Lo que se dilucida el 29 de noviembre (Juan Abreu en Vozpópuli)

Lo que se dilucida el 29 de noviembre (Juan Abreu en Vozpópuli)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El 29 de noviembre es la fecha que Juan Abreu señala en Vozpópuli como el día en que España elegirá entre "Decencia o Infamia". Su tesis es que la izquierda radical, el islamismo y los partidos independentistas preparan un clima de violencia para sostener al sanchismo si pierde.

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El 29 de noviembre es la fecha que Juan Abreu señala en Vozpópuli como el día en que España elegirá entre "Decencia o Infamia". Su tesis es que la izquierda radical, el islamismo y los partidos independentistas preparan un clima de violencia para sostener al sanchismo si pierde.

Hay una fecha que se repite en los mentideros políticos españoles como si fuera una cita ineludible: el 29 de noviembre. Juan Abreu, en un artículo publicado en Vozpópuli, la convierte en el eje de un pronóstico sombrío. No habla de programas ni de pactos postelectorales. Habla de piedras, bengalas y trozos de acera arrancados. Su tesis es que, conforme se acerque la cita con las urnas, la atmósfera de violencia y desprecio por la autoridad irá creciendo, y que el objetivo es desatar un "caos a la francesa" con el relato de la llegada de la extrema derecha.

El detonante del texto son unas imágenes de una manifestación en Galicia contra Santiago Abascal y Vox. Según la descripción que hace el autor, grupos autodenominados antifascistas, junto a jóvenes y universitarios, intentaron cancelar e intimidar a los asistentes al mitin. Lanzaron pedruscos, bengalas y piezas de hierro arrancadas del pavimento contra la policía, al tiempo que insultaban a los agentes y se negaban a despejar la plaza. Esa es la escena que Abreu eleva a síntoma de lo que vendrá.

La tesis del caos como estrategia electoral

La idea central del artículo es que la violencia no es un estallido espontáneo, sino una herramienta. Abreu sostiene que la izquierda, ante una derrota democrática, tiende a "soplar las trompeteras de la Revolución", y que en esta ocasión el objetivo es crear un clima de fanatismo e ignorancia que facilite la permanencia del sanchismo en el poder. La expresión que usa es "caos a la francesa": disturbios callejeros que condicionen el resultado o su aceptación.

El autor va más allá y describe una alianza tripartita que, a su juicio, nunca se había visto en España: la izquierda neocomunista, el islamismo y el tribalismo independentista. En la manifestación gallega, según su relato, junto a las banderas palestinas ondeaban enseñas de un partido independentista gallego y las banderas rojas del comunismo. Esa mezcla de símbolos le sirve para argumentar que el frente que se enfrenta a la democracia española es más amplio y heterogéneo que en el pasado.

Hay un matiz que Abreu introduce y que conviene retener: la violencia "por ahora contenida". Su lectura es que los grupos radicales aún albergan la esperanza de que el sanchismo gane las elecciones, y que solo si esa esperanza se desvanece se desatará el verdadero estallido. Es decir, el 29 de noviembre no sería el final del problema, sino el punto de inflexión.

La censura como violencia que no deja moratones

Uno de los pasajes menos llamativos del artículo es, probablemente, el más interesante. Abreu amplía el concepto de violencia más allá de los disturbios y las quemas de propiedad pública y privada. Incluye la censura. Sostiene que en España la izquierda ha normalizado que quienes no participan de sus planteamientos no puedan hablar en universidades y otros espacios públicos y culturales.

La pregunta que lanza es incómoda: ¿puede seguir llamándose democrático un sistema donde la libertad de expresión es coartada sistemáticamente por turbas de fanáticos al servicio del Gobierno? No es una pregunta retórica en su texto. Es la base de su argumento de que la violencia moral o física ejercida desde la izquierda es justificada y mimada por los medios, mientras que la supuesta violencia de la derecha, que a su juicio no existe comparada con la anterior, es demonizada hasta la extenuación.

Ese doble rasero es, para el autor, la marca de agua del sanchismo. Y conecta con su advertencia sobre el futuro inmediato: una atmósfera de fanatismo, ignorancia y feísmo que facilite la permanencia en el poder.

