Del 25% de Die Linke al mito de la RDA y al ejemplo chino
El hilo se cansa de etiquetas y se pone a discutir si el comunismo funcionó alguna vez en algún sitio. Arranca con un correctivo al entusiasmo: alguien recuerda que Die Linke no ha sacado un
50% en Berlín, sino un
25%. A partir de ahí, comparaciones con China, Vietnam, Corea del Norte y la RDA, una tabla de población y dos enlaces, uno fuera de lugar.
Qué se ha sabido
Nadie trae estudio. Alguien trae tabla. Una intervención pega una comparación Berlín-Mecklemburgo-Pomerania Occidental con datos a
31-12-2025 y añade a lo ya dicho que los extranjeros son el
6,5% en Mecklemburgo, que la población con historia de inmigración —Einwanderungsgeschichte— llega al
35,8% en Berlín y se queda en el
8,7% en Mecklemburgo. Sin enlace.
Otro participante hace su propio cálculo de urbes: Berlín,
3,58 millones; la segunda ciudad alemana,
1,85; la tercera,
1,5; la cuarta,
1,07; el resto, en torno a medio millón. Choca con los
3,70 millones que circulan y nadie lo resuelve.
Un tercero asegura que en la RDA se vivía «bien y tranquilos con todo asegurado» y que la jubilación llegaba a los
55 frente a los
75 actuales. Sin fuente.
Y un liberal confeso sostiene que el fascismo se ha aplicado en cinco ocasiones —enumera seis países— y que en todas fue «un éxito rotundo» económico: Alemania, dice, pasó de
6 millones de parados a pleno empleo en un par de años; España, de la ruina a la
7ª potencia mundial. Reta a que le den ejemplos del éxito comunista.
Dos enlaces en todo el tramo. Uno es una noticia de El Mundo del
20/09/2026, pegada sin comentario:
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elmundo.es
El otro apunta a contenido para adultos y no tiene nada que ver con el debate.
Dónde está la bronca
Primero, el tamaño del resultado. El 25% frente al 50% celebrado. Unos relativizan la victoria, otros la dan por buena igual.
Segundo, China y Vietnam. Un participante los lanza como ejemplo y ahí salta todo. Unos dicen que ninguno de los dos es comunista, que eso es control social con otro nombre; otros, que el comunismo no funciona «ni siquiera haciendo trampas como en China». La réplica llega con planes quinquenales y con Corea del Norte como prueba de que, donde no llega Washington, el sistema tira. Y alguien exige una disculpa en nombre de más de mil millones de chinos.
Tercero, la RDA. Entra el argumento más incómodo para la izquierda clásica: el recuerdo de estabilidad, empleo y jubilación temprana frente al presente. A la vez, un participante despacha a Die Linke como neoliberal, y el hilo se queda sin saber a quién defiende cada cual.
Cuarto, el fascismo como vara de medir. Un liberal concede que funcionó económicamente y pide un ejemplo comunista equivalente. La respuesta es Corea del Norte y China, sin cifras.
Quinto, cómo se calcula el valor de las cosas. Un participante reproduce la fórmula clásica —de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad— y la remata a su manera:
yo soy capaz de poco y estoy muy necesitado. Su argumento es que expropiar los medios de producción deja al Estado sin la información de los precios y que la caridad no es lo mismo que la justicia impuesta.
Y de fondo, el voto. Un participante describe la coalición ganadora como jóvenes, sobre todo mujeres, y votantes musulmanes, y sostiene que los musulmanes europeos están dejando la socialdemocracia por la extrema izquierda. Enfrente, alguien afirma que en la mayoría de capitales europeas la población blanca ya es minoría oficial, sin padrón que lo respalde. Y otro sostiene que la factura de las ayudas la pagarán los que trabajan. Todo atribuido, nada documentado.
De mapa, un apunte: Le Pen lidera las encuestas nacionales en Francia, dice alguien, salvo en París y otras grandes ciudades.
Qué cambia respecto a antes
Se abandona la discusión sobre etiquetas y sobre cómo socializar sin violencia. Lo que entra es el historial: qué país demostró que el sistema funciona y cuál que no. La RDA aparece por primera vez, y con ella China, Vietnam y Corea del Norte. La tabla de población deja de ser un dato suelto y se convierte en herramienta del debate: sirve para explicar el voto y para ordenar quién vive dónde.
La predicción que se repite es la de siempre,
esta vez sí, y hay quien la firma como un chiste viejo. Aparece una nueva: la batalla real estará en el este y en las zonas de baja densidad, donde alguien cree que los votantes nativos están menos condicionados, no en Berlín. Nadie la respalda con nada.