Debate por las narcolanchas vistas en el Guadalquivir
La imagen de lanchas rápidas navegando a plena luz del día en la desembocadura del Guadalquivir, difundida en redes, ha reabierto el debate sobre la impunidad del
narcotráfico en la costa andaluza. El mensaje inicial del hilo, publicado en un foro de economía, ironiza sobre la supuesta normalidad con la que operan estas embarcaciones: «Ahora mismo en LA SECTA. ESTE PVTO PAÍS ES DE CHISTE». La discusión derivó rápidamente hacia la falta de medios, la posible connivencia política y las soluciones legales, con posturas que van desde la legalización hasta el despliegue militar.
¿Por qué no se detiene a las narcolanchas?
La pregunta recorre todo el debate. Hay quien sostiene que el problema no es de medios, sino de voluntad política. «Tienen 3 turnos, un día parados, y ahora a hacer horas extras?», se pregunta un participante, sugiriendo que la actividad delictiva no descansa ni siquiera cuando hay operativos en marcha. Otro mensaje apunta directamente a la corrupción: «Ahí tiene que haber mogollón de políticos y policías untados hasta el tuétano». Estas afirmaciones, lanzadas sin pruebas en el calor de la discusión, reflejan una desconfianza profunda hacia las instituciones, pero no dejan de ser sospechas.
La falta de recursos es un argumento recurrente. Se menciona que solo tres de las siete embarcaciones del Servicio Marítimo de la Guardia Civil están operativas en la costa de Huelva, y que Vigilancia Aduanera dispone de dos patrulleros, ninguno apto para interceptar narcolanchas. La Guardia Civil habría solicitado desde octubre patrulleras de aluminio, ya que las de fibra no son «resistentes» para estas misiones. A esto se suma el archivo de causas por falta de recursos judiciales, un as en la manga de los narcos según las informaciones citadas.
El negocio del narcotráfico: ¿se puede parar?
La comparación con otros episodios históricos es inevitable. «¿Paró el tráfico de cocaína cuando se cargaron a Pablo Escobar?», pregunta un participante. «¿Paró el tráfico de alcohol cuando detuvieron a Al Capone?». La respuesta implícita es que la prohibición no acaba con el mercado negro. En ese sentido, se recuerda que durante la pandemia el narcotráfico fue considerado servicio esencial y no se detuvo. La legalización aparece como solución en varios mensajes: «La única solución legalizarla, cuando se legalizó el alcohol en USA se acabó gran parte de la mafia», argumenta uno. Otro añade: «Droga barata y que Darwin haga su trabajo». Frente a esto, se advierte que la legalización podría agravar problemas sociales existentes.
Medios insuficientes y donaciones a Marruecos
El contraste entre la falta de medios en España y las donaciones a Marruecos para vigilar sus fronteras es otro foco de indignación. Se afirma que el Gobierno ha donado 118 millones a Marruecos para material táctico, 400 coches policiales y 90 cámaras, mientras se escatiman recursos a la Guardia Civil. «Sánchez dio a Marruecos 400 coches policiales y 90 cámaras mientras escatima medios a la Guardia Civil», reza un mensaje. La sospecha de connivencia se extiende a la retirada de una unidad de élite de la Guardia Civil que, según un participante, estaba «llevando a los narcotraficantes a raya», y que fue desmantelada tras presiones marroquíes. Estas acusaciones no están verificadas, pero alimentan la teoría de un Estado que mira hacia otro lado.
La respuesta institucional: parches y promesas
Las medidas adoptadas hasta ahora se perciben como insuficientes. El Ayuntamiento de Elche aprobó un retén policial permanente contra las drogas ante la pasividad de la delegación del Gobierno. En Barbate, dos clanes se colaron en el cuartel de la Guardia Civil y dejaron tres agentes heridos, una semana después de que dos guardias civiles falleciesen embestidos por una narcolancha. Los Mossos d'Esquadra temen que las mafias de la marihuana corrompan a los poderes públicos, según un informe entregado a la Fiscalía. La sensación general es que el Estado va por detrás.
Soluciones imaginativas y escepticismo
Entre las propuestas más llamativas, una sugiere requisar las lanchas a los narcos y reutilizarlas: «¿Por qué cojones no requisan las putas lanchas con barcos de la Armada y acto seguido se las entregan a la GC, les ponen las pegatinas y luces azules, una ametralladora y ya, a perseguir a los que quedan?». Otro participante recuerda que existe un registro especial de embarcaciones neumáticas y semirrígidas de alta velocidad con condiciones leoninas, pero que los narcos no se dan de alta. La ironía sobre la eficacia de las medidas es constante: «Para controlar el tráfico de lanchas del estrecho no hay medios. Para tener encerrados en su casa a 45 millones de personas, sí».
El debate se cierra sin una conclusión clara. La sensación dominante es que el narcotráfico se ha convertido en una actividad cuasi normalizada en ciertas zonas, y que las soluciones propuestas —desde la legalización hasta la intervención militar— chocan con la realidad de un problema enquistado. Mientras tanto, las lanchas siguen navegando.