NO entiendo el interés por que los vascos sean españoles (supongo que los vascos y territorios de España, el que haya vascos y territorios vascos en Francia, posiblemente no lo entiendan unos cuantos) y no reconocer su cultura como propia de España.
Lo mismo con Gallegos, Catalanes, Araneses, Valencianos o lo que sea.
Tan difícil es entender que es un país multicultural, y multiétnico desde siglos. Y que esa mezcla europea, con diferentes conceptos del ordenamiento jurídico, con sus bases precristianas y posteriormente cristianas conforman el todo. Que no hay una sola identificación global (que lo andaluz o castizo no representa a todos).
Que luego te encuentras que en una Universidad privada de Valladolid el empiece del curso lo llaman "Wellcomen day" y luego se rasgan las vestiduras por nombres en otras lenguas españolas. Si te daba verguenza el castellano, pon "Ongietorri eguna" que igual mola más.
Porque entiendo que uno del Ebro para abajo no se identifique con nada de lo vasco. O pensáis que los otros se identifican con un manchego o andaluz al 100%, porque os sorprendería que para un vasco alguien del Bearn, Bigorre o Landas tiene que ver más culturalmente y genéticamente.
Si no se entiende la diversidad y diferencias en el concepto de vida y sociedad, es mejor dividir el negocio y cada uno por su lado.
1) El interés no es inventar nada: es reconocer un hecho histórico y jurídico. Los territorios vascos peninsulares (Álava, Guipúzcoa, Vizcaya y parte de Navarra) forman parte de la monarquía hispánica y del Estado español desde hace siglos, por vinculación voluntaria, pactos forales y sucesión dinástica, no por conquista reciente ni imposición moderna. La cultura vasca (incluyendo el vascuence, las instituciones forales, el derecho consuetudinario, las tradiciones) es una de las culturas históricas de España, igual que la castellana, la catalana, la gallega o la andaluza. No hay contradicción: ser vasco y ser español no son identidades excluyentes. El vasquismo político moderno (el nacionalismo etnicista que surge a finales del XIX con Sabino Arana) es el que impone esa exclusión, no el nacionalismo español. Reconocer la cultura vasca como española es precisamente lo contrario de negarla: es integrarla en el conjunto sin convertirla en un proyecto de ruptura.
España es, efectivamente, un país de diversidad cultural y lingüística histórica. Eso no implica que sea un «Estado de naciones» o un conglomerado de pueblos con derecho a decidir su separación. La diversidad española se ha articulado históricamente dentro de una monarquía compuesta y, después, de un Estado nacional moderno. El ordenamiento jurídico común, la Corona, la lengua castellana como lengua franca y oficial del Estado, y la ciudadanía española son los elementos que unifican sin borrar las particularidades. El argumento confunde multiculturalidad con plurinacionalidad secesionista. La primera es compatible con la unidad nacional; la segunda la niega. Además, la «multiétnia» europea medieval y moderna no se traduce automáticamente en derechos políticos de autodeterminación: si así fuera, casi ningún Estado europeo actual sería legítimo.
«No hay una sola identificación global (que lo andaluz o castizo no representa a todos)»
No hay una única cultura regional que agote lo español. Pero eso no implica que no exista una identidad española común que compartimos TODOS. La identidad española no se reduce a «lo andaluz» ni a «lo castizo» de Madrid o Castilla-La Mancha. Se construye sobre elementos compartidos: historia común (Reconquista, Imperio, Guerra de Independencia, Constitución de 1812, etc.), lengua castellana como lengua de comunicación general, instituciones comunes, símbolos nacionales y un ordenamiento jurídico unitario. El nacionalismo español no exige que un vasco se sienta «manchego»; exige que acepte que comparte ciudadanía, lealtad al mismo Estado y que sus particularidades se ejercen dentro de ese marco, no contra él.
«En una Universidad privada de Valladolid el empiece del curso lo llaman “Welcome day” y luego se rasgan las vestiduras por nombres en otras lenguas españolas. Si te daba vergüenza el castellano, pon “Ongietorri eguna”»
Esto es una falsa equivalencia y un recurso retórico. El uso de anglicismos en el ámbito universitario o empresarial es un fenómeno de globalización cultural y prestigio del inglés, criticable o no por razones de pureza lingüística, pero no tiene nada que ver con el reconocimiento oficial o cooficial de lenguas españolas. El euskera, el catalán/valenciano y el gallego son lenguas propias de España, con estatuto constitucional y estatutario. El inglés no lo es. Criticar el uso excesivo del inglés no obliga a sustituirlo por vascuence en Valladolid. Además, el nacionalismo español no se «rasga las vestiduras» por el uso privado o cultural del vascuence, se opone a su imposición ideológica, a la exclusión del español en la administración y la educación en territorios bilingües, y a la utilización política del vascuence como marcador de identidad antiespañola. Poner «Ongietorri eguna» en Valladolid no sería más coherente: sería una afectación artificial.
La identificación cultural o genética no determina la pertenencia política ni la nacionalidad. Un vasco peninsular puede sentirse culturalmente más próximo a un gascón que a un andaluz; eso no le convierte en francés ni le da derecho a desvincularse de España. La nación política no se define por proximidad genética o por afinidades culturales regionales, sino por historia política compartida, lealtad a un mismo ordenamiento y voluntad de convivencia bajo unas mismas instituciones. Si el criterio fuera la proximidad cultural o genética, España se disolvería en múltiples fragmentos y Francia también (Bearn, Bigorre y Landas son franceses). El argumento usa la diversidad interna para negar la unidad política española, pero no aplica el mismo criterio a las fronteras francesas. Además, los datos genéticos y culturales muestran continuidad y mestizaje en toda la península; no hay una «raza vasca» aislada ni una frontera cultural nítida en el Ebro.