un 733%. Patata: de 0,32 a 1,83, un 472%. Ajo: de 1,18 a 6,56, un 456%. Repollo, brócoli y naranja se mueven en la misma franja, entre el 420% y el 440%.
Aquí empieza el juego de las culpas. El transportista dice que su tramo es mínimo, el distribuidor culpa al transporte, el supermercado señala al campo y el campo señala a los intermediarios. Nadie firma el último eslabón. La clave técnica que se escapa en casi todas las discusiones es que el margen del comercio se calcula sobre el precio de venta final, no sobre el precio del remolque a la puerta de la finca. Cambiar la base del porcentaje cambia por completo la historia que se cuenta.
Beneficios récord con menos poder de compra
Hay un testimonio que resume el malestar mejor que cualquier gráfico: cobrar más que nunca y poder comprar menos que hace cuatro años. El salario sube en términos nominales, Hacienda se lleva buena parte de ese aumento por la falta de deflactación del IRPF y la inflación real se come el resto. Las empresas facturan cifras históricas y el trabajador ve el carro más vacío. Algunos llaman a ese diseño fiscal
thug life; otros, simple caja.
La lectura monetaria es sencilla: si hay más dinero persiguiendo los mismos bienes, los precios suben y los ingresos nominales crecen sin que nadie sea más rico de verdad. Mirar beneficios sin descontar la inflación se parece a mirar un índice bursátil desde su creación: siempre sube. La pregunta incómoda no es si el argumento es válido, sino si sirve para explicar todos los casos o solo para tapar los que no cuadran.
¿Por qué suben todos a la vez? La tesis del cártel y sus agujeros
La sospecha dominante es que las distribuidoras funcionan como un
cártel engrasado y sincronizado, que la subida simultánea en todas las cadenas no es casualidad. En algunas comparativas, otras enseñas aparecen incluso con subidas superiores a las de la empresa valenciana, lo que descoloca a quien busca un único culpable con nombre y apellidos.
Frente a la tesis del pacto hay dos objeciones de peso. La primera: en un sector con competencia real, acordar precios al alza es una invitación a que entre otro con precios más bajos y arrase. De acuerdos así nacieron justamente las marcas blancas, cuando los fabricantes decidieron no guerrear en precios y los supermercados les robaron cuota con producto propio. La segunda: si el fenómeno se repite en todos los comercios, frutería de barrio incluida, la explicación por un solo villano se queda corta. Quien defiende la existencia del cártel responde que la falta de alternativas es precisamente la prueba.
El IVA en cascada y el tramo que nadie quiere soltar
Otra vía de discusión apunta al impuesto: IVA al productor, IVA al transporte, IVA al envasador, IVA al comercial y IVA al consumidor, cada eslabón repercutiendo el anterior. La conclusión que se extrae de ese recorrido es que el precio final acumula capas que no tienen nada que ver con el coste de cultivar una lechuga. Hasta dónde engorda cada capa y quién se queda con ella sigue sin tener una respuesta verificable.
Con las cuentas de Mercadona sobre la mesa, el 2,5% cuadra. Con las tablas de precios origen y destino, no. Cuando dos conjuntos de números igualmente comprobables cuentan historias opuestas, el problema no es la aritmética, sino qué se está midiendo y en qué punto de la cadena. Nadie ha publicado el desglose completo, euro a euro, desde el limón del árbol hasta la caja del supermercado. Y mientras no exista, la discusión seguirá girando en el mismo sitio.