Del 'trabuco' de Valderrama al toque de Mapi León
El
fútbol femenino vuelve a ser noticia por lo extradeportivo. Un incidente durante un partido entre el Espanyol y el Barcelona, en el que Mapi León habría realizado un gesto a una jugadora rival, ha desatado una polémica que los medios deportivos han amplificado hasta la saciedad. La anécdota, que recuerda al mítico episodio de Míchel y Valderrama, evidencia, según los comentarios del foro, la escasa relevancia que el deporte en sí tiene para el gran público. Mientras, la liga F sigue sin patrocinador principal y con una audiencia que no despega.
La anécdota que nadie pidió
El gesto de Mapi León, que según las imágenes habría consistido en un toque en la entrepierna a una rival, ha sido el detonante de un circo mediático. En los programas deportivos nocturnos, el asunto ocupó más tiempo que un partido de la Champions. La comparación con el episodio de Míchel y Valderrama en los años 80 es inevitable: entonces, el gesto del centrocampista del Real Madrid dio la vuelta al mundo y quedó grabado en la memoria colectiva. Ahora, la historia se repite, pero con un matiz: el fútbol femenino necesita estas polémicas para existir en la agenda.
La liga F no encuentra patrocinador y las gradas siguen vacías. Los datos de audiencia son testimoniales. Sin embargo, un gesto de este tipo genera ríos de tinta. La conclusión es clara: el producto no interesa, pero el escándalo sí. Es la paradoja de un deporte que lucha por ser tomado en serio mientras sus protagonistas se ven envueltas en episodios que alimentan el morbo.
El negocio de la polémica
La Federación y la Liga han intentado borrar el vídeo de las redes, lo que ha avivado aún más el fuego. La censura nunca fue buena consejera. El episodio ha servido para que muchos descubran que el fútbol femenino existe, aunque sea por el motivo equivocado. Los patrocinadores, que ya miraban con recelo, ahora tienen una excusa más para mantenerse al margen. La marca España del deporte femenino se resiente.
Hay quien sostiene que todo esto es un montaje para llamar la atención. Otros creen que es una simple anécdota sin importancia. Lo cierto es que el debate está servido y que, una vez más, se habla más de lo que pasa fuera del campo que de lo que ocurre dentro. Mientras, las jugadoras siguen cobrando menos que sus homólogos masculinos y la brecha salarial no se cierra.
¿Un delito o una gamberrada?
La jugadora del Espanyol afectada podría emprender acciones legales. Algunos juristas consultados apuntan a que el gesto podría ser constitutivo de un delito de agresión sexual, aunque otros lo consideran una simple falta. La fiscalía podría actuar de oficio si considera que hay indicios. El precedente de Rubiales, con su beso no consentido, está en la mente de todos. La diferencia es que aquí no hay un cargo público implicado, sino una jugadora.
El debate sobre si el feminismo debe ser coherente y pedir cárcel para la agresora está sobre la mesa. La doble vara de medir es un clásico. Si un hombre hace lo mismo, se le cae el pelo. Si lo hace una mujer, se busca la excusa. La polémica está servida y las redes arden.
La herencia de Valderrama
El episodio de Míchel y Valderrama se saldó con una sanción económica y una campaña de prevención del cáncer testicular. Aquel gesto, que hoy sería impensable, se convirtió en un icono pop. La diferencia es que entonces el fútbol masculino tenía un enorme seguimiento y podía permitirse el lujo de reírse de sí mismo. Ahora, el fútbol femenino no tiene ese colchón. Cada error se paga caro.
La comparación es odiosa, pero ilustrativa. Mientras el fútbol masculino genera miles de millones, el femenino sobrevive gracias a subvenciones y a la buena voluntad de algunos patrocinadores. La polémica no ayuda a cambiar esa realidad. Más bien al contrario, la consolida.
El análisis se atasca en la misma pregunta: ¿es esto lo que necesita el fútbol femenino para despegar? La respuesta, a la vista de los datos, es no. Pero mientras tanto, el circo sigue.