La investigación sitúa los huesos de Colón en Sevilla, pero no de dónde era
La Universidad de Granada sostiene que la Catedral de Sevilla guarda restos auténticos de Cristóbal Colón. Con el catedrático de Medicina Legal José Antonio Lorente al frente, el equipo defiende que el análisis de ADN confirma lo que en 2005 era una simple «compatibilidad posible» y queda ahora «definitivamente afianzada». El desarrollo del hallazgo llega en el documental
Colón ADN. Su verdadero origen, emitido en La 1 de TVE el sábado 12 a las 22:25 horas, con la promesa de «reescribir la historia».
Lorente califica el dato de «exacto» y su fiabilidad de «prácticamente absoluta», replicada por varios laboratorios, y anuncia que el trabajo se publicará en una revista científica internacional. El estudio se apoya en el ADN de los restos de Colón, de su hijo Hernando —también enterrado en Sevilla— y de su hermano Diego, cuyos huesos se conservaban en La Cartuja.
¿Qué confirma el ADN de la Catedral de Sevilla?
El hallazgo estrecha, al menos documentalmente, una parte de la disputa. Desde hace décadas Sevilla y la República Dominicana se atribuyen los restos del almirante. La catedral hispalense conserva apenas unas pocas piezas, y el país caribeño sostiene que los huesos nunca salieron de allí, donde descansan en un mausoleo construido en 1992.
Lo que la nueva investigación no descarta es justamente eso: que los restos dominicanos sean también de Colón. «Ni están todos en Sevilla, ni están todos en República Dominicana», admite el propio Lorente, después de que las autoridades del país caribeño no le permitieran acceder a sus restos. La puerta queda abierta, y con ella media polémica.
El viaje de los huesos: de Valladolid a Santo Domingo y vuelta
Colón falleció en mayo de 1506 en Valladolid, pero su deseo era ser enterrado en La Española, el lugar al que llegó el 12 de octubre de 1492. Los restos viajaron a la actual República Dominicana hacia 1536 y se depositaron en la Catedral de Santo Domingo. Después, la Guerra de la Convención y el Tratado de Basilea dejaron la isla en manos francesas, y los huesos se trasladaron a Cuba.
Otra guerra perdida, la hispano-estadounidense de 1898, los devolvió a Sevilla. ¿Todos los huesos? Ahí empieza el cruce de versiones. Hay quien ironiza con que el verdadero milagro fue que los franceses no se hubieran llevado por delante el contenido de la catedral, y quien recuerda que el trasiego —dos veces el mismo destino— explica por qué faltan piezas.
¿De dónde era Colón? De Génova a Galicia, Cerdeña o Mallorca
El documental no se limita a resolver dónde están los restos: pretende hurgar en dónde nació, y contrasta las teorías que van más allá de Génova. Sobre la mesa, Cataluña, Galicia, Guadalajara, Ibiza y Mallorca.
Ríos de tinta merece la tesis gallega, que identifica a Colón con Pedro Madruga, conde de Camiña por sus servicios a Alfonso V de Portugal. Colón, por su parte, estaba casado con la noble Felipa Moniz de Perestrelo, prima de la esposa de Madruga. El argumento más repetido: Colón escribía en castellano con giros galleguistas, no hablaba ni escribía en italiano —ni siquiera al pedir dinero a banqueros genoveses— y su caligrafía coincide con la de Madruga. Frente a eso, la propia investigación descarta que sea Madruga, aunque no cierra la puerta a que sea otro gallego.
En el terreno más técnico se ha defendido también un origen sardo, vinculado a los Colón-Piccolomini y al Juzgado de Arborea, que el documental ni menciona. Su partidario más firme recuerda que el libro de cabecera de Colón era la
Historia Rerum Ubique Gestarum, el compendio geográfico del humanista Eneas Silvio Piccolomini. Contra eso pesa un detalle incómodo: si su familia estaba condenada por traición, ¿qué escudos iba a exhibir sin delatarse?
El cierre más discutido: el origen judío
Varios participantes sostienen que el documental cierra apuntando a un origen judío sefardí de Colón, apoyándose en probabilidades de población de zonas como Córcega, la península itálica y el levante español. Un cierre que provoca un alud de reparos: se sostiene que a esa hipótesis no se le aplican las mismas pruebas genéticas que al resto, y que los marcadores concretos ni siquiera llegan a mostrarse.
En el lado de los apoyos, se recuerda que uno de los financieros del primer viaje, Luis de Santángel, era un judío valenciano, y que Bartolomé de las Casas, biógrafo y transcriptor de sus papeles, procedía de una familia de origen converso. El propio Colón declaró descender de cuatro almirantes de Castilla, lo que a juicio de varios analistas casa mal con un origen judío.
Las dudas sobre el método: ¿hace falta un panel internacional?
El asunto no está zanjado. Hay quien pide que certifique un panel científico internacional no español, para evitar un conflicto de intereses, y quien responde que los datos genéticos ya han sido replicados por varios laboratorios. También cunde el escepticismo sobre si un documental televisivo es el formato adecuado para presentar datos genéticos: se reclama el artículo, con sus marcadores y sus tablas, antes que el montaje audiovisual.
Sobre el papel, la investigación se publicará. Sobre la mesa queda una pregunta incómoda: por qué un hallazgo de esta magnitud espera a la televisión antes que a la revista.
El ADN estrecha el cerco sobre dónde están los huesos de Colón. No dice dónde nació el hombre. Y en ese hueco —entre una catedral, un mausoleo caribeño y media docena de teorías— el enigma sigue tan abierto como antes del sábado.