María Adánez y sus gatos: alergia, lubina a la sal y un rascador sin usar
¿Qué ocurre cuando los gatos de una casa dejan de estar al servicio del hombre? Que alguien acaba comprando una fuente de agua, un rascador y una camita que nadie va a usar. La actriz
María Adánez, conocida por
Aquí no hay quien viva y
La que se avecina, contó en una entrevista cómo convive con sus dos gatos siberianos pese a ser alérgica. La conversación derivó después en un pleito sobre quién sirve a quién: en el debate, un participante sostuvo que los animales “no están al servicio del hombre” y que hoy es al revés, que son las personas las que se organizan en función de perros y gatos.
Los felinos se llaman
Mari-Gaila y Séptimo, por los personajes de
Divinas palabras, de Valle-Inclán, obra que la actriz representaba en el Teatro María Guerrero de Madrid cuando llegó la primera. Llegó hace cuatro años. Antes, según cuenta, nunca había tenido gatos: una
alergia compartida con su pareja la había mantenido lejos de ellos hasta que otra actriz, Raquel Pérez, le indicó que los siberianos generan menos alergia que otras razas.
¿Por qué se compra un gato siberiano alguien que es alérgico?
Porque se lo recomendaron. La indicación fue concreta: los siberianos dan menos alergia que otras razas, aunque “dará, pero muy poquito”. Con ese margen se hizo con los animales a través de una persona que los entrega en adopción o, si el comprador es alérgico, los vende.
La adaptación no fue inmediata. Mari-Gaila pasó sus primeros días acurrucada en la cama que le habían comprado. Todo cambió una noche en la que su pareja preparó una
lubina a la sal: con el olor del pescado la gata maulló por primera vez y empezó a socializar. Primero la habitación, después el resto del territorio. Séptimo tuvo un guion distinto: se metió debajo del sofá y allí se quedó hasta que quiso salir.
El gasto del primerizo: 300.000 cosas y un rascador sin estrenar
La lista de compra fue la de cualquier padre primerizo, con fuente de agua incluida. El argumento que le dieron amigos con gatos es que los felinos beben poco y enferman de los riñones, y que prefieren el agua en movimiento, no estancada en un cuenco. De ahí la fuente. También llegaron cuencos, un sitio para dormir y un rascador.
Ninguno de los dos gatos usó jamás la cama ni el rascador. La comparación que hace la actriz es exacta: “como padres que compran 300000 cosas y que, al final, luego solo utilizas una”. En casa hay, además,
dos turnos de dormir: primero la pareja, después los gatos, que ocupan la cama por la mañana. Mari-Gaila se pega a ellos durante la noche; Séptimo es el que tiene actividad nocturna.
¿Quién sirve a quién en una casa con mascotas?
La frase de la discordia es precisamente la que niega la utilidad. Un animal que no trabaja, no vigila, no caza y no produce nada se convierte, en la lectura economicista, en un sumidero de gasto. La respuesta del otro lado es que la mascota nunca estuvo en el balance por lo que aporta, sino por lo que se le da.
Hay quien sostiene que la relación se ha invertido del todo y que hoy son las personas las que se organizan en función de perros y gatos. El detalle del agua corriente —necesita ver que fluye— resume bien esa jerarquía. También hubo quien se tomó a broma el asunto culinario: la lubina a la sal como sacrificio fundacional.
El choque con el relato natalista
Aquí se rompió el consenso. Una parte de la conversación sostiene que tener hijos es la única función relevante de una vida y que sin descendencia no se es nada; se apoya en la evolución y en la biología para presentarlo como una verdad objetiva y no como una opción. La respuesta más repetida es que hay muchas otras cosas relevantes que hacer, y que la gente que no se reproduce no está necesariamente fracasando ni engañándose.
En el hilo se recuerda, citando la Wikipedia, que la actriz
tiene un hijo.
Del análisis del gasto al juicio sobre el físico
Lo que empezó como discusión sobre el servicio doméstico derivó, en pocas respuestas, hacia el aspecto físico de la actriz, su supuesta sobrevaloración y rumores sobre su vida profesional y privada que no se sostienen con ninguna prueba y que no se reproducen aquí. El chiste recurrente emparejaba felinos y medicación psiquiátrica, sin un solo dato detrás.
Ese desvío es el que conviene separar del fondo. El fondo es otra cosa: una casa en la que el agua tiene que fluir, la cama no se usa y el rascador sigue intacto.
La casa sigue igual. Dos gatos sin ninguna función utilitaria, una fuente que nunca se estanca y una lubina que hizo más por la convivencia que todo el equipamiento comprado. Servicio, exactamente, el justo.