Galicia paga casi 1.000€ por guardia de 24 horas en un PAC
La Xunta ha decidido subir el precio de la guardia médica hasta casi 1.000 euros por turno de 24 horas en los Puntos de Atención Continuada. El motivo no es una vocación súbita de generosidad: es la incapacidad de cubrir vacantes en zonas rurales y despobladas. A esos casi 1.000 euros por guardia se suman otros 1.610 euros mensuales por estar disponible siete días al mes. La medida, publicada por
Faro de Vigo, ha abierto una discusión que va mucho más allá del sueldo de los médicos.
El primer malentendido que conviene despejar es el de la cifra. Los 1.000 euros son el techo, no la norma. Hay quien sostiene que la guardia media en un PAC ronda los 400 euros brutos, unos 240 netos, lo que deja el precio de la hora en torno a 16-18 euros. Las guardias de 25 de diciembre y 1 de enero sí llegan a ese entorno del millar. La horquilla que manejan algunos profesionales que participan en la conversación va de 540 euros por una guardia de 17 horas a 820 por las de 24 y 1.650 por las de festivo especial. La media, insisten, es bastante más modesta que el titular.
¿Por qué la Xunta paga casi 1.000 euros por guardia en un PAC?
Porque no encuentra a nadie que quiera hacerlas. El diagnóstico que más se repite es demográfico: zonas rurales envejecidas, sin jóvenes, donde el médico que llega se escapa a la primera oportunidad. No es un problema de dinero, es un problema de vida. Vivir en un pueblo a 45 minutos de un núcleo urbano con servicios no lo quiere casi nadie, y menos un profesional que puede elegir destino.
La respuesta de la administración es la de una empresa que necesita cubrir un puesto: subir el precio. La Xunta saca las plazas por la vía del concurso con mejores condiciones laborales, además del incentivo económico. La pregunta que queda en el aire es si eso basta cuando el problema no es el sueldo, sino el aislamiento.
El cálculo del coste real: ¿cuánto queda de 1.000 euros brutos?
Aquí empieza el desglose que muchos se saltan. De esos casi 1.000 euros hay que restar la Seguridad Social y el IRPF. Y como se suman a la nómina habitual, tributan al tipo marginal más alto del médico, no al tipo medio. El cálculo completo, partida a partida, deja el neto por guardia bastante por debajo de lo que sugiere el titular. Hay quien estima que no llega ni a 500 euros por 24 horas, que son tres jornadas de un trabajador normal.
La comparación que se hace desde el otro lado es la del precio de la hora. Un mecánico en España cobra en torno a 40 euros por hora; un fontanero, unos 30. Un médico en guardia, según el cálculo de los 400 euros brutos por 24 horas, sale a 16-18 euros la hora después de un mínimo de diez años de formación. El argumento no cierra la discusión, pero la ordena.
El agravio comparativo con el resto de funcionarios
Una parte de la conversación no discute el precio, discute el privilegio. El funcionario ya tiene trabajo de por vida; no necesita además forrarse con las guardias. El que quiera forrarse, que monte una clínica privada y asuma la incompatibilidad. Es la postura que más se repite cuando se habla de gasto público sanitario.
Enfrente está el argumento de que el gasto sanitario español es relativamente barato precisamente porque se paga menos a los profesionales a cambio de estabilidad. El abuso de la figura del interino permitía cubrir huecos sin consolidar plazas, y a cambio se pagaba más. Ahora la Xunta hace lo que haría cualquier empresa: pagar más y mejorar condiciones donde nadie quiere ir.
La solución que nadie quiere poner encima de la mesa
Hay una propuesta que aparece una y otra vez: obligar a los médicos a cubrir plazas rurales durante un número determinado de años al terminar el MIR. El argumento es el de los pilotos militares: si te formamos con dinero público, devuelves un servicio. La objeción es evidente: convertir una profesión liberal en un servicio obligatorio tiene un coste político que ningún gobierno quiere asumir.
La alternativa que se plantea es la contraria: abrir más plazas en las facultades de Medicina. El problema, se argumenta, no es que falten médicos, es que los gobiernos no los contratan. Hay convocatorias que se quedan sin cubrir. Y mientras miles de estudiantes españoles se quedan fuera de Medicina, se importan profesionales de otros países. El cuello de botella estaría en la oferta de plazas, no en la demanda.
El turno de noche: lo que no se ve en la nómina
La conversación deriva hacia las condiciones reales de la guardia. Dormir con la misma ropa de trabajo, en camas como las de los pacientes, con el busca sonando a cualquier hora. Compartir habitación con otro al que le puede sonar el localizador, o que ronca. Comer frío si te pilla trabajando. Literas pegadas para seis, sin aire acondicionado, con ruido de aparatos y cucarachas paseando. Hay quien recuerda haber dormido al lado del depósito de cadáveres y haber notado el olor cuando se estropeaba una nevera.
La respuesta desde el otro lado es que eso es drama. Que hasta que ves lo que cobras por la guardia y se te olvida. Que hay bomberos que pasan la guardia en su casa con la familia. Que los médicos son unos privilegiados y están todo el día con el lloro. La discusión sobre el sueldo se convierte en una discusión sobre el mérito, la vocación y el privilegio, que es donde siempre acaba.
El elefante en la habitación: la estructura municipal
El problema de fondo, apuntan algunos, no es sanitario, es territorial. La estructura municipal española está obsoleta: demasiados municipios, demasiados pueblos, un modelo de agricultura de subsistencia que ya no existe. Toca clausurar municipios y reagrupar población en ciudades terciarias, o al menos en pueblos a quince o veinte minutos de un núcleo urbano con trabajo y servicios.
El modelo alemán o francés se cita como referencia: pequeños pueblos pero a un tiro de piedra de una ciudad en condiciones. En Galicia, muchos están a 45 minutos. Ese es el problema que ninguna subida de guardias resuelve. Se puede pagar más a un médico para que vaya a un pueblo, pero no se puede pagar para que ese pueblo deje de estar donde está.
Con estos diferenciales, la migración de médicos al rural debería ser masiva. Sigue siendo marginal. La subida de la Xunta compra tiempo, no soluciones. Si el problema es que nadie quiere vivir en según qué sitios, el precio de la guardia es solo el síntoma.