Los embalses ganan 2.968 hm³ y la sequía sigue sin revisarse
La actualización se hizo esperar unas horas. «Comprobaciones», dijeron. Y cuando por fin apareció el dato, el número obligaba a releerlo dos veces:
2.968 hm³ de agua ganados en una sola semana en los embalses españoles, según la cifra que se difundió en el hilo. Con las lluvias de Semana Santa todavía drenando hacia las cuencas, y según un participante, la reserva hídrica alcanzó la media de los últimos diez años. El relato de la sequía estructural, mientras tanto, siguió en pie sin despeinarse.
¿Cuánta agua han ganado los embalses con las lluvias de Semana Santa?
El grueso llegó por el Guadiana. Según un participante, los embalses de Cíjara y La Serena sumaron
300 hm³ cada uno en una semana, una cifra que por sí sola explicaría buena parte del salto nacional. La apuesta más optimista que circulaba antes de la publicación hablaba de 3.200 hm³ y un avance de cinco o seis puntos porcentuales; el dato que circuló se quedó en
2.968 hm³ y dejó la reserva en la media de la última década, según quienes siguen el hilo.
La paradoja tiene su gracia. El mismo sistema que lleva meses siendo presentado al borde del colapso registra una de sus mejores semanas, y no porque haya cambiado nada estructural, sino porque ha llovido. La duda que queda flotando es cómo se sostiene el diagnóstico cuando el termómetro marca lo contrario.
La capacidad de los embalses lleva una década clavada en 56.000 hm³
Hay un número que casi nadie mira y que explica bastante: la capacidad total del parque de embalses no se ha movido de los
56.000 hm³ en diez años. De esa cifra, unos 35.000 hm³ corresponden a la época de Franco, cuando se pasó de 5.000 hm³ a la capacidad agregada actual; los 16.000 hm³ restantes se han ido sumando después, a otro ritmo.
En paralelo se han demolido 108 presas, según el recuento que se maneja, de un total que supera las
170.000. El efecto sobre la capacidad agregada es, a juicio de quienes siguen las series, prácticamente imperceptible: el cómputo total ni se menea. La sospecha de un desmantelamiento silencioso de la infraestructura hídrica no encuentra respaldo en las cifras globales, aunque alimente la desconfianza.
El caso de Buendía es el que más se cita. Se construyó hace 64 años con una capacidad de
1.700 hm³ —más agua que la suma de todos los embalses de varias comunidades— y, según los datos que se manejan, desde hace más de cuatro décadas se optó por no dejarlo llegar al máximo por filtraciones del terreno. Entrepeñas, con más de 800 hm³, seguiría una lógica parecida. No es abandono: es una restricción técnica que arrastra medio siglo.
¿Quién consume el agua embalsada en España?
El consumo doméstico es la excusa habitual y también el menor de los problemas. Los hogares representan alrededor del
15% del agua registrada y distribuida; el regadío se lleva cerca del
70%. Entre 1997 y 2024 la población pasó de 40 a 48,5 millones de habitantes y, aun así, el consumo total registrado se redujo respecto a los datos del año 2000.
La explicación que se sostiene es técnica. Un regadío tradicional riega a manta y pierde mucha agua; uno modernizado produce más con menos. Eso explicaría por qué el consumo agrario cae mientras aumentan las superficies de regadío. El matiz lo pone quien observa que la caída más pronunciada de las series se concentra a partir de
2006, un salto demasiado abrupto para ser solo capitalización progresiva del sector.
El embalse de San Juan perdió 1,25 hm³ en 24 horas
Ahí están los registros horarios:
122,27 hm³ a las tres de la tarde del 7 de abril y
121,02 hm³ a la misma hora del día siguiente. Entre medias, un descenso sostenido que suma 1,25 hm³ en una sola jornada, con caídas visibles en cada tramo de seis horas. Un hectómetro cúbico equivale, según se señala en el hilo, al consumo anual de una población de 15.000 personas.
Que un embalse suelte agua mientras otros la reciben es lógica de seguridad: siempre hay que dejar espacio libre para posibles avenidas, y buena parte del agua desembalsada se destina al caudal ecológico de los ríos. Lo llamativo es el ritmo y el momento, que es lo que dispara las suspicacias sobre criterios que no se explican.
Por qué Cataluña y Castilla-La Mancha no son comparables
Que dos comunidades muestren porcentajes de reserva parecidos y vivan situaciones distintas tiene una explicación: el volumen absoluto. Según un participante, con una población similar Castilla-La Mancha almacena alrededor del
triple de agua que Cataluña. El porcentaje engaña; los hectómetros, no. Es el tipo de dato que se pierde cuando la comparación se hace en titulares.
Dentro de Cataluña, el foco se pone en la provincia de Barcelona, la que arrastra los niveles más bajos. Gerona se mantiene en un punto intermedio y las otras dos provincias no van mal. La precisión importa: hablar de Cataluña como un bloque homogéneo oculta más de lo que aclara.
En el lado de las medidas, la Generalitat prepara una subida del canon del agua cercana al
30% para usos domésticos y, según se sostiene en el hilo, ha aprobado un plan piloto de tala de bosques bajo el argumento de que la masa forestal resta agua a las cuencas. Sobre lo primero hay consenso en que el usuario paga; sobre lo segundo, bastante menos.
El punto donde el análisis se atasca
Con la reserva en la media de diez años, la capacidad congelada y el consumo agrario a la baja, el relato oficial sigue siendo el mismo que hace un año. Nadie discute la cifra. Nadie explica por qué el diagnóstico no se mueve con ella.