La refinería de Orsk echa el cierre y Rusia mira al combustible importado
El ataque con drones ucranianos ha logrado parar una de las mayores refinerías de Rusia. La planta de Orsk, en la región de Oremburgo, ha suspendido operaciones y el gobernador Yevgeny Solntsev lo ha admitido: «La planta ha sido clausurada por completo. Nos estamos preparando para el peor de los casos». La prensa rusa habla ya de depender de combustible importado.
Seis meses de reparaciones y un problema de equipos