Legionarios españoles en 1922: imágenes que impactan

En el artículo de 1927 sostenían que los acababan de cancelar.
Ahora busca las manchas de sangre en las ropas...
Las cabezas tienen una tonalidad distinta. Apestan a recorte.
Un periodista de la época buscando notoriedad. Se pasó la vida así. Esa no fue su única foto falsa.
Pase que engañara al personal hace 100 años... Pero qué lo siga engañando... Buff
 
Lo primero que he percibido cuando he visto la foto que abre el hilo: es falsa. Los gestos de las manos que sostienen las cabezas son raros, como si estuvieran sujetando otras cosas, la iluminación de las cabezas no coincide con la de los soldados, tampoco la nitidez ni la textura.
 
En el artículo de 1927 sostenían que los acababan de cancelar.
Ahora busca las manchas de sangre en las ropas...
Las cabezas tienen una tonalidad distinta. Apestan a recorte.
Un periodista de la época buscando notoriedad. Se pasó la vida así. Esa no fue su única foto falsa.
Pase que engañara al personal hace 100 años... Pero qué lo siga engañando... Buff
Lo de las cabezas cortadas fue real; cabezas, narices, orejas y dedos se cortaron alli.

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[td]INVESTIGACION / LA DIVISION AZUL EN LA URSS[/td] [td]Los africanistas que cortaron dedos enemigos[/td] [td]Cuando el reportero lee las tropelías cometidas por soldados de EEUU en Vietnam, le vienen a la memoria historias que le contó su abuelo acerca de un grupo de unos 30 legionarios en la URSS. Y realiza una dolorosa comprobación[/td] [td]EDUARDO FONT
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[td]Un grupo de divisionarios, que no tuvieron que ver con los hechos relatados, condecorado con la Cruz de Hierro en Leningrado. / SIGNAL[/td] [td] [/td]
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Rompíanse ya las filas del Tercio para correr tras los herejes, dando caza primero a los heridos y rezagados, quebrando cabezas, tajando miembros, sin piedad con ninguno. Que si dura resultaba la infantería española en el asalto y la defensa, crelísima era siempre en la venganza».


El sol de Breda de Arturo Pérez-Reverte.


El cáncer que tenía enquistado en su garganta no le impidió a Joaquín Font, mi abuelo -este no es su nombre auténtico, lo he cambiado por censuras familiares-, relatar el contenido de sus pesadillas. Lo hizo ya pasados los 80 años, siempre a petición mía. Desde que dejó los campos nevados de Rusia en 1943 con la División Azul, los malos recuerdos reflejaban datos inconexos, nombres de aldeas apenas recordados -Possad, Sitno, el río Volchov...-, fechas que bailaban en el calendario. Estas imágenes imprecisas del pasado se alternaban con descripciones detalladísimas de un pelotón de soldados entregados a la esquizofrenia del repruebo, a la matanza sin cuartel, a la tortura, historias terribles de gloria y venganza de unos fantasmas que tintaron la nieve de tonalidad sangre y abusa todas las reglas escritas y no escritas de la guerra. Él insistía: «No me hagas hablar de esto. Ya sabes que no me gusta recordar lo que pasó». Si abría las cicatrices de la memoria, esa noche no dormía.

Hace algo más de un mes, cuatro periodistas del Toledo Blade (un pequeño diario estadounidense) destaparon las tropelías de un sanguinario pelotón de la 101 División Aerotransportada en los arrozales de Vietnam. La lectura de este artículo rescató del olvido aquellas historias que contaba el abuelo: «Legionarios españoles asaltando trincheras enemigas con cuchillos entre los dientes, heridos rematados con saña, interrogatorios donde los dedos de los prisioneros eran fruta para hacerlos cantar, compañeros pavor, soldados devueltos a las líneas enemigas con una mano seccionada para que no pudieran volver a disparar...».

Desde que mi abuelo murió hace unos meses, me he preguntado si su relato se encuentra en un punto indeterminado entre lo vivido y lo soñado. Los protagonistas son un grupo de legionarios fanáticos, 25 o 30 hombres, curtidos en las sangrientas contiendas de Jovenlandia y en la Guerra Civil, que decidieron alistarse en la División Española de Voluntarios para combatir a los comunistas en Rusia durante la II Guerra Mundial. De Ceuta salieron 1.682 soldados y 63 oficiales que, por su experiencia en combate, tenían muy poco que ver con el resto de las fuerza expedicionaria -la mayoría, voluntarios falangistas-.


GRUPO DE ELITE


Este pequeño pelotón africanista, al que pertenecía mi abuelo, fue incluido en el regimiento 269 y participó en las principales operaciones de ataque y defensa de las tropas españolas en el frente ruso. Según decía, se trataba de un grupo de Elite, «extremistas que iban por libre». Al representar el conjunto más veterano y homogéneo, fue colocado en la vanguardia de los contraataques más feroces cerca del río Volchov. Por su desprecio hacia la gloria, las patillas que les cercaban el rostro, los largos cuchillos que usaban en combate, eran temidos por sus propios compañeros de armas, por su jefe García Rebull e incluso por los soldados alemanes, camaradas de armas en su lucha contra un enemigo común. «Llevábamos el cinturón del Tercio, no aquella hebilla alemana en la que se leía la leyenda Gott mit uns -Dios con nosotros-. En las guerreras, portábamos los escudos de la Legión. Eso les molestaba, incumplía las reglas sobre cómo llevar el uniforme de la Wehrmacht, pero nadie tenía valor para castigarnos por ello», recordaba.

En su pesadilla siempre aparecía una fecha -27 de diciembre de 1941- y un lugar: «La posición intermedia», un reducto español que defendía el sector entre Lubkowo y Udarnik sumergido tras las líneas soviéticas. El coronel Esparza ordenó cubrir aquella elevación a una sección a las órdenes del álferez Rubio Moscoso.«Todos los españoles fueron asesinados de una forma brutal», contaba Joaquín Font. «30 o 40 perecid desparramados, desabrigados, machacados contra la nieve». Busco aquel episodio en un libro titulado La división española de Hitler. Habla de atrocidades cometidas por los dos bandos. Los autores, Gerald Kleinfield y Lewis Tambs, comienzan por el Ejército rojo: «Cuando la patrulla española coronó la cresta, sonaron gritos de rabia y angustia.Los rusos habían hecho su tarea. Los españoles murieron clavados al suelo con picos de los que utilizaban los soviéticos para romper el hielo. Uno de los picos brillaba en el centro de la frente de un guripa».

La descripción del relato es exacta. Mi abuelo no omitió ni perecid ni nieve. Casi 60 años después, aún sentía la expresión de espanto de su amigo Ramón «con un machete metido en la boca, muy abierta, porque habían clavado su nuca a la tierra endurecida por el frío.Los cadáveres estaban rematados y congelados a casi 40 grados bajo cero».

La respuesta no se hizo esperar. «Nos llamaron, conociendo nuestra experiencia en las guerras de Africa con La Legión y lo que allí habíamos aprendido, para realizar un contraataque rápido apoyados por el resto del regimiento 269», dice una de las notas que pude tomar de su relato. Salieron de sus trincheras a vengar el asesinato de sus camaradas sonriendo de una manera feroz, con gritos de «¡Arriba España!» y «¡Viva La Legión!». Pero se les fue la mano.Mi abuelo habló de más de mil perecid rusos en aquella operación de castigo. Él mismo se sorprendió diciendo: «Al primer prisionero ruso le voy a comer las entrañas».


SIN PRISIONEROS


Cuando atravesaron el campo de batalla en sombras, se acercaron a la Vieja Capilla, sacaron los cuchillos y las bayonetas y se lanzaron a un combate cuerpo a cuerpo. Él lo recordaba así: «Nos metimos en sus trincheras y los sacamos a bayonetazos. Después corrieron sobre la nieve gritando «Vojna kaputt» [la guerra se acabó] y los abatimos a placer. Primero uno, luego otro. Sin prisioneros. Sin supervivientes. Y nosotros a lo nuestro. Muchos perecid, deformados por los culatazos, eran una mezcla de hueso y carne. En sus bolsillos llevaban los objetos que habían robado a los españoles».

Para corroborar el relato, leo en el mismo libro: «Los rusos fueron desalojados de las colinas en las que se habían atrincherado.La acción duró menos de 12 horas. Según recuento de los cadáveres, las pérdidas rusas ascendieron a 1.080 perecid. Sin prisioneros; las españolas: tres oficiales perecid y cuatro heridos». La historia encaja. Un grupo de 25 o 30 hombres dedicados a no dejar un sólo ruso con vida, sin ninguna piedad con los heridos, rematando a cuchillo, tajando miembros a todo el que se moviera. Este relato no tiene nada que ver con la División Azul. Sólo aquellos hombres fueron los responsables de este pavor. «Tras la batalla, alguno se dedicó a cortar los dedos de sus víctimas y a enseñarlo a los compañeros en las trincheras españoles como si fueran un botín de guerra». Y el abuelo mostraba las palmas de sus manos igual que lo hacían sus compañeros, como si aún llevara los dedos seccionados en su interior. «Después, la mayoría de nosotros, cegados por el pavor y cansados, respirabamos con dificultad, mirabamos al suelo y callabamos».


LOCURA SALVAJE


Otro de los supervivientes de aquella acción, el joven divisionario Carlos María Ydígoras -tenía 17 años-, dejó su visión del campo de batalla plasmada en su libro Algunos no hemos perecid: «Debía asustar vernos contemplar la bayoneta, acariciarla como si se tratase de una reliquia... Lo que ocurrió cuando nos abalanzamos sobre los rusos entra dentro de los ámbitos del delirio... Los que se rendían, los que aún luchaban o intentaban huir, eran abatidos igualmente de una manera salvaje».

En otro párrafo, habla pavor de uno de los soldados del grupo de africanistas, de cómo se ensañó con los perecid: «Arrastrando un fusil a modo de bastón, uno de ellos se acercó a un cadáver y, como presa de un repentino ataque de locura, levantó el arma.La bayoneta se quedó cimbreando sobre el vientre del perecid.Después le golpeó, le pisoteó el rostro... Se agachó y, como quien recoge una margarita, tomó otra arma rusa, llegó a otro perecid y repitió la operación. Y así hasta una docena de veces».De nuevo, similar pesadilla, el mismo relato que contaba Joaquín Font en sus últimos años de vida.

Aunque resultó el combate más sangriento, el grupo volvió a actuar con la misma furia en otras escaramuzas, sobre todo contra los partisanos. «Podíamos capturar 15 o 20 guerrilleros de una vez.Para que no volvieran a disparar, algunos compañeros míos les cortaban una mano y así se aseguraban de que no volvieran a combatir».En febrero de 1943, cuando acupaban posiciones frente a Leningrado, y disminuidos por las bajas de la compañía, se encontraron de nuevo en el contraataque español contra los asaltantes soviéticos en la sangrienta batalla de Krasni Bor. La historia, la venganza, la saña contra los soldados rusos borrachos de vodka dista poco de la anterior. Las cifras: 3.000 españoles perecid y más de 8.000 soviéticos.

Llamo a la Hermandad de la División Azul para localizar a algúno de los 30 participantes de aquella sangría -debe estar en torno a 85 años-. Me dicen que no fue una venganza, sino una acción defensiva. Y no conocen a nadie. Hablo con un superviviente de la División. Me dice que no lo saque de contexto. «Son cosas de la guerra y de ese pelotón. No tienen nada que ver con el resto de divisionarios». Es cierto, mi abuelo nunca me dijo que fuera una práctica común al resto de guripas, cuyo comportamiento fue noble en la victoria y en la derrota, con los prisioneros y los civiles, con los vivos y los perecid.

Da miedo pensar que su relato pueda ser cierto. Que él, una persona que no hizo daño a nadie durante su vida, se implicara en aquella experiencia sangrienta. En cualquier caso, si lo hizo, se llevó el secreto a la tumba.
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La foto es un montaje y salta a la vista. De los mismos años en que Stalin reescribía la historia borrando a sus allegados hasta quedarse solo en las fotos.
Original de Abd el Krim publicada cinco años después de los supuestos hechos.
¿Te crees que el Ejército Español no hubiera investigado eso?
Fue una guerra cruel, ahí no había ONGs interviniendo.
 
Un recuerdo para los Héroes del Regimiento Alcántara que dieron la vida por defender la retirada de las tropas en Annual. Hay un monumento en Valladolid a las puertas de la Academia de Caballería.

El 22 de julio de 1921, los españoles ocupaban la posición de Annual con unos 3.000 hombres, que estaban siendo duramente hostigados por las tropas rifeñas, hasta el extremo de que se decide abandonarla. El 23 de julio la retirada es total, por lo que el general Navarro ordena al teniente coronel Primo de Rivera, jefe del regimiento Alcántara, apoyar el abandono de algunas posiciones, llegándose a combatir al arma blanca. Pero no acaba aquí la demostración heroica de los jinetes del regimiento. Una vez llegados a Dar Drius, el general Navarro ordenó la evacuación de la posición hacia la de El Batel. Recibida la orden, Primo de Rivera se reunió con sus oficiales y, dirigiéndose a ellos, les dijo:

(mensaje citado en revisión)
El Alcántara cumplió su deber de proteger los flancos y la retaguardia de la columna en retirada, con constantes cargas sobre el enemigo, pero su gesta aún no había terminado. Cuando se dirigía hacia El Batel, la columna debía atravesar el río Igan, donde se produjo un fuerte ataque de las fuerzas rifeñas allí emboscadas. Al producirse los primeros disparos, el general Navarro ordenó a Primo de Rivera que cargara con sus escuadrones sobre el flanco izquierdo, para conseguir que la columna vadease el río.
Primo de Rivera, sabiendo a lo que se enfrentaba arengó a sus jinetes con estas palabras:

(mensaje citado en revisión)
Los jinetes del Alcántara cargaron hasta cuatro veces contra el enemigo atrincherado, mientras el resto de la columna conseguía atravesar el río. Ante el agotamiento de los caballos, se llegó a combatir al paso y después pie a tierra. Cabe destacar que, en las últimas cargas, ante lo menguado de las fuerzas, hasta los oficiales veterinarios y los jovencísimos educandos de banda, se incorporaron y cayeron junto a sus compañeros.
Casi 700 hombres formaban el regimiento al comenzar el día. Sobrevivieron el teniente coronel Primo de Rivera, dos comandantes, algunos oficiales y unos setenta de tropa. Al finalizar esa jornada, el Regimiento de Alcántara dejó de existir como Unidad. Días después falleció el teniente coronel Primo de Rivera, a causa de la gangrena producida al fruta un brazo tras ser alcanzado por un proyectil de cañón.
Por todos estos hechos, se iniciaron los trámites para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando al Regimiento de Alcántara, con el siguiente dictamen del juez instructor:

(mensaje citado en revisión)
El día 1 de junio de 2012, el Consejo de Ministros concedió la Cruz Laureada de San Fernando, en su modalidad de colectiva, al Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14º de Caballería, que fue impuesta sobre el Estandarte del RCAC Alcántara nº 10 por S.M. el Rey D. Juan Carlos I, el día 1 de octubre de 2012, en el Palacio Real de Madrid.
 
Esos españoles murieron para defender los intereses del Conde de Romanones y de Alfonso XIII, no por defender a España y exceptuando Ceuta, Melilla y Tetuan, al español de a pie no se le perdia nada en el Rif.

PD: los descendientes de la aristocracia, de los terratenientes andaluces y los de la burguesia vasca y catalana no iban alli a morir.
Quienes regalan territorios son unos perdedores, hablas como un rojo.
 
Se ven raras. Las sombras no cuadran bien. Las posturas no cuadran. Mucho menos la actitud.
Conocemos bien estos montajes atribuidos a los nancy. Se trata de coger una foto real y poner algo espantoso en medio. Pero la pose de los fotografiados no refleja la ferocidad que indica la foto.

¿De verdad no os choca que la fuente de la foto sea un periodista francés haciéndole la propaganda a un enemigo nuestro?
Sois muy pesados con las conspiraciones, todo porque buscáis una validación que jamás va a llegar.

La foto es real.

Y más fotos deberían haber sacado para que se entere todo el mundo.
 

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