Cuatro semanas de lluvia intensa y el agua embalsada sigue cayendo
Mayo de 2023 cerró como el mes más lluvioso de la serie histórica según la AEMET. Las DANAs inundaron Murcia, Navarra y Guipúzcoa, una sola jornada convirtió mayo en el más lluvioso jamás registrado en Castelló y Almería recogió en un día el agua de medio año. Con ese panorama sobre la mesa, lo razonable sería ver los pantanos al alza. Los datos que se siguen en
embalses.net dicen lo contrario: la reserva hídrica cayó durante esas mismas semanas y los pantanos se colocan
20,9 puntos por debajo de la media de la última década.
La paradoja —cielo desbordado, pantanos a la baja— mezcla meteorología, negocio eléctrico y bastante fantasía. Y lleva años sin resolverse.
Un mayo de récord que no llega a los embalses
La secuencia desafía la cuenta de la vieja. Llueve a mares, se desbordan ramblas, se activan alertas por inundación en media España... y la curva del agua almacenada mira hacia abajo. La AEMET, lejos de corregir el relato, confirmó una
anomalía positiva en precipitaciones y apuntó que la tendencia del resto de junio iba en la misma dirección: más agua. Una DANA de un solo día bastó para que mayo fuese el más lluvioso de la historia de Castelló.
Hay un detalle que se repite y explica parte del desfase: buena parte de lo que cae se lo traga el suelo antes de llegar a ningún río. Y en primavera, con las horas de sol disparadas, la lámina de agua de un embalse se evapora a un ritmo que ningún aguacero compensa.
¿Por qué llueve tanto y el agua embalsada sigue bajando?
Porque un embalse no es un cubo. Es una infraestructura con obligaciones. Hay que mantener un
cauce ecológico mínimo aguas abajo, hay que atender los riegos y hay que gestionar caudales para no encontrarse con una avenida que arrase lo que haya. Un torrente que baja sucio y con fuerza no se almacena sin más.
A eso se suman los acuíferos, que se recargan antes de devolver el agua a los ríos, y la nieve que se acumula en el
Pirineo y que no se convertirá en escorrentía hasta el deshielo. En zonas de montaña el episodio deja un depósito a plazos: subirá, pero en semanas o meses, no en cuatro días.
El 21% de la luz que sale del agua
En España, el
21% de la energía eléctrica producida es hidráulica. Ese dato, leído en plena semana de lluvias y con el precio de la electricidad alto, aviva todas las suspicacias. La acusación que circula es directa: se abren las compuertas para turbinar y vender mientras el agua que debería quedar para el consumo se va por los canales.
El negocio no es nuevo. Generar con agua tiene un coste de producción mínimo y se vende al precio que marque el mercado, que en invierno llegó a máximos. Hay quien recuerda desembalses de diciembre con la luz disparada y quien señala a centrales concretas por vaciar pantanos sin pensar en los payeses ni en los regantes. Se sostiene, además, que fue un gran negocio vender esa electricidad a precio de gas.
Y en paralelo hay un asunto transfronterizo que indigna: los embalses portugueses a rebosar porque, según estas versiones, desde España se habría soltado a Portugal
el triple del agua comprometida en los acuerdos bilaterales.
De la sequía planificada a las estelas de los aviones
Aquí el análisis se bifurca hacia terreno pantanoso. Una parte sostiene que la sequía es un marco impuesto: se anuncia la primavera más seca de la historia y a la vez se reporta un mayo de precipitaciones récord; sube el nivel del mar mientras se baten récords de banderas azules; se derriban presas en nombre de recuperar los ríos mientras se abren otras para generar. La conclusión que saca ese sector es que hay un plan predeterminado y que ninguna lluvia bastará por diseño.
En el extremo están las estelas blancas de los aviones, atribuidas a una supuesta fumigación para modificar el clima. El argumento que las desmonta tiene más de física que de fe:
por mucho líquido que se dispersara sobre una ciudad, no se detiene un frente atlántico de cientos de kilómetros de largo y ancho, cargado con decenas de miles de millones de litros. Nada en los registros respalda esa manipulación a voluntad.
Cuánta lluvia haría falta para dar la sequía por resuelta
Un mayo generoso alivia, no resuelve. Las áreas atlánticas acumulan sequías de varios años y necesitarían meses seguidos por encima de la media solo para empezar a recuperar. La previsión apunta a un junio más lluvioso y más fresco de lo normal en amplias zonas, con la atmósfera aún inestable. Bienvenido. Insuficiente.
Con el agua ya sobre el terreno, el punto donde el análisis se atasca es fácil de formular y difícil de cerrar: los pantanos bajan porque el suelo bebe, la nieve espera y el sol evapora, o bajan porque alguien decide abrir las compuertas y vender. Que un país siga discutiendo cada pocos veranos si le falta agua tampoco ayuda a zanjar nada.