Italianos y españoles: la rivalidad que se mide en gasolina, genes y agravios
Basta una foto deformada y un viaje a Tarquinia para reabrir la trinchera. La comparación entre italianos y españoles lleva siglos instalada, y cada visita a Italia resucita la rivalidad con nuevos agravios: precios, carreteras y una herencia histórica que nadie digiere del todo.
Lo que cuesta Italia con ojos de español
El último viaje por Tarquinia, Roma, Pompeya y Pisa deja titulares en miniatura: gasoil a 2,05 o 2,25 euros el litro, leche a 0,89 euros en supermercados que algunos comparan con los españoles de los 90. Las autovías, estrechas y llenas de baches, se transitan a 90 con riesgo para los empastes; las autopistas cobran caro y no levantan de 110 o 130 por hora. Eso sí: los monumentos, bien mantenidos, pero previo pago.
Genética, Imperio romano y el complejo del primo pobre
En el terreno identitario, hay dos lecturas irreconciliables. Una insiste en que italianos y españoles son primos hermanos de sangre y de desgracia: España lleva dos siglos sin levantar cabeza, e Italia casi dos milenios, alargando la idea de que miran por encima del hombro con poco que ofrecer. La otra lo niega: genética y cultura acercan a los españoles del nordeste —vascos, navarros, aragoneses, catalanes y de Castellón— más a los franceses del sur que a los italianos. La historia tampoco ayuda: en el siglo XVI, con la monarquía hispánica sobre media Italia, muchos «italianos» eran en realidad súbditos españoles.
Dos países con crisis paralelas y raíces romanas comunes se empeñan en medirse en kilómetros de baches, euros por litro y pureza genética. El espejo duele, y nadie acaba de explicar por qué.