Ceuta, la ciudad que eligió España en 1640
El 21 de agosto de 1415, una flota portuguesa desembarcó en Ceuta. Juan I de Portugal, con Enrique el Navegante entre sus hombres, tomó la ciudad en la campaña que se considera el inicio de la expansión ultramarina europea. Durante siglo y medio, Ceuta fue portuguesa.
En 1580, la unión de coronas bajo Felipe II la integró en la Monarquía Hispánica, igual que Lisboa. Cuando Portugal se alzó en 1640, lo lógico era que Ceuta volviera a la órbita lusa. No lo hizo. Fue el único territorio del imperio que se quedó con España. La misma pauta se repite con Melilla, la otra ciudad autónoma en esa franja norteafricana: la geografía no decide soberanías.
El argumento geográfico no resiste un repaso
Pretender que Ceuta no es española porque está en otra masa de tierra es olvidar que Hawái pertenece a Estados Unidos, Sicilia a Italia y Rügen a Alemania. La soberanía se apoya en historia y derecho, y en el caso ceutí hay una cadena que arranca con el reino visigodo de Spania, continúa con la etapa portuguesa y se consolida en 1640.
La reclamación marroquí y el argumento que se quedó viejo
Queda sobre la mesa la pretensión de Marruecos. La revisión cronológica no encuentra un título equiparable: ninguna formación política norteafricana ejerció sobre Ceuta una soberanía continuada con semejante antigüedad. Pero también asoma la lectura incómoda: Castilla ocupó plazas en el norte de África como cinturón defensivo frente a la piratería y las invasiones. Si esa función ha muerto, ¿qué sostiene la presencia? Hay quien responde que el simple hecho de ser España desde hace 600 años.
Quizá la respuesta esté en el gesto de 1640. Ceuta pudo seguir el camino de Lisboa y no lo hizo. Lealtad, cálculo o un poco de ambos. El dato que descoloca: seis siglos después, sigue siendo la parte de España que más veces ha tenido que explicar por qué es España.