Pensiones y Ponzi: la insostenible ingeniería financiera del sistema público
Afirmarlo suena a exabrupto, pero la comparación entre el sistema público de pensiones y un esquema Ponzi tiene más recorrido del que los defensores del statu quo querrían admitir. En un Ponzi clásico, los primeros inversores cobran con el dinero de los nuevos; en las pensiones, los trabajadores actuales pagan a los jubilados actuales. La diferencia es que aquí no hay estafa penal, sino un contrato intergeneracional que las pirámides demográficas están dinamitando. Con una tasa de reemplazo superior al 70% y dos pagas extra anuales –privilegio casi único en Europa–, el gasto se dispara mientras la base de cotizantes se encoge.
Los extras que agravan el desajuste
Además de las dos pagas extraordinarias –que elevan la pensión efectiva un 16,67% sobre la base anual–, el programa Imserso subvenciona viajes a mayores. Estos beneficios, aunque populares, incrementan el coste del sistema sin contrapartida contributiva. Cuando se añade que las pensiones de viudedad se conceden sin exigencia de cotización previa del beneficiario, la estructura recuerda a una ingeniería financiera donde los ingresos no cubren los compromisos. El cálculo detallado de la tasa de reemplazo y el déficit actuarial que algunos analistas manejan merece una revisión aparte.
El futuro, según los números
Los datos disponibles apuntan a un escenario de ajuste inevitable. Quienes más han cotizado serán los más perjudicados si llegan los recortes, como ya se anticipa en la discusión. A menos que se reforme en profundidad –alza de cotizaciones, retraso de la edad de jubilación o recorte de prestaciones–, el sistema acabará colapsando o requiriendo medidas drásticas. Pero hasta ahora, nadie se atreve a tocar el sacrosanto derecho de los pensionistas.