Las renovables ya no son el respaldo: son la red
Un gráfico de la demanda eléctrica con cinco capas superpuestas —demanda, nuclear, eólica, fotovoltaica, termosolar e hidráulica— sirve para sostener una tesis incómoda: que quien modula la generación minuto a minuto no es la nuclear, sino la solar y la eólica. La nuclear, se argumenta, funciona en plano, tarda días en mover su salida y no sigue los dientes de sierra del consumo. La fotovoltaica, en cambio, sube cuando el consumo aprieta y cae cuando afloja. Y al anochecer, cuando la solar se va a cero, quien tapa el hueco es la eólica y, en menor medida, la hidráulica. La conclusión que se extrae del gráfico es directa: el relato de que las renovables necesitan a la nuclear para dar soporte sería, cuando menos, discutible.
Qué dice exactamente el gráfico y qué se le reprocha
El planteamiento inicial es sencillo: la curva gris de demanda no es plana, tiene oscilaciones diarias y dientes de sierra de pocos minutos. Sobre ella se superponen las generaciones por tecnología. La lectura que se ofrece es que la fotovoltaica encaja con esos dientes de sierra y que la nuclear permanece constante porque no puede hacer otra cosa. Frente a eso, la primera objeción que aparece es metodológica: si las centrales y los particulares entran y salen según el consumo, comparar entradas con salidas sería circular, porque la suma siempre cuadra. El único dato válido, se sostiene desde esa posición, sería la producción total por tecnología, que no se publicaría con el mismo detalle.
La respuesta a esa objeción es que el gráfico no es engañoso y que muestra información precisa del sistema. El desacuerdo, por tanto, no es sobre los datos sino sobre qué se puede inferir de ellos. Y ahí entra el matiz técnico que se lanza en mitad del intercambio: no se trata solo de las grandes variaciones diarias, sino de las pequeñas variaciones de pocos minutos, que es donde se ve si una tecnología sigue la demanda o simplemente va a su aire.
El papel real de la hidráulica y el respaldo fósil
La crítica más repetida no niega que la solar y la eólica varíen, sino que discute que eso sea gestionar. El argumento es que la fotovoltaica no se adapta a la demanda: se adapta a la luz del sol. Y que la eólica hace lo propio con el viento. Si dependes de factores externos y no de una decisión humana, no hay gestión, hay coincidencia. Bajo esa lectura, lo que ha salvado el mes es la hidráulica, que es renovable pero solo cuando hay agua, y el respaldo de ciclos combinados y nuclear cuando no la hay.
El contraargumento que se despliega es de resultados: si las renovables superan el 70% de la generación total en esos días, ¿qué fuente está haciendo el seguimiento de la demanda? ¿La nuclear, el carbón, el gas o el petróleo? La pregunta queda lanzada y sin respuesta cerrada en el intercambio. Lo que sí aparece son cifras concretas del mes: la hidráulica habría llegado al 19,1%, la eólica a casi el 30% y la solar al 12,7%, lastrada por las lluvias. Con esos números sobre la mesa, la discusión se desplaza a si la variabilidad es una virtud operativa o un riesgo estructural.
El eclipse, el apagón y el factor psicológico
La conversación tiene un momento que resume el clima: la operadora de red tuvo que emitir un comunicado aclarando que un eclipse solar no afectaría al suministro. La ironía que se extrae es inmediata: dependemos de los astros para tener energía. La respuesta desde el otro lado es que la aclaración se debe a la presión de un público predispuesto al pánico, no a un riesgo real.
Más adelante, un apagón reabre el asunto con más crudeza. La hipótesis que se lanza es que la causa probable sería la sobreexposición de la red a generación renovable, con inestabilidad de potencia y frecuencia, en una secuencia de segundos coincidiendo con máxima radiación solar y viento suficiente en casi todos los parques. No hay confirmación en el material: es una hipótesis, y como tal se queda. Lo que sí se constata es que el episodio sirvió para que las posiciones se atrincheren todavía más.
Empleo, carbón y el coste de las primas
El hilo deriva hacia el empleo y las subvenciones. Se afirma que las renovables generan más puestos que la minería del carbón y de mejor calidad, sin silicosis ni prejubilaciones a los 40, y que Alemania no está resucitando sus térmicas porque su consumo de carbón sigue bajando. Enfrente, la réplica es que las renovables también están subvencionadas y que la nuclear se grava hasta hacerla no rentable, con Francia como ejemplo de país que no pone palos en las ruedas. La cifra que se cita para el carbón español es de 5.492 millones de euros recibidos entre 1990 y 2018, y se añade que las reservas conocidas de carbón darían para 500 años frente a los 9 años de uranio autóctono.
El cierre del asunto no llega. Unos sostienen que el problema no es tecnológico sino de negocio y primas; otros, que las térmicas ya se han demolido y que sin respaldo firme la intermitencia se paga cara. La pregunta que queda flotando es la que abrió todo: si las renovables no son gestionables, ¿quién está moviendo la red?