El viaje de Abascal a Israel con el jefe del Shin Bet enciende a su propia base
La reunión de Santiago Abascal con el máximo responsable del Shin Bet durante su visita a Israel ha reabierto una grieta que VOX llevaba tiempo tapando. El reproche no llega desde la izquierda ni desde los separatismos que el partido señala como adversarios: llega desde dentro de su propio electorado. Una parte lo lee como subordinación a intereses extranjeros y lo califica, sin rodeos, de traición. La palabra «genocidio» recorre toda la conversación, aplicada a la ofensiva sobre Gaza, y la exigencia de que España reconozca ya el Estado palestino funciona como el envés de la apuesta oficial del partido.
El viaje cae en un momento incómodo. VOX sostiene a la vez dos relatos que no encajan: el respaldo sin condiciones a Israel como baluarte de Occidente y el antiglobalismo que le da rédito electoral en casa.
La reunión con el jefe del servicio de inteligencia interior israelí se interpreta, desde las filas más duras, como la prueba de que ese equilibrio se ha roto a favor del primero.
El respaldo israelí que se borró tras las críticas
Según lo difundido en la discusión, Eli Hazan, responsable israelí de relaciones internacionales, publicó un mensaje de apoyo a la ultraderecha española y lo retiró poco después ante el aluvión de reproches que desató. El episodio, menor en cualquier otro contexto, alimenta aquí la sospecha de quienes ven en VOX una franquicia de intereses ajenos.
El borrado del tuit circula como prueba de que el respaldo existía y de que solo lo frenó la incomodidad pública.
Ese detalle encaja con un argumento repetido: que el partido sirve a una agenda que no controla. No hay confirmación oficial de la visita más allá de lo que circula en la conversación, y ese vacío informativo lo llena la interpretación.
Del franquismo al apoyo a Israel: la herejía para la base más dura
Uno de los ejes del malestar es histórico. La corriente más ortodoxa subraya que Franco nunca reconoció al Estado de Israel y que el régimen cultivó su amistad con el mundo árabe. Sobre esa base se difunde un artículo que atribuye a Falange la resurrección de esa vieja amistad árabe y su respaldo a Palestina frente al sionismo, presentando a VOX como traidora a esa herencia. Es un argumento que mezcla memoria del régimen con política exterior actual y que, en el fondo, reclama del partido una coherencia que su propia historia nunca tuvo.
La paradoja se repite: quienes defienden el cierre de fronteras y el rechazo a la inmigración se ven ahora movilizados por una causa que, según sostienen, nada tiene que ver con España.
Ese desajuste entre el discurso de casa y la política internacional es lo que más incomoda a la base.
Gaza, el trasfondo imposible de esquivar
La polémica no se entiende sin Gaza. En la discusión circulan imágenes de hospitales con menores con quemaduras y se atribuye al ejército israelí el empleo de bombas incendiarias con fósforo, una acusación apoyada en el testimonio del doctor Ghassan Abu Sitta y que las autoridades israelíes no han confirmado en el material disponible. También se denuncia el bombardeo de una escuela con víctimas civiles. Son afirmaciones que se repiten como hechos, con el eco de las redes por encima de cualquier verificación independiente.
Ahí se juega la parte emocional del asunto. Para una parte de la conversación, el apoyo a Israel ya no admite matices; para otra, cualquier respaldo institucional equivale a complicidad. Entre esos dos extremos no queda casi espacio para el análisis.
Milei, Trump y las teorías que se cuelan en el debate
Otra derivada de la discusión son las tesis conspirativas sobre supuestos hilos de poder global que no sostiene ninguna evidencia. Se presentan como certezas y contaminan el conjunto, pero conviene separarlas del núcleo del asunto: la incomodidad con una decisión política concreta.
En ese terreno también se cita al expresidente estadounidense Donald Trump, que prometió aplicar un examen ideológico a los inmigrantes:
si odias a Estados Unidos, si quieres abolir Israel, si no te gusta nuestra religión, no entras. La cita se usa como prueba de que el apoyo a Israel es una condición de entrada a un club político más amplio, en el que se alinea a VOX junto a otros líderes internacionales.
Europa, de espectadora a parte interesada
Hay quien sostiene que los europeos deberían mantenerse al margen de un conflicto que consideran ajeno. «Nosotros los europeos deberíamos mantenernos lejos de los conflictos de pueblos semitas como Palestina e Israel», resume una intervención. La idea no es nueva y choca de frente con la política exterior que el partido ha abrazado.
Mientras, en el extremo opuesto, crece la exigencia de que España mueva ficha y reconozca el Estado palestino. Ese es el punto donde la conversación se atasca: nadie explica por qué la formación mantiene el rumbo si su base le está diciendo lo contrario. La brecha sigue abierta.