La UE propone recortar a 27 días la pesca de arrastre en el Mediterráneo
El sector pesquero español califica de «burla» que Bruselas proponga reducir los días de faenar de 133 a 27. La propuesta de la Comisión Europea para 2025 ha caído como un mazazo en los puertos del Mediterráneo. La Cofradía de Pescadores Sant Pere del Grao de Castellón lo resume sin paños calientes: «es más que inviable». Con 140 días, dicen, aún se apañaban; con 27, la única salida es el amarre.
La medida no es un rayo en cielo despejado. Llega después de años de advertencias sobre el estado de los caladeros. Quienes faenan a diario sostienen que el mar está esquilmado y que las capturas se han desplomado. Pero también denuncian que Bruselas aplica la tijera solo a los barcos europeos mientras permite que terceros países sigan arrasando el fondo con redes más agresivas. El resultado, argumentan, no es un mar más sano, sino una flota europea dependiente de importaciones.
El arrastre, en el punto de mira
La pesca de arrastre es la técnica más cuestionada. Sus redes barren el fondo marino y capturan todo lo que encuentran a su paso. Hay quien la defiende con matices: los barcos que han invertido en artes selectivas dejan pasar el pescado pequeño y recogen basura del fondo. Otros, en cambio, piden su prohibición total. «Ibas a pescar con caña y nada, todo lo habían arrasado los barcos de arrastre», relata alguien que ha sufrido la competencia en primera línea.
El problema no es solo la técnica. Es el volumen. Años de presión sobre el Mediterráneo han dejado caladeros que antes garantizaban una captura casi segura. «Antes ibas una noche a pescar y siempre te llevabas algo; ahora ya no vale la pena», resume un pescador aficionado. La lubina, dicen, ni se ve; las herreras son un milagro y las doradas han tomado el relevo por pura escasez de las especies habituales.
El calendario: de 133 a 27 días
La propuesta de la Comisión Europea para 2025 plantea reducir los días de faenar de 133 a 27. Es un recorte del 80% de un año para otro. El sector lo considera una condena a muerte. «Con 140 días aún nos hemos apañado», señala el patrón mayor de la Cofradía de Pescadores Sant Pere del Grao de Castellón, Manu Peña. La cifra no es un detalle menor: hablamos de que los barcos podrían faenar menos de un mes al año.
Bruselas justifica la medida en la sostenibilidad del stock. El Gobierno, La Moncloa y las cofradías catalanas se han opuesto frontalmente. La propuesta inicial era aún más restrictiva, pero el texto final incluye una puerta abierta: los días podrían aumentar si se adoptan prácticas más sostenibles, como cambiar las redes. No especifica cuántos días más ni bajo qué condiciones exactas. El sector lo interpreta como un parche.
El argumento de la competencia desleal
Una de las críticas más repetidas es que la UE aplica la tijera solo a los suyos. Mientras los barcos europeos ven recortados sus días, Marruecos y Argelia siguen faenando sin las mismas restricciones. «Van a prohibir los barcos arrastreros españoles pero van a permitir que otros sigan arrasando el mar», resume una de las posturas más repetidas. El temor es que Europa termine importando pescado capturado con métodos que aquí se prohíben.
El diputado Rubén Darío Vega, portavoz de la Comisión de Agricultura, Pesca y Alimentación, denunció en 2021 la «demonización» de la pesca de arrastre y advirtió de que beneficiaría a Argelia y Marruecos. La advertencia no ha caído en saco roto. Quienes defienden al sector señalan que la dependencia exterior no es solo pesquera: afecta a la agricultura, la ganadería y la industria. «Se limita la pesca, la agricultura y la ganadería, los coches, la industria... no sé de qué vamos a vivir», resume una de las intervenciones.
El impacto en el bolsillo
Menos pesca europea significa más importaciones. Y más importaciones significan precios más altos y menor control sobre la calidad. «Si eliminas el pescado de arrastre se genera una inflación que haría que para comerse un San Martín habría que ser clase alta», advierte un análisis. Las gambas y decápodos que se pescan al arrastre también desaparecerían de las pescaderías asequibles. El pescado fresco, advierten, se convertiría en un producto de lujo.
La paradoja es que mientras se restringe la pesca europea, se fomenta la importación de productos que no cumplen los mismos estándares. «Prohibir la pesca de arrastre no tiene sentido si nuestros competidores y futuros proveedores van a seguir usando arrastre», señala una de las críticas más lúcidas. El ecologismo, argumentan, se usa como coartada moral para fines comerciales que nada tienen que ver con la sostenibilidad.
La sombra de la agenda política
Más allá del debate técnico, sobrevuela la sospecha de un plan más amplio. «Muchos se creían que el lema de no tendrás nada y serás feliz de la agenda 2030 era una broma», apunta alguien. La coincidencia temporal con el acuerdo UE-Mercosur ha alimentado teorías sobre un desmantelamiento deliberado del sector primario europeo. «Lo traerán todo de Chile y Argentina», vaticina un mensaje. La realidad es que el acuerdo con Latinoamérica se firmó poco antes de conocerse la propuesta pesquera.
La cuestión de fondo es si Europa quiere depender de terceros para alimentarse. «Estamos convirtiendo Marruecos en una potencia agraria, ganadera y pesquera gracias a que no tiene que seguir todas las estúpidas regulaciones europeas», señala un análisis. La pregunta que queda en el aire es qué pasará cuando esos proveedores tengan la sartén por el mango. Porque entonces, advierten, el chantaje alimentario será la norma.
¿Qué pasa con los barcos que ya no pueden faenar?
La reducción de días no solo afecta a la rentabilidad. Afecta a la supervivencia de las empresas. Los barcos de arrastre del Mediterráneo tienen costes fijos: hipotecas, seguros, mantenimiento, tripulación. Con 27 días de faena, esos costes son imposibles de cubrir. Algunos ya han invertido en artes selectivas para adaptarse a las exigencias europeas. «Su familia tiene dos barcos de arrastre medio-grandes y se han gastado mucho dinero en artes que no dañen el fondo marino», relata alguien que conoce el caso.
El resultado previsible es el abandono de la actividad. Los barcos que no puedan adaptarse se venderán, se cambiarán de bandera o se desguazarán. «Los barcos del Mediterráneo no están diseñados para faenar allí, se cambiarán de bandera y seguirán pescando igual», ironiza un mensaje. La paradoja final: la flota europea desaparece, pero el pescado sigue saliendo del mar, solo que bajo otra bandera.