Los falsos demócratas (Rebeca Argudo en El ABC)

Los falsos demócratas (Rebeca Argudo en El ABC)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Rebeca Argudo sostiene en El ABC que justificar la violencia callejera para defender ideas propias convierte a quien lo hace en totalitario, no en demócrata. Su test es sencillo: imaginar la misma agresión ejercida contra las ideas que uno defiende.

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Rebeca Argudo sostiene en El ABC que justificar la violencia callejera para defender ideas propias convierte a quien lo hace en totalitario, no en demócrata. Su test es sencillo: imaginar la misma agresión ejercida contra las ideas que uno defiende.

La columnista de ABC Rebeca Argudo publicó el 22 de octubre de 2026 un artículo titulado «Los falsos demócratas» en el que aborda la justificación de la violencia callejera por parte de quienes dicen defender los derechos del pueblo y combatir a la ultraderecha. El texto describe episodios concretos: una turba en Francia que amenazó con violaciones a una señora, un autónomo viendo arder su negocio, una inmigrante china con el rostro desfigurado y el dueño de una tienda de tebeos pateado tras el saqueo de su local.

La coacción como método y el patrimonio como objetivo

Argudo enumera lo que, a su juicio, exige esa defensa de los derechos del pueblo: destrozar el patrimonio de todos, saquear negocios e impedir mediante la coacción, la amenaza y la fuerza que quien opine distinto pueda expresar sus ideas en voz alta. La columna señala la contradicción de fondo: si son los violentos quienes defienden al pueblo, quienes sufren los destrozos no son pueblo, porque nadie los defiende a ellos ni a sus derechos. La autora incluye también a los ociosos que ocupan espacio público con carteles, a los que no considera representados por vándalos.

El artículo describe cómo una activista feminista explicó a la señora amenazada que lo suyo eran «daños colaterales». Ese mismo rótulo cubre, según la columna, al autónomo que ve arder su negocio y al comerciante pateado tras el saqueo. La autora subraya que nadie defendía a esas víctimas ni sus derechos.

La guillotina como argumento y el olvido del método democrático

La columna critica a quienes apelan a la historia y al éxito pasado de métodos expeditivos de resolución de conflictos, como la guillotina, para embellecer la barbarie actual. Argudo objeta que frente a los absolutismos no existía el método democrático y que hoy, existiendo este, imponer por la fuerza lo que no se impuso mediante el voto está más cerca del totalitarismo que de la voluntad del pueblo. Optar por la violencia o justificarla equivale, según ella, a renunciar al argumento, a la razón y al compromiso democrático. Lo llama incivilización.

El test de tolerancia: imaginar la escena al revés

La autora propone un ejercicio que describe como gratuito, sencillo e infalible. Consiste en imaginar que alguien defiende con un micrófono los valores en los que uno cree y que, frente a él, los que enarbolan palos y piedras defienden las ideas que más desprecia. Después, imaginar la escena al revés. Si en ambos casos se distingue entre el legítimo derecho a manifestarse y la inaceptable acción de la agresión, el lector es demócrata. Si la violencia parece correcta y admirable cuando la ejercen los suyos y la palabra resulta peligrosa cuando le contradice, es totalitario y solo defiende derechos y libertades para los que piensan como él. La columna cierra con un «ya lo siento» dirigido a esos revolucionarios de salón.

Datos clave
  • Rebeca Argudo publicó «Los falsos demócratas» en ABC el 22 de octubre de 2026.
  • La columna describe una turba en Francia que amenazó con violaciones a una señora y calificó el hecho como «daños colaterales».
  • Argudo cita la guillotina como ejemplo de método expeditivo que algunos reivindican desde la historia.
  • El test propuesto: imaginar la agresión contra las ideas propias y comprobar si se condena igual.
  • La autora califica de totalitario a quien solo defiende derechos y libertades para los que piensan como él.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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Los falsos demócratas​

22/10/2026

Rebeca Argudo-ABC​

  • Apelan, intelectualizando y embelleciendo la barbarie, a la historia y al éxito pasado de expeditivos métodos de resolución de conflictos, como la guillotina

Ocurre que hay quien celebra la actual violencia callejera porque, dicen, se defienden los derechos del pueblo y combate la ultraderecha. Para lograr tan loables objetivos es imprescindible, parece, destrozar el patrimonio de todos, saquear negocios e impedir, mediante la coacción, la amenaza y la fuerza que quien opine diferente pueda expresar en voz alta sus ideas. A una señora, la francesa turba enfurecida (correctamente enfurecida) amenazaba con abusa. «Daños colaterales», le explicaba una feminista activista del bien, porque a la señora no le convencía del todo la idea. Daños colaterales también son, parece, un autónomo viendo arder su negocio, una forastero china con el rostro desfigurado, el dueño de una tienda de tebeos pateado tras desvalijarlo. Una rubia muy ‘chic’ contemplaba, como vaca viendo pasar trenes, a ‘estudiantes’ decepcionados con la educación pública reclamando más medios para su formación mediante el saqueo de ‘boutiques’. Y si son los violentos quienes defienden al pueblo deduzco que todos ellos no son pueblo, pues nadie los defendía a ellos ni a sus derechos. Serán otra cosa. Y supongo que yo tampoco lo soy, porque ni a mis ideas ni a mí, aún cuando pudiéramos compartirlas con ellos, no nos representan vándalos ni salvajes (ni ociosos ocupando espacio público por mucho cartoncito consignero que exhiban).

Apelan, intelectualizando y embelleciendo la barbarie, a la historia y al éxito pasado de expeditivos métodos de resolución de conflictos, como la guillotina. Pero obvian que frente a los absolutismos no existía el método democrático y que hoy, existiendo este, imponer por la fuerza lo que no se impuso mediante el voto está más cerca del totalitarismo que de la voluntad del pueblo, en puridad. Así, me disculparán los revolucionarios de salón y aficionados a la ‘chanson contestataire’, optar hoy por la violencia (o justificarla) es renunciar al argumento, a la razón y al compromiso democrático. Es incivilización. ¿Qué ocurriría si los que sostienen la idea contraria optaran, también, por defenderla con los puños, una cerilla y un bidón de gasolina? Hagan el ejercicio, es gratis, sencillo y un infalible test de tolerancia. Imaginen que, con un micrófono, alguien defiende los valores en los que usted cree. Y que, frente a él, los que enarbolan palos y piedras defienden las ideas que más desprecia. Y ahora, imagine la escena al revés. Si en ambos casos es usted capaz de diferenciar entre el legítimo derecho a manifestarse y la inaceptable acción de la agresión, enhorabuena, es usted un demócrata. Si la violencia le parece correcta y admirable cuando la ejercen los suyos y, la palabra, peligrosa cuando le contradice, es usted un totalitario y solo está defendiendo derechos y libertades para los que piensan como usted. Ya lo siento.
 

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