IQ y libertad económica: el modelo que explica el 80% de la renta
Un modelo de regresión con dos variables —el cociente intelectual medio de la población y el índice de libertad económica— explica más del 80% de las diferencias de renta per cápita entre 50 países europeos y africanos, según un forero que lo presenta como un ejercicio replicable con ayuda de una IA generativa. El dato ha reabierto la discusión sobre qué determina de verdad la riqueza de las naciones. La conclusión que extrae su autor es incómoda: para ser rico hay que ser capitalista y tener una población inteligente. Los recursos naturales, en cambio, no salen significativos en el modelo.
El R² supera el 0,8, lo que significa que todos los demás factores —educación, instituciones, geografía, suerte histórica— explicarían menos del 20% restante. El autor del análisis lo defiende como «más replicable y veraz que la mayoría de papers que se publican en las universidades». La muestra incluye 20 países europeos (Alemania, Austria, Bélgica, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Suecia) y 30 africanos (Sudáfrica, Nigeria, Kenia, Egipto, Etiopía, Ghana, Argelia, Tanzania, Uganda, Botsuana, Zambia, Namibia, Zimbabue, Marruecos, Angola, Senegal, Sudán, Mozambique, Libia, Túnez, Malawi, Mali, Camerún, Madagascar, Níger, Chad, República Centroafricana, Somalia, Burkina Faso, Sierra Leona).
¿Qué mide exactamente el modelo?
La variable dependiente es la renta per cápita. Las independientes, el IQ promedio nacional y la puntuación en el índice de libertad económica. Con esas dos patas, el ajuste es notable. El autor insiste en que la educación no es significativa: «gastar pasta en educación no sirve para nada». También descarta los recursos naturales: al meterlos en el modelo, no resultan significativos.
Hay quien señala que el IQ es un proxy problemático. Un participante recuerda que «cuando se realizaron las primeras pruebas de iq las poblaciones modernas occidentales tenían un iq en rango 70s/80s», y que fue después de mejoras en alfabetización y comunicaciones cuando esos valores subieron. Es decir, el IQ medido no es una constante genética, sino que responde a condiciones materiales. Eso introduce una posible causalidad inversa: la riqueza podría elevar el IQ medido, no solo al revés.
El contraejemplo del petróleo
Qatar, con una teocracia y un IQ medio que no destaca, nada en el recurso más demandado del mundo. El autor lo despacha como parte del 20% no explicado: «son la excepción, no la norma». Pero la excepción es incómoda.
Venezuela y Guinea Ecuatorial también tienen petróleo y no son ricas. La diferencia, se argumenta, es que para aprovechar el crudo hace falta un mínimo de libertad económica y de ausencia de corrupción.
La maldición de los recursos aparece en la discusión: países con abundancia de materias primas tienden a la inestabilidad y a la tiranía. Noruega lo hizo bien; Nigeria, no. La clave no es tener recursos, sino la capacidad institucional para gestionarlos. Y esa capacidad, a su vez, podría depender del IQ medio y de la libertad económica, como sugiere un participante al citar la «complejidad económica»: las economías ricas son diversas y producen bienes exclusivos.
España: IQ decente, libertad escasa
El caso español centra buena parte del intercambio. El autor sitúa el IQ español en 97, «bastante decente». El problema, dice, es «la falta de libertad económica». Otros añaden que el nivel educativo no acompaña y que el IQ «va cuesta abajo y sin frenos» por la inmigración. Esa última afirmación es una opinión atribuida, no un hecho contrastado.
El contraargumento llega desde dentro: «Conozco ingenieros, informáticos y conocidos de alta inteligencia que se sacaron las carreras casi sin estudiar... Sin embargo, eran gente ANALFABETA FUNCIONAL que en su puta vida habían abierto otro libro». La inteligencia medida no garantiza inquietud cultural ni comprensión del mundo. Y eso, sostiene, también afecta a la productividad y a la innovación.
La trampa de la variable omitida
El modelo tiene un problema técnico señalado en la discusión: no incluye interacción entre IQ y libertad económica. «Es posible que iq explique libertad o a la inversa», apunta un participante. Si se añade esa interacción, el R² subiría, pero también la multicolinealidad. Además, el R² no es la única medida: habría que mirar el AIC y los valores p de cada variable.
La crítica más dura apunta a la fuente de los datos: el índice de libertad económica está elaborado por una fundación vinculada al partido republicano estadounidense, y los rankings de IQ tienen sesgos conocidos. «Una paja mental totalmente sesgada para probarte a ti mismo las ideas que ya tenías», resume un mensaje. El autor responde que el modelo es replicable y que cualquiera puede pedirle a la IA que lo reproduzca.
El factor que no se mide
Hay una variable que ningún modelo recoge: la moral. «El problema de España es moral», sostiene un participante. Otros hablan de la «mentalidad socialista» como lastre. La discusión deriva hacia lo cultural: la ausencia de complejo, la propaganda histórica, la falta de ambición. Son factores difíciles de cuantificar, pero que muchos consideran determinantes.
Al final, el modelo deja una pregunta abierta: si el IQ y la libertad económica explican el 80% de la renta, ¿qué hay en el 20% restante? ¿La suerte? ¿La geografía? ¿La cultura? ¿O simplemente los errores de medición de un modelo demasiado simple para capturar la complejidad del mundo real?