Polonia, sus catástrofes y el espejismo de comparar horrores
La afirmación es provocadora, y por eso genera una polémica incómoda: Auschwitz no es lo más atroz que ha ocurrido en Polonia. La discusión, sin embargo, no se queda en el Holocausto. Entre las respuestas asoman el canibalismo paleolítico, el Diluvio sueco y el estalinismo. Detrás de la ironía late una pregunta económica: ¿qué catástrofe destruyó más la riqueza del país?
El episodio más antiguo lo aporta la arqueología. Un estudio liderado por el Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES-CERCA) halló evidencias de canibalismo en la cueva de Maszycka, con restos de hace unos 18.000 años. Es el precedente más remoto citado, aunque su impacto económico sea, obviamente, incalculable.
El otro gran candidato es el Diluvio sueco del siglo XVII. Esa invasión arrasó ciudades, cosechas y manufacturas, y algunos análisis lo consideran el golpe demográfico y económico más duro antes del siglo XX. Sus efectos se dejaron notar en la curva de crecimiento polaco durante décadas.
No falta tampoco la era comunista. La alusión a Konstantín Rokossovsky, ministro de Defensa en la Polonia de posguerra, apunta a la planificación centralizada como un lastre para la convergencia con Occidente. El estalinismo, para una parte de las opiniones, fue lo peor que le pasó al país.
¿Tiene sentido comparar horrores? Moralmente, probablemente no. Económicamente, tampoco. El dato que descoloca es otro: pese a siglos de ruinas, Polonia es hoy una de las economías con mejor ritmo de crecimiento de la Unión Europea. La historia de sus desastres no es la historia de su economía.