Los 80 y 90 , coles e institutos . da repelúsncia extrema

Ilustración editorial de un aula española de los años ochenta con alumnos uniformados y pizarra de tiza

Los 80 y 90 en los institutos: pelos, bakalas y cero navajas​

Un chándal de mercadillo, unas zapatillas de fútbol sala y un mostacho incipiente a los catorce. Esa era la pinta oficial del adolescente español en los ochenta y noventa, y quien lo vivió lo recuerda sin nostalgia de porcelana: había violencia, había cutrez y había una libertad que hoy se antoja imposible. El retrato que abre la conversación es crudo: aulas con «gente chunga rompiendo piernas», comida que muchos sospechan estaba sobrehormonada y una higiene personal que dejaba bastante que desear. La discusión que se ha prolongado durante casi dos años no va de añorar el pasado, sino de medir cuánto de aquello era auténtico y cuánto simple miseria con banda sonora de Los Chichos.

La primera grieta aparece al hablar de la violencia. Un participante asegura que en su clase de una ciudad obrera de Madrid eran 32 alumnos y había cero navajas, mientras que hoy, sostiene, las clases son de 25 y hay quince. Otro recuerda que en los ochenta se podía ver a un punkarra adolescente con un brazalete con una esvástica en el País Vasco sin que nadie le hiciera demasiado caso. La pelea dialéctica es constante: unos hablan de tensión permanente, de peleas a la salida del instituto y de partidos de fútbol que acababan a puñetazo limpio; otros replican que eso era la jungla, sí, pero una jungla con reglas no escritas donde los bakalas iban a su rollo y no se metían con nadie.

El mito del bakala y la fauna autóctona​

La palabra «bakala» funciona como marcador generacional. Un mensaje sostiene que en los ochenta los bakalas existían pero eran minoritarios frente a heavies, rockers, punkis, tecnos y siniestros, y que fue en los noventa cuando se hicieron masivos, sobre todo en zonas como Valencia. Otro participante corrige de plano: «Yo leí hasta bakalas. ¡En los 80!». La precisión cronológica importa porque de ella depende si el retrato es costumbrismo o arqueología.

Lo que sí parece consenso es la mezcla. Había tribus urbanas para todos los gustos y eso generaba una convivencia extraña, a medio camino entre el respeto y la hostilidad latente. Los heavies con coletas, los raperos incipientes, los que escuchaban música máquina y los que se rapaban al cero compartían pasillo. Cada uno a su bola, pero con la sensación de que en cualquier momento podía saltar la chispa.

¿Por qué se recuerda como una época más auténtica?​

La autenticidad es el argumento más repetido y el más difícil de sostener. Quienes defienden aquella época hablan de libertad sin la vigilancia estética actual, donde llevar un chándal barato no te convertía en un paria social. «La libertad que teníamos no la has olido tú en tu vida», resume una intervención. Frente a eso, la réplica es demoledora: los botellones, los porros, las jeringas en el parque de enfrente y las pintas de guarro reventado no eran precisamente un entorno sano para un adolescente.

El relato nostálgico choca también con la gestión del acoso escolar. Un testimonio describe cómo el profesorado pasaba olímpicamente del bullying: no lo consideraban un problema, eran cosas de chavales, y solo intervenían si la paliza ocurría delante de sus narices. La reputación del centro pesaba más que el bienestar del alumno. Esa impunidad, sostienen algunos, es lo que hoy se ha corregido —o al menos se intenta— con protocolos y orientadores.

La higiene, el vello y la comida hormonada​

El mensaje inicial dedica un párrafo entero a un asunto que nadie esperaba que generara debate: el vello femenino. «Asqueroso ver hembras de 14 años con un huevo de pelos en las piernas», escribe el autor, y atribuye el fenómeno a la comida sobrehormonada. La respuesta no se hace esperar: en aquella época muchas chicas aún no tenían novio ni hacían nada con chicos, y la depilación masiva llegó después. La discusión deriva hacia la presión estética actual, con adolescentes que se depilan, se ponen botox y llevan tanga antes de entrar al instituto.

La comida es otro hilo argumental. La sospecha de que los alimentos estaban superhormonados recorre varios mensajes, aunque nadie aporta un solo dato que lo respalde. Es una intuición colectiva, no una conclusión científica, y conviene tratarla como lo que es: una hipótesis de barra de bar.

La violencia de antes y la de ahora​

El contraste más repetido es el de la naturaleza de la violencia. Un participante describe una tensión constante, peleas a menudo, bullying brutal y la necesidad de batirse a ostias para no perder el respeto. Los viejos se liaban a bastonazos en la cola del banco, los policías se pegaban en el supermercado y las peleas de carretera eran brutales. De niños, añade, se inflaban a ostias en la plaza todos los días.

Frente a eso, la tesis de que la violencia no ha desaparecido, solo ha cambiado de forma. Donde antes había bakalas y fauna autóctona, ahora hay otras tribus y otras violencias, se argumenta. La comparación es tramposa por ambos lados: ni antes todo era peleas callejeras ni ahora todo es machetazo. Lo que sí cambia es la percepción y la respuesta institucional.

El profesorado: ¿funcionarios o salvadores?​

El mensaje inicial concede un único elogio: «Lo único bueno, los profesores de la época». La respuesta es inmediata y sin matices: «unos hijos de puta funcivagos en mi caso». La discrepancia es total y refleja dos experiencias incompatibles. Para unos, el docente de entonces tenía autoridad, enseñaba y no se plegaba a modas pedagógicas. Para otros, era un funcionario acomodado que miraba hacia otro lado mientras el patio se convertía en un ring.

Lo que nadie discute es que la capacidad de expulsión era otra. Según un participante, en la enseñanza pública de los ochenta se podía expulsar definitivamente a un alumno y luego era muy difícil que lo admitieran en otro centro. Hoy eso es impensable. La contrapartida: tampoco existían los casos de ansiedad y depresión entre docentes por el clima de aula, o al menos no se contabilizaban.

El cierre lo pone un dato que descoloca. Un participante asegura que al mejor universitario de ahora lo metes en el COU y no dura ni el primer trimestre. Puede ser exageración o puede ser una verdad incómoda. Lo que está claro es que la nostalgia no cuadra con las cifras, y las cifras no cuadran con la nostalgia.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Viví esa epoca, y los bakalas iban a su rollo, iban de duros pero no se metian con nadie. Lo mismo con los goticos, los rokeros, etc.»
— Pocholovsky · Convivencia entre tribus urbanas
«En mi clase de una ciudad obrera de Madrid, por ejemplo, éramos 32 niños y había 0 navajas. Ahora, las clases son de 25 y hay 15 navajas.»
— El Gran Cid · Comparación de violencia escolar
«La libertad que teníamos no la has olido tú en tu vida.»
— stiff upper lip · Nostalgia de la libertad adolescente
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Era auténtica pese a la cutrez45%
Era una jungla insalubre35%
Depende de la zona y el centro20%
📌 DATOS
En una clase de una ciudad obrera de Madrid había 32 niños y cero navajas en los 80
Hoy, según un testimonio, las clases son de 25 alumnos y hay 15 navajas
En los 80 se podía ver a un punkarra adolescente con un brazalete con una esvástica en el País Vasco sin que nadie le hiciera caso
Un participante asegura que al mejor universitario actual lo metes en el COU y no dura ni el primer trimestre
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿Por qué se dice que la comida de entonces estaba hormonada?
Es una sospecha recurrente entre quienes vivieron esa época, basada en la percepción de que los adolescentes desarrollaban vello y características físicas antes. No hay ningún dato en el material que respalde esa hipótesis, así que debe tratarse como una intuición popular, no como una conclusión científica.
📅 EVOLUCIÓN
1980-1985 Tribus urbanas minoritarias: punkis, heavies, rockers y siniestros dominan el imaginario adolescente
1988-1992 Un participante describe ese periodo como el ambiente que recuerda con más nitidez en su instituto
1990-1995 Los bakalas se masifican y se convierten en la tribu dominante en zonas como Valencia
Finales de los 90 La música máquina y el chándal se imponen como uniforme generacional
2000-2010 La depilación y la presión estética se generalizan entre las adolescentes
Actualidad Los protocolos contra el acoso escolar sustituyen la impunidad de décadas anteriores
▶ VÍDEOS
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El relato de un punkarra con esvástica en el País Vasco de los 80 que nadie miraba dos veces
✓La descripción de la tensión constante en los patios: peleas diarias, bullying brutal y la necesidad de batirse para no perder el respeto
✓El contraste entre la expulsión definitiva de los 80 y la impunidad actual en los centros
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