Ferraz: cargas policiales en la marcha de Núcleo Nacional
Uno de los primeros mensajes sobre la marcha afirma que la columna que sale de Plaza de España «no llega a 200 personas». Cinco minutos antes del arranque, la marcha convocada por Núcleo Nacional parecía destinada a quedarse en anécdota. Esa misma noche acabó con cargas policiales, la manifestación disuelta y un chico con la pierna rota, o casi, en una acera de Marqués de Urquijo, según un asistente. Entre un momento y otro, el recuento de asistentes pasó de 200 a 5.000 según a quién se le preguntara.
Qué convocaba Núcleo Nacional y por qué no era la DANA
La marcha salió de Plaza de España con destino a la sede socialista de Ferraz. Los gritos que se escucharon fueron de «Mazón dimisión», lo que descolocó a más de uno: parte de los asistentes creía que la protesta respondía a la gestión de las inundaciones de Valencia. No era así. «Estaba convocada de antes de las inundaciones», apuntó alguien que estuvo allí desde el principio. La confusión se extiende al nombre del convocante: en el mismo seguimiento se advierte del lío entre
Núcleo Nacional y Noviembre Nacional. Antes de la carga, además, hubo drones sobrevolando la zona, un detalle que un usuario leyó como preludio de un embolsamiento.
¿Cuánta gente fue a la manifestación de Ferraz?
Depende de la foto y del minuto.
No llegan a 200 personas, reza el primer mensaje que acompaña las imágenes de la salida. Su propio autor matiza después: «Aún no ha empezado». Con la columna ya en marcha, otra valoración sube el tono: «Hay bastante gente». Y ya de noche, un asistente que dice haber estado desde el principio lanza la cifra más alta:
5.000 personas. En medio queda un balance más conservador que deja el pico en unos
2.000 manifestantes y sentencia que con esa cantidad no se va a ningún lado: harían falta, como mínimo,
20.000.
La carga policial y el doble rasero que se discute
La manifestación quedó paralizada a mitad de Marqués de Urquijo, sin incidentes, antes de que la policía cargara. Después llegó una media carga en la calle y una segunda en Ferraz hasta dispersar a todo el mundo. Un chico terminó con la pierna rota, o casi, sobre la acera. «Hemos pasado miedo por las avalanchas», resume alguien que lo vivió en primera fila. El episodio reabrió la comparación con Valencia. La queja que circula es que se permita vandalizar el Ayuntamiento de Valencia y no acercarse a menos de
20 metros de la puerta de Ferraz. La respuesta desde el otro lado es tan simple como incómoda: cuando la policía carga contra unos está bien y cuando carga contra otros está mal.
¿Sirve de algo protestar ante una sede vacía?
Ahí está el reproche que más se repite. Ir a gritar delante de un edificio sin nadie dentro, a las ocho de la tarde, con el dispositivo ya desplegado, se lee como el peor guion posible. Un participante asegura que los dueños de restaurantes de la zona, que salieron en televisión, sostienen que este tipo de protestas les está arruinando el negocio. La alternativa que circula pasa por
actos improvisados en sitios concurridos, en días festivos y a primera hora, para alargar el impacto mediático. Otros directamente piden subir el tono: dejar coches preparados y pasar a lo que llaman guerrilla urbana. Frente a eso, la defensa de la convocatoria es de manual: algo hay que hacer contra lo que califican como criminales del régimen, y por algo se empieza.
¿Fue una manifestación de Vox?
No, y quienes la convocaron insisten en la distancia. La marcha se define como nacionalista y con un objetivo explícito: cargarse el régimen del 78. Desde ahí, la duda que sobrevuela es qué tiene eso de revolucionario y qué tiene de Vox, cuando Vox no aparece por ningún lado de la organización. Es una discusión vieja que vuelve cada vez que una convocatoria de este tipo busca sitio propio fuera del paraguas de un partido.
La estética ultra que incomoda dentro y fuera
La liturgia de la marcha generó tanto rechazo como la propia carga policial. Un asistente describe «demasiada parafernalia» de extrema derecha y un despliegue estético que dejaba boquiabiertos a los viandantes. Otro participante alude a saludos que considera «un poco fuertes». Desde el lado identitario se devuelve el golpe: se habla de dejar fuera a los elementos que no encajan y de
chavales de Usera, Vallecas y Leganés, no de jubilados ni de señores del barrio de Salamanca. La pelea por el relato se libra dentro de la propia manifestación.
Con esos números, el problema ya no es cuánta gente cabe en Marqués de Urquijo. Es cuánta falta para que algo cambie. La próxima convocatoria tiene fecha:
22 de noviembre. Si se sostiene el cálculo que circuló esa noche, 20.000 asistentes como mínimo para mover algo, la distancia entre el objetivo y la realidad sigue siendo de un orden de magnitud.