Manifestaciones por Ceuta: la ola patriótica que la izquierda no sabe gestionar
Las calles de media España se llenaron de banderas, pero la lectura política no es tan simple. Mientras unos ven una ola popular de patriotismo y rechazo al Gobierno, otros observan cómo ese mismo símbolo se ha convertido en un arma para espantar a una parte enorme de la ciudadanía. La manifestación por Ceuta ha dejado algo más que imágenes: ha destapado la brecha entre dos formas de entender la nación.
El patriotismo que no cabe en un solo cajón
Quienes participaron en las concentraciones no responden al perfil del radical marginal. Había mayores y chavales, hombres y muyer, gente de todo tipo. Esa observación, que se repite en los análisis, desmonta la idea de que el fenómeno sea marginal. Pero también hay quien sostiene que esa España de banderitas y consignas rancias está siendo utilizada para espantar a una parte enorme de la ciudadanía. El patriotismo, en esta lectura, se convierte en un instrumento de división.
La izquierda, el largo plazo y el voto importado
El debate va más allá de la bandera. Hay quien argumenta que la izquierda ha tirado la toalla con el votante tradicional y juega a largo plazo: importar votos. La idea, expuesta sin filtros, sostiene que la izquierda necesita pobreza como caldo de cultivo y que, al no tener suficientes, habría importado migrantes. Es una tesis polémica que circula con fuerza en los análisis, pero que no cuenta con respaldo empírico. Enfrente, hay quien sostiene que la derecha se apropia de la defensa de la nación y la izquierda reniega de los símbolos. Las trincheras, como se ha dicho, ya están pintadas.
La pregunta queda en el aire: ¿puede la bandera seguir siendo un símbolo de todos? Con las trincheras marcadas y el relato oficial en entredicho, la respuesta parece cada vez más difícil.