Las dudas sobre el 29N: CIS, Indra, Correos y el Constitucional

Abreu no se limita a describir la calle. También cuestiona la limpieza del proceso. Repasa lo que considera una colonización institucional por parte del Gobierno de Pedro Sánchez: el CIS, Indra, Correos y el Tribunal Constitucional. Menciona también la compra de UGT y CCOO y la creación de un "ejército de nietos en Cuba", en referencia a los jóvenes vinculados a la órbita del PSOE.

La imagen que rescata es la de uno de los "lameculos" de Sánchez cargando una caja llena de votos en unas elecciones pasadas. No aporta más detalles, pero le sirve para sembrar la duda sobre el resultado. Su conclusión es que no se puede confiar en la victoria de la decencia el 29 de noviembre si no se revisa antes el comportamiento del Gobierno en los comicios anteriores.

El retrato que hace del Ejecutivo es duro: ineficiente, ladrón, pro islámico, que desprecia o suspende la actividad del Congreso cuando le conviene, que gobierna mediante decretos y que pretende convertir el país en un régimen autoritario con Sánchez como titiritero. Habla de un "Estado sanchista", populachero, mafioso y clasista, de inspiración castrista.

Un futuro de decencia o infamia

La conclusión del artículo es una disyuntiva moral. "Un futuro de Decencia, o Infamia, eso es lo que se dilucida el próximo 29 de noviembre". Abreu pide a los ciudadanos españoles que lo comprendan y actúen en consecuencia. No da instrucciones de voto, pero el marco está claro: o se frena lo que describe como una deriva autoritaria, o se consolida.

Conviene tomar distancia de algunas afirmaciones. La existencia de un fraude electoral organizado, la colonización del CIS o de Indra, o la financiación de las protestas por parte del PSOE son acusaciones que el autor lanza sin aportar pruebas en el texto. La manifestación de Galicia y los incidentes con la policía son hechos, pero la interpretación de que forman parte de una estrategia coordinada para desatar el caos es una hipótesis. El 29 de noviembre es una fecha electoral, no una profecía. Y las elecciones, como cualquier cita con las urnas, se ganan o se pierden en las urnas, no en la barra de un bar.

Datos clave
  • El 29 de noviembre es la fecha electoral que Juan Abreu señala en Vozpópuli como el día en que se dilucida "Decencia o Infamia".
  • Abreu describe una manifestación en Galicia contra Abascal y Vox con lanzamiento de pedruscos, bengalas y piezas de hierro contra la policía.
  • El autor sostiene que la izquierda, el islamismo y el independentismo tribal conforman una alianza tripartita contra la democracia española.
  • Abreu acusa al Gobierno de Sánchez de colonizar el CIS, Indra, Correos y el Tribunal Constitucional, sin aportar pruebas en el texto.
  • La tesis central es que la violencia crecerá antes de las urnas para facilitar la permanencia del sanchismo en el poder.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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Lo que se dilucida el 29 de noviembre​

22/10/2026

Juan Abreu-Vozpópuli​

  • Todo indica que, poco a poco, antes de que se acuda a las urnas, la atmósfera de tensión y desprecio por la autoridad irá creciendo

Acabo de ver imágenes de una manifestación en Galicia contra Abascal y el partido VOX. Los grupos que protestaban e intentaban cancelar e intimidar a los partidarios del partido VOX estaban compuestos por la izquierda extrema, autodenominados antifascistas, y una miscelánea de jóvenes y grupos de universitarios víctimas del adoctrinamiento izquierdista en el sistema “educativo” español.

Los que intentaban conculcar el derecho de los simpatizantes de VOX a reunirse y de su dirigente, Abascal, a llevar a cabo su mitin, lanzaban pedruscos, bengalas y hasta piezas de hierro arrancadas del pavimento, capaces de causar daños graves, contra la policía. Todo mientras increpaban y se negaban a obedecer a los agentes del orden, que les llamaban a retroceder y despejar la plaza que ocupaban ilegalmente. Entre otras cosas, llamaban facinerosos a la policía, lo que resulta paradójico, porque era evidente que los grupos de la extrema izquierda, dada su actitud, actuaban de forma autoritaria. Sí. Europa debe volver a enfrentarse al autoritarismo, pero esta vez a uno encarnado en los grupos aupados y financiados por los socialistas, los sarracinistas, los separatistas tribales (en la manifestación de la que hablo, junto a las banderas palestinas ondeaban las de un partido independentista gallego), y las banderas rojas del comunismo.

Todo indica que, poco a poco, antes de que se acuda a las urnas, la atmósfera de tensión y desprecio por la autoridad irá creciendo. Desgraciadamente, creo que el objetivo es desatar el caos (a la francesa) con el cuento de la llegada de la extrema derecha facineroso y intolerante. Por otro lado, no hay de qué asombrarse. La tensión es y siempre ha sido la marca de agua de la Izquierda, que ante una derrota democrática tiende a soplar las trompetas de la Revolución. Y no perdamos de vista que esta vez la democracia española se enfrenta a una alianza tripartita nunca vista: la de la Izquierda neocomunista, el sarracinismo y el tribalismo. Banderas rojas, sarracinistas (léase palestinas) y tribales marchan juntas y su objetivo es la disolución y final destrucción de la democracia española.

Grupos de izquierda, pro religiondelamor, wokista, teledirigidos y subvencionados saldrán a las calles para imponer una atmósfera de fanatismo, ignorancia y tensión social que facilite la permanencia del sanchismo en el Poder. Ese parece ser el panorama del futuro inmediato.

Es muy curioso que en España la tensión (sarracena o física) que ejerce la Izquierda es justificada, aupada y hasta mimada (hay coberturas televisivas en las que sólo falta caerle a besos a los acampados), mientras que la supuesta tensión de la Derecha (que comparada con la de los agitadores y radicales ideológicos izquierdistas, no existe) es demonizada hasta la extenuación, y convertida en objeto de propaganda al servicio de la romantización de los desmanes, en este caso, del sanchismo.

La izquierda es muy dada al uso de la tensión y el salvajismo totalitario para llegar (véase cualquier “revolución” y en especial, la progenitora de todas las violencias y todos los salvajismos totalitarios, pongamos que hablo de la Revolución Francesa), o conservar el Poder. Ya en España comienza a ponerse en práctica esta tensión (por ahora contenida, porque albergan la esperanza de que el sanchismo pueda ganar las elecciones, a pesar de todo) pero veremos qué pasa si esa esperanza se va desvaneciendo. Y cuando hablo de tensión hablo de toda la tensión, no solo de las quemas y destrucción de la propiedad pública y privada, también de una forma de tensión que considero más destructiva: la censura. En España la izquierda ha normalizado que los que no participan de sus delirios neocomunistas y anticapitalistas no puedan hablar en universidades y otros espacios públicos y culturales. ¿Puede seguir llamándose democrático un sistema donde la libertad de expresión es coartada sistemáticamente por grupos de fanáticos al servicio del Gobierno?

Basta repasar el comportamiento de Sánchez y su equipo en pasadas elecciones para dudar de la victoria de la decencia el próximo día 29 de noviembre. ¿Ya se nos ha olvidado la imagen de uno de sus colaboradores cargando una caja llena de votos? ¿Vamos a creer que la colonización del CIS, de INDRA, de Correos, del Tribunal Constitucional (para no mencionar la compra de UGT y CCOO y la creación de un ejército de nietos en Cuba) son todas casuales e inocentes? ¿Olvidaremos que hace ocho años que sufrimos a un Gobierno ineficiente, pro islámico y por lo tanto pro oleada turística sarracinista, un Gobierno que desprecia o suspende la actividad del Congreso cada vez que le conviene, que gobierna mediante decretos, que pretende convertir el país en un régimen autoritario en el que Sánchez sea titiritero, amo y señor de lo que seguiremos llamando democracia, pero que será en realidad un Estado sanchista, populista, clasista, un Estado neocomunista de inspiración, verborrea y modos castristas?

Un futuro de Decencia, o Infamia, eso es lo que se dilucida el próximo 29 de noviembre. Ojalá los ciudadanos españoles lo comprendan, y actúen en consecuencia.
 

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