La patria del partido: cuando los políticos no son de su país sino de su formación
¿A quién debe lealtad un dirigente: a su nación o a su partido? La pregunta resuena estos meses en España a propósito de la crisis de Ceuta y del giro migratorio de Italia. Pero también hay quien la lleva al terreno metafórico: igual que se acusa a los toreros de ser ''de su partido'' antes que españoles, el reproche se extiende a quienes anteponen la disciplina de partido o los intereses europeos a la defensa de la frontera nacional.
Hay quien sostiene que líderes como Giorgia Meloni o Pedro Sánchez responden antes a su formación o a Bruselas que a sus votantes. Se argumenta que las expulsiones de nacionales de otros países del Espacio Schengen están contempladas en los tratados y que la falta de aplicación responde a una decisión política, no a un vacío legal. Los más críticos van más lejos y dibujan un pacto supuesto entre potencias para desestabilizar Europa, una teoría sin pruebas que, sin embargo, alimenta el recelo hacia las instituciones comunes.
En el otro lado, se defiende que las formaciones de derecha dura como VOX o Fratelli d'Italia son las únicas que han planteado endurecer las fronteras y que las acusaciones de traición son infundadas. Se recuerda que la derecha italiana, con Meloni a la cabeza, ha alineado al país con la postura de Ucrania frente a Rusia, algo que no puede decirse de otras fuerzas europeas. La discusión acaba girando sobre quién detenta la verdadera defensa de la patria, pero ni los datos ni la legalidad europea cierran la cuestión.
Mientras tanto, la cita de ABC -«la patria de PSOE es el partido y su santo San Pedro Sánchez»- se convierte en arma dialéctica para demostrar que la desconfianza en la lealtad de los políticos no es patrimonio de un solo extremo. Al final, lo único que queda claro es que la frontera entre partido y país sigue siendo un campo de minas, y que la única lealtad que algunos examinan es la de los demás.