Castellón: el paraíso de descanso que a algunos les sale rana
¿Merece la pena dejarlo todo y mudarse a la costa de Castellón para bajar el ritmo? La promesa es conocida: mar y una vida más tranquila. La letra pequeña la pone quien llega buscando descanso y se topa, según su propio relato, con un calor que no da tregua, un sol que no permite pisar la playa hasta la noche y unos servicios públicos que funcionan a medio gas. El balance de quien se ha mudado recientemente a la provincia deja el clima, el empleo y la sanidad al borde del suspenso, según su versión.
¿Hace tanto calor en la costa de Castellón?
La respuesta depende del calendario. Quien acaba de llegar sostiene que esta semana las máximas rondan los 29 grados y califica de exagerada la queja climática. Otro testimonio, de finales de agosto y principios de septiembre en Canet de Berenguer, describe bandera verde todos los días, mar transparente y humedad soportable. El desacuerdo no es sobre el termómetro, sino sobre la fecha de la visita. La versión más crítica describe un calor de horno y una playa impracticable hasta que cae el sol.
Ahí aparece el primer malentendido del litoral mediterráneo. El verano castellonense premia al que madruga o al que espera a septiembre, y castiga al que llega con la idea de que cualquier día es apto para tomar el sol a mediodía.
Ofertas laborales y el comodín de la cerámica
Sobre el empleo, la discrepancia es abrupta. La versión pesimista habla de un mercado laboral flojo y de un sector servicios que considera abusivo. La contraria señala la industria cerámica de la provincia, con una cantidad notable de empresas y una rotación de personal muy alta. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez: tejido industrial denso y condiciones laborales que empujan a la gente a rotar.
Quien llega desde Madrid comprueba, según su relato, que el abanico de opciones profesionales no es el que esperaba; el contrapunto lo pone el sector cerámico, con volumen de empleo y rotación alta.
Sanidad y servicios públicos: la queja que más se repite
El reproche más duro apunta a la administración y a la sanidad, descritas con una dureza que conviene tomar como lo que es: la impresión de una persona, no un diagnóstico del sistema. La misma fuente reconoce que vino a relajarse y que el resultado fue el contrario, con más tensión y peor salud que en Madrid. La anécdota tiene su miga: buscar sosiego y encontrarse con un clima que no da tregua es una forma bastante eficaz de empeorar el ánimo.
Frente a esto, un participante apunta a la actitud del recién llegado: «Creo que vayas donde vayas vas a tener problemas con esa actitud», resume. Y hay quien lo dice sin rodeos: el problema no es el destino.
El debate, en realidad, no va solo de Castellón. Va de la fantasía de que existe un lugar donde todo funciona mejor.