Un jubilado medio cobra un 60% más de lo cotizado, según un cálculo que circula
Según un cálculo que circula, cada euro que un trabajador español mete en la Seguridad Social vuelve multiplicado. Con la normativa vigente, un jubilado medio recibiría
1,6 euros por cada euro aportado en cotizaciones, un cálculo que incorpora la actualización de las aportaciones según el crecimiento económico y del PIB. La tasa interna de rendimiento (TIR) del sistema se situaría en el
5,6%, frente al 5,2% previo a la reforma del exministro José Luis Escrivá. Ningún plan de pensiones privado se acercaría a esa rentabilidad. Antes de la reforma, un jubilado cobraba a lo largo de su vida el 48% más de lo aportado; ahora ascendería al 60%. La revalorización con el IPC y la eliminación del factor de sostenibilidad —que recortaba la pensión inicial en función del crecimiento de la esperanza de vida— habrían elevado la generosidad del sistema. Esta factura se paga con subidas de cotizaciones sociales a los trabajadores actuales y, sobre todo, con
deuda pública que hipoteca a las generaciones futuras.
La tasa de generosidad más alta de Europa
El resultado es que la pensión media le va ganando terreno al salario medio. Esa ratio —la tasa de generosidad— es en España
la más alta de toda Europa. Antes de la reforma se situaba en el 62% y la AIReF calcula que subirá al
67% en 2029. El sistema no solo sostiene a los jubilados actuales: según este cálculo les paga por encima de lo que aportaron, con un diferencial que crece cada año. Hay quien sostiene que ese diferencial es insostenible y que la única salida pasa por recortar prestaciones o subir cotizaciones hasta ahogar al trabajador en activo. En contra pesa el argumento de que las pensiones no contributivas y las de viudedad distorsionan la estadística, aunque el dato del 60% se refiere exclusivamente a las contributivas.
¿Quién paga la fiesta? El trabajador actual y la deuda
La factura no es abstracta. Se está pagando con la subida de las cotizaciones sociales a los trabajadores actuales y, sobre todo, con el recurso a la deuda pública. Eso significa que las generaciones futuras heredan un compromiso que no firmaron. Según un cálculo que circula, si se paga de Seguridad Social en torno a un tercio del coste de empresa y se necesitan unos 36 años para obtener el 100% de la jubilación, para que fuera lo comido por lo servido daría para vivir unos 12 años. La edad media de jubilación ronda los 64, así que a partir de los 76 —ya ajustado por inflación— empieza el exceso. La esperanza de vida está en los 83. Ahí estaría el 60%.
La trampa de la media: ¿realmente todos cobran de más?
No todos los pensionistas cobran por encima de lo aportado. Los que han cotizado por la base máxima durante décadas reciben una pensión que, en términos netos y descontando el IRPF, puede estar por debajo de lo que aportaron. El dato del 60% es una media que mezcla contributivas puras con pensiones no contributivas, viudedades y casos de cotización mínima. Hay quien sostiene que esa mezcla distorsiona el análisis y que el sistema penaliza a los que más cotizaron. En contra, hay quien defiende que el cálculo se refiere solo a contributivas y mantiene que el 60% es real. La discusión sobre si el dato es limpio o tramposo sigue abierta.
La mochila austriaca y el voto cautivo
Entre los trabajadores en activo crece una idea: la mochila austriaca, un sistema de cuentas individuales donde cada trabajador acumula su propio fondo. Algunos, cerca ya de la jubilación, admiten que si la cosa no cambia votarían a quien les garantice la pensión actual, aunque ideológicamente no les represente. Es el poder del mayor caladero de votos del país. Los partidos lo saben. Por eso las reformas van siempre en una dirección: subir la generosidad hoy y trasladar la factura al futuro. ¿Hasta cuándo?