Replicas irónicas al comunismo y dudas sobre su capacidad
Tras la pregunta por la capacidad de ejecutar el programa, el hilo deja a un lado el detalle de la vivienda y se desplaza a la comparación histórica. Las cifras del fracaso se multiplican en tono irónico, alguien responde con China, otro replica con el fascismo y la ultraderecha alemana, y el intercambio se cierra con una frase corta: «Ha ganado y perdido a la vez». En medio, descalificaciones a la ciudad y a otros foreros, y una duda que nadie contesta: si existen medios para sostener lo que se propone.
Qué se ha sabido
Los mensajes de este tramo, fechados todos el 21 de septiembre de 2026, no aportan enlaces ni documentos nuevos. El único material pegado con cierta extensión es un fragmento periodístico sobre el peso de la vivienda en la campaña berlinesa y sobre el límite a los alquileres públicos que la formación de izquierdas quiere aplicar desde el Gobierno regional; quien lo copia no lo acompaña de ninguna fuente adicional ni de ningún enlace. El resto del tramo es discusión pura.
En el terreno de las cifras, un participante sostiene que las «últimas 2 millones de veces» en que se ha aplicado el comunismo han terminado en ruina económica, aunque añade que «esta vez igual es diferente». Otro lleva el argumento al lado contrario y afirma que el fascismo ha fracasado en las 763 ocasiones anteriores en que se ha aplicado. Una tercera intervención sostiene que la renta per cápita media en China ronda los 10.000 dólares anuales y que cientos de millones de chinos han emigrado. Ninguna de estas tres cifras viene acompañada de fuente, de estudio ni de enlace, y se recogen aquí como afirmaciones de quien las escribe.
Hay además un participante que defiende que la diferencia con intentos anteriores está en las personas: sostiene que ahora hay «gente preparada y formada en la Universidad» al frente y compara ese perfil con el de dirigentes campesinos de otras épocas. Otro plantea que no existe ni extrema izquierda ni extrema derecha y que todos los partidos obedecen a los mismos intereses, una tesis conspirativa que no aporta ninguna prueba. Y un tercero responde a quienes defienden el modelo chino con una lista de cargos públicos a modo de contraejemplo.
Las posturas
El bloque que da el programa por inviable se apoya en dos ideas. La primera es que el control legal de precios no resuelve nada: «Que alguien piense que los problemas se solucionan con controles legales de precio, dice mucho de su inteligencia», escribe un participante. La segunda es de tipo antropológico: se sostiene que el comunismo es una utopía y algo antinatural, que compartir lo que uno tiene a cambio de nada responde a una sociedad enferma y que la ley del más fuerte es la única que sobrevive, con una referencia a los países vecinos. En esa misma línea, otro resume que no funcionará nunca y que quienes lo intenten «con su pan se lo coman», mientras un tercero zanja que Berlín es un caso aparte: «Berlin is different».
La réplica se organiza alrededor de China. Quien defiende el argumento comunista recibe una respuesta directa: que se lo cuenten a China. Otro participante matiza que el modelo chino funciona porque es un «comunismo capitalista» y que en sus formas puras, sin capitalismo de por medio, no hay manera de hacer funcionar nada; de ahí salta a la posibilidad de un fascismo democrático que sí funcione. El contraataque llega con una descripción del nivel de vida y de la emigración china, en un mensaje plagado de descalificaciones personales hacia quien había defendido ese modelo.
El espejo es la aportación más repetida: si el fracaso comunista se cuenta por intentos, el fascismo puede contarse igual, y el resultado se aplica a la ultraderecha alemana. A esa misma formación se la menciona con una pregunta —si no había ganado por ahí cerca— y con una respuesta que reúne nombres de cargos públicos para rebatirla.
Fuera del eje económico, un participante sostiene que la gente quiere soluciones y que ha elegido el camino que hace que las cosas funcionen aún peor, y habla de la tiranía de las mayorías frente a quienes defienden al individuo, a los que sitúa en minoría. Otra intervención describe Europa como un espacio esquizofrénico. Y hay quien se limita a comentar la identidad personal de la futura presidenta regional, en un mensaje que no aporta ningún argumento.
El tono se degrada en varios puntos: hay mensajes que describen la ciudad con términos despectivos, una propuesta de arrasarla y empezar de cero, una descripción de Berlín como lugar al que acuden votantes de izquierda y varios insultos directos entre usuarios, incluido uno que califica a otro de parásito. También aparece un comentario sobre quien echa de menos una etapa anterior.
Las cifras que circulan
Los números del fracaso se acumulan sin fuente: 2 millones de intentos arruinados según un participante, 763 fracasos del fascismo según otro, 10.000 dólares de renta per cápita china según un tercero. Ninguno de los tres aporta documento, enlace o estudio que respalde el cálculo.
Lo que cambia respecto a antes
La pregunta por la capacidad —si hay medios, presupuesto o suelo para sostener el programa— queda sin respuesta: nadie la retoma y el hilo se marcha hacia la comparación histórica. El argumento del control de precios, que había tenido su ejemplo sanitario, se sustituye ahora por una discusión sobre China y por el contador invertido del fascismo. Entra en escena la idea de que todos los partidos responden a los mismos intereses, sin pruebas que la sostengan, y se abre la distinción entre Berlín y el resto de Alemania. El detalle del programa berlinés, con su medida estrella sobre los alquileres públicos, deja de ser el centro del debate: se pega una vez y nadie lo discute.