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Madmaxista
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El bisabuelo de Javier Ambrossi, Gaspar Robles Rodríguez, fue condenado en enero de 1937 a un año y un día de campo de trabajo por figurar en los ficheros de Falange, y su hermano Antonio fue asesinado en noviembre de 1937 en el llamado túnel de Usera por militantes comunistas del SIM. La casa familiar de El Viso fue registrada en marzo de 1938 y las joyas y objetos de plata incautados no se recuperaron.
El bisabuelo de Javier Ambrossi, Gaspar Robles Rodríguez, fue condenado en enero de 1937 a un año y un día de campo de trabajo por figurar en los ficheros de Falange, y su hermano Antonio fue asesinado en noviembre de 1937 en el llamado túnel de Usera por militantes comunistas del SIM. La casa familiar de El Viso fue registrada en marzo de 1938 y las joyas y objetos de plata incautados no se recuperaron.
La historia de una familia española de los años treinta rara vez cabe en una sola casilla. La de los Robles, antepasados del director Javier Ambrossi, tiene las dos: un bisabuelo que pasó por un campo de trabajo republicano por militar en Falange y un tío bisabuelo asesinado en Madrid por un grupo de militantes comunistas. Los dos hechos están documentados en archivos estatales, y los dos ocurrieron con menos de un año de diferencia.
Gaspar Robles Rodríguez tenía 26 años cuando las autoridades republicanas lo detuvieron en Madrid, en enero de 1937. Era un joven industrial cuya fábrica de metalurgia en la calle Bravo Murillo había sido incautada por los obreros. El delegado de la Junta de Defensa de Madrid dejó por escrito que se trataba de «un caso de cinismo» y pidió «imponer el correctivo que merece». El motivo: figurar en los ficheros del partido Falange Española, lo que lo convertía en desafecto al régimen. La pena fue de un año y un día de internamiento en campo de trabajo, que cumplió en Albatera, en Alicante, de donde salió en enero de 1938.
Antonio Robles Rodríguez, hermano de Gaspar, era arquitecto, natural de Baeza, y en noviembre de 1937 tenía 28 años. Su mujer, María Amelia Rodríguez Cayuela, declaró en julio de 1939 ante el juzgado que su marido y un teniente de artillería de la Aviación fueron los días 6 u 8 de noviembre de 1937 a la calle Ventura de la Vega, 13, donde supuestamente les facilitarían medios para pasarse a la zona sublevada. Nunca volvió a tener noticias ciertas de él.
Lo que había en esa dirección era una trampa. Un grupo encabezado por Casimiro Durán Muñoz, capitán de la 36ª Brigada Mixta y del SIM, el Servicio de Información Militar creado por Indalecio Prieto en agosto de 1937, se había ganado la confianza de la dueña de una pensión y de un canónigo malagueño, Ismael Rodríguez Orduña, que conocían a gente deseosa de salir del Madrid republicano. A las víctimas les pedían que llevaran dinero y joyas para pagar el traslado. Una vez en la casa, eran conducidas al sótano, torturadas, desvalijadas y ejecutadas en una fosa común.
En agosto de 1939 se exhumaron 67 cuerpos en una zanja junto a una casa de Usera, el barrio donde estaba el frente. Entre ellos estaban Antonio Robles, el canónigo y la dueña de la pensión. Los restos reposan hoy en la cripta de un colegio-convento de religiosas teatinas en Usera, donde cada año se celebra una misa en recuerdo de los asesinados. Durán se dio a la fuga tras la guerra y nunca fue detenido.
El acoso no terminó con el campo de trabajo. El 30 de marzo de 1938, dos meses después de que Gaspar saliera de Albatera, la casa familiar fue registrada. Era un chalé de varias plantas en la calle Grijalba 23, en la zona residencial de El Viso. El expediente de la Comisaría General del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional detalla joyas, medallas, crucifijos, rosarios, cuberterías y otros objetos de oro y plata, cuatro mantones bordados y hasta un aparato de radio. Todo fue a la Caja de Reparaciones, el organismo de represión económica creado en septiembre de 1936 por Largo Caballero para expropiar desde Hacienda a los considerados enemigos. La familia no recuperó nada.
Con el franquismo, los Robles pasaron al otro lado. Carmen Robles Echenique, hija de Gaspar, se casó en 1958 con Miguel Gutiérrez-Ambrossi, y el enlace salió en los Ecos de Sociedad de ABC el 13 de mayo de ese año. Entre los padrinos había dos exministros de Franco de Falange Española Tradicionalista y de las JONS: José Antonio Girón de Velasco, al frente de Trabajo entre 1941 y 1957, y Blas Pérez González, titular de Gobernación entre 1942 y 1957. Al enlace acudieron magistrados del Tribunal Supremo y el fiscal general.
Ese giro explica por qué estas historias tardaron en contarse. La guerra dividió a las familias españolas y el pacto de convivencia de la Transición dejó muchas cicatrices enterradas. Las dos leyes de memoria histórica, las de Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, reabrieron heridas que habían costado décadas cerrar. La película La bola negra, dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, gira en torno al asesinato de Federico García Lorca, fusilado sin juicio previo en la madrugada del 17 de agosto de 1936 por orden de los jefes de Falange de Granada. Los propios directores podrían haber elegido otro episodio de su propia familia. No lo hicieron, y la paradoja queda ahí: un bisabuelo falangista internado por la República y un tío bisabuelo asesinado por comunistas, en la misma guerra y en la misma ciudad.
Conviene tratar estos episodios con la cautela que exige cualquier reconstrucción histórica basada en expedientes de la Causa General, elaborados por el bando vencedor: son documentos valiosos, pero no neutrales.
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