La ucronía de la Reforma Protestante que no resiste los datos
¿Y si Martín Lutero nunca hubiera existido? La pregunta ronda por internet desde que una inteligencia artificial popularizó la ucronía de una Europa sin Reforma Protestante: Papa árbitro supremo, Sacro Imperio consolidado, ciencia y capitalismo retrasados. Suena sugerente, pero se desmonta con rapidez cuando se contrasta con lo que se sabe del siglo XVI.
La idea del Papa como árbitro supremo choca con el galicanismo francés y el regalismo español, que erosionaban la autoridad pontificia antes de Lutero. El Sacro Imperio, lejos de ser un Estado centralizado, era un mosaico de principados y ciudades libres. Quienes defienden la ucronía olvidan que Roma llevaba siglos perdiendo poder frente a los monarcas.
Tampoco resiste el mito de que el protestantismo parió la modernidad. El capitalismo ya florecía en las repúblicas italianas, Flandes y el sur de Alemania. La Ilustración tuvo raíces católicas y protestantes, y el método experimental lo sistematizó un católico, Galileo, con otros como Cavalieri y el monje Mendel en la genética. Nietzsche, de familia luterana, fue un crítico feroz: veía en Lutero al enterrador del Renacimiento alemán y al salvador de un cristianismo que se moría.
Calvino tampoco fue un club de librepensadores. En Ginebra montó una teocracia que persiguió a herejes como Servet, y despreciaba el arte, el teatro y los placeres. El propio Newton, icono de la ciencia, escribió más sobre teología y alquimia que sobre física.
Así que la próxima ucronía que cruce por el feed, con su Papa imparable y su Imperio unificado, debería venir acompañada de manual de historia. Porque sin Lutero, la cristiandad occidental habría seguido buscando otra forma de pelearse: el ser humano no necesita un cisma para organizar un buen conflicto.