La solución austriaca que España no aplica
En Viena, un tercio del parque residencial lleva décadas fuera del mercado especulativo. En España, el debate público sobre la vivienda se ha convertido en un intercambio de reproches donde cada cual culpa al adversario político de un problema que lleva veinte años sin solución. La discusión arranca con una pregunta incómoda: ¿por qué no se copia el modelo austriaco de vivienda social? La respuesta que emerge no es técnica, sino política.
Qué es el modelo austriaco de vivienda pública
El sistema vienés combina construcción pública con compra directa de inmuebles para frenar la especulación. Funciona desde después de la Segunda Guerra Mundial y ha creado un parque de vivienda social que en Austria se ha mantenido durante décadas. La clave, según quienes defienden el modelo, es que <B>no se improvisa de un día para otro</B>: requiere décadas de inversión sostenida y un marco legal que impida que esas viviendas acaben en el mercado libre.
El problema, apuntan análisis más escépticos, es que el contexto austriaco no es exportable sin más. Austria tiene una estructura productiva y fiscal distinta, y su crecimiento de las últimas cuatro décadas ha sido calificado de raquítico. Copiar solo la parte de vivienda social sin el resto del modelo es lo que un participante llama «cherry picking de los rojos».
Por qué no se construye vivienda pública en España
La acusación más repetida es que en España no se ha hecho «una mierda de
vivienda pública». Los datos que se manejan apuntan a que desde 2008 apenas hay obra nueva: se visaban más viviendas en 2006 que en Alemania, Francia e Inglaterra juntas, y hoy el ritmo es una fracción de aquello. El resultado es un parque envejecido y una oferta que no crece al ritmo de la demanda.
¿Por qué no se construye? Los argumentos se cruzan. Unos señalan los nuevos requisitos medioambientales y los costes de construcción, que hacen inviable promover a precios asequibles. Otros apuntan al precio del suelo, pensado para operaciones con rentabilidades que ya no existen. Y hay quien sostiene que el problema no es de oferta, sino de que <B>sobran viviendas en Soria, Teruel o León</B> mientras faltan en Madrid y Barcelona.
El elefante en la habitación: inmigración y listas de espera
Una parte del análisis vincula directamente la presión sobre la vivienda pública con la llegada de población migrante. Se argumenta que el sistema austriaco funcionó mientras los beneficiarios eran autóctonos, y que la llegada masiva de nuevos residentes ha desbordado las listas de espera. Se cita el caso de Escocia, donde el sistema habría funcionado hasta 2005 y ahora las esperas serían de cinco años.
Esa lectura convive con otra que la rechaza de plano: el problema no es quién llega, sino que no se construye lo suficiente. Y con una tercera que apunta a los baremos de adjudicación, que dan prioridad a familias con más hijos y menos ingresos, lo que en la práctica concentra la vivienda social en los mismos perfiles en cualquier comunidad autónoma, gobierne quien gobierne.
Los que ya han vivido en un bloque público
La experiencia directa introduce matices que los datos no capturan. Quien ha conocido bloques de vivienda pública por dentro describe una mezcla de realojos, etnias y gente normal que, agitada en un mismo edificio, produce resultados desiguales. Se menciona el caso español de las VPO con porcentajes obligatorios de realojos, que acababan provocando que los inquilinos con recursos salieran por patas.
El diagnóstico es incómodo: <B>el que trabaja paga y el que no, vive gratis</B>. Esa asimetría, sostienen, es la que vacía de clase media los bloques públicos y los convierte en guetos. El modelo austriaco, en teoría, evita eso con criterios de acceso más amplios y menos estigmatizantes. En la práctica, los críticos dudan de que sea replicable.
La vivienda como arma política
El trasfondo del debate es la sospecha mutua. Unos creen que la izquierda no construye porque prefiere mantener la dependencia del voto cautivo. Otros responden que fue el PP quien más vivienda social ha hecho y que la burbuja inmobiliaria de Zapatero y Sánchez empobreció a los trabajadores. Cada cual tiene su culpable: Franco, Felipe González, Aznar, Zapatero, Sánchez.
Mientras tanto, la conclusión que se impone es la más incómoda: <B>no caben todos</B>. Más demanda que oferta, precios que suben, listas de espera que se alargan. El modelo austriaco funciona donde funciona porque hay un consenso político que en España no existe. Aquí, cada elección convierte la vivienda en arma arrojadiza. Y así llevamos veinte años.