El español pierde terreno en Marruecos, Filipinas y EEUU
Frente al relato eufórico que da por hecho que el español va a sustituir al inglés, el lingüista David Fernández Vítores, profesor de la Universidad de Alcalá y coautor de los informes del Instituto Cervantes sobre la situación del idioma en el mundo, arranca su último libro, «Las afueras del español», con el planteamiento opuesto: recorre justo los rincones donde la lengua ya apenas se habla. Los datos apuntan a lo contrario del relato de los 500 millones de hablantes: en varios países el español está de retirada, sin nativos en algunos casos, aunque persista la herencia cultural. El propio autor lo plantea sin adornos: se trata de identificar frentes donde una estrategia de promoción —y se está metiendo mucho dinero en ella— sirva realmente de algo.
Filipinas: sin hablantes nativos y con el inglés como lengua oficial
En Filipinas el español era una lengua de élite, asociada a las clases altas y a quienes habían pasado por la universidad. Ya no. Prácticamente no quedan hablantes nativos:
los residentes extranjeros, sobre todo españoles, representan el 80% de quienes hablan español en el país. La herencia sobrevive en el léxico, y no es poca cosa: en torno a un
20% del vocabulario del filipino actual procede del español. Palabras como
alkalde,
kutsara,
lababo o
mensahe son rastro directo de esa presencia. Distinto es el caso del chabacano, criollo con fuerte base hispana, cuyos hablantes se clasifican como competencia limitada.
El declive tiene fecha concreta: el español fue lengua obligatoria en la universidad hasta que dejó de ser oficial en 1987. Quienes estudiaron entonces todavía viven —los más jóvenes rondan los 60 años—, pero la desvinculación con el pasado español es total entre las nuevas generaciones. «Recuperar la tradición hispánica de Filipinas a mí me parece totalmente imposible», admite el autor. La apuesta realista, si alguna queda, pasa por aprenderlo como segunda lengua junto al inglés. Lo que sí importa, en clave estratégica, es mantener una pauta institucional en Asia-Pacífico, un detalle que la conversación sobre el idioma suele ignorar.
Marruecos: del 20% al 5% en quince años
El desplome marroquí es una de las cifras que más incomoda al relato oficial:
la penetración del español en Marruecos ha caído del 20% a menos del 5% en quince años. Un país vecino, con siglos de contacto y un flujo comercial y humano constante, y aun así la lengua retrocede a velocidad de vértigo, sin que el material del debate detalle las causas. Si eso ocurre a un paso de Gibraltar, cualquier pronóstico triunfalista sobre otros continentes merece un repaso a la baja.
Estados Unidos: la ley de hierro de las tres generaciones
El caso estadounidense es el que más tinta gasta y el que peor se mide.
Solo el 13% de los hispanos registrados para votar se considera hispanohablante, y cada vez más creen que manejar el idioma de sus padres no es requisito para mantener su identidad. La conocida ley de hierro de las tres generaciones se cumple: los nietos no hablan la lengua de los abuelos. Como sostienen varios intervinientes, el idioma aguanta mientras hay flujo migratorio continuo, porque cada llegada reinicia el reloj, pero cuando ese flujo se corta se agota, y necesita ayuda externa constante para no desaparecer.
El matiz geográfico importa. Como apuntan algunos intervinientes, en Florida la transmisión a la siguiente generación es más alta, y no por romanticismo identitario, sino porque el español se percibe como ventaja laboral en un ecosistema financiero orientado a toda Hispanoamérica. En California, en cambio, no aporta ventaja profesional significativa. La consecuencia económica que extraen es directa: donde el idioma paga facturas, sobrevive; donde no, se diluye. Hay quien sostiene que el 'spanglish' ha pasado de ser un término despectivo a una reivindicación identitaria, aunque eso no garantice competencia real en el idioma.
Guinea Ecuatorial: la excepción que avanza
No todo es retroceso. En Guinea Ecuatorial ocurre lo contrario a Estados Unidos: el inglés no ha conseguido sustituir al español, la educación sigue siendo en español y empieza a haber hablantes que lo consideran lengua nativa, con su propio acento. Es el contrapunto al caso estadounidense y probablemente la nota más positiva del mapa. Sirve, además, para matizar la idea de que el declive es inevitable en todos los contextos.
¿Por qué el español no será lengua franca global?
Un interviniente lo resumía así: el inglés es hoy la única lengua franca real, algo lógico en una sociedad globalizada. El español vale para comunicarse entre 500 millones de personas, sí, pero no para arbitrar el intercambio internacional. Otro señalaba que una patente puede redactarse en inglés, francés o alemán, pero no en español. Y el famoso argumento del 1% —con 500 millones de hablantes, basta vender a una de cada cien— se cae cuando se mira la realidad: según el cálculo que hizo un forero, el libro más vendido de un Nobel como Vargas Llosa, «La ciudad y los perros», ronda el millón de ejemplares a nivel mundial, traducciones incluidas. El 1% es una cantidad brutalmente inasumible.
Hay quien resume la situación con dureza —que el español sirve para vender libros y canciones, no para gran cosa más— y quien apunta a que el dominio anglo cederá terreno en unas décadas, con Brasil como aviso de que la inquietud existe: cuando se planteó hacer el español segundo idioma obligatorio en los colegios, hubo movimiento institucional para frenarlo. La potencia de los medios en español, sostienen, ya habla por sí sola.
El mapa que nadie quiere mirar
El resultado es un idioma fuerte en volumen pero frágil en prestigio fuera de su área natural. La herencia cultural persiste donde la lengua ya no se habla, y eso confunde las estadísticas: mucha gente se identifica con un idioma que apenas articula. El español, con estos números, seguirá siendo enorme y seguirá retrocediendo en la periferia. No por falta de hablantes, sino, a juicio de varios intervinientes, por falta de músculo institucional y de interés económico. La predicción, con toda la reserva del mundo, es esa: más millones, menos territorio.