¿Puede la izquierda ser patriota? El pulso por la bandera española
La cuestión que recorre la política española es si un movimiento internacionalista puede sentirse arraigado a una nación. Los críticos de la izquierda sostienen que el socialismo y el comunismo, por definición, niegan las fronteras y la soberanía nacional, y que cualquier gesto patriótico desde ese flanco es una maniobra electoral. En el lado opuesto, no falta quien recuerda que el patriotismo no es patrimonio de ninguna ideología, y que querer mejorar el país también es una forma de amar lo propio.
El lastre del internacionalismo
La acusación más repetida es la de coherencia: un partido que se declara internacionalista y defiende la abolición de las naciones no puede presentarse como defensor de la patria. Ese argumento se acompaña a menudo de referencias a la masonería, al sionismo o a la creación del Estado de Israel, unas derivas que no resisten un contraste serio con los hechos, pero que alimentan la suspicacia de una parte del electorado.
La ironía del asunto es que en la propia historia de la izquierda abundan los ejemplos de alianzas con movimientos nacionales, desde el Frente Popular al respaldo a la independencia de países colonizados. El internacionalismo nunca fue incompatible con la defensa de la autodeterminación de los pueblos, aunque el relato actual prefiera simplificarlo.
El fenómeno 'rojipardo'
En los últimos tiempos ha irrumpido una corriente que aspira a cruzar el orgullo nacional con políticas económicas de izquierda. El término 'rojipardismo' se ha popularizado para describir a esos actores que adoptan discursos duros con la inmigración y al mismo tiempo se presentan como defensores de los trabajadores.
Figuras como Armesilla o Vaquero han sido señaladas como exponentes de esa mezcla, que algunos interpretan como una respuesta a la pérdida del nicho clásico de la izquierda, el proletariado. Otros la leen como una táctica para competir con la extrema derecha en su propio terreno. En cualquier caso, la etiqueta ha abierto una brecha dentro de la propia izquierda, que duda entre condenarla o aprovecharla.
La bandera no es de nadie
Frente a esa querella, hay quien recuerda que el patriotismo es un sentimiento transversal. Se puede amar a España desde la izquierda, precisamente para corregir sus desigualdades. Y también desde la derecha, aunque algunos señalen que en España la derecha ha priorizado siempre los intereses económicos sobre el interés nacional.
El resultado es un pulso simbólico que parece lejos de resolverse. Mientras unos cantan el himno con puño en alto y otros lo corean con la mano en el pecho, la bandera sigue ondeando en manos de todos. Y probablemente seguirá siendo un símbolo de disputa mientras alguien pretenda monopolizarla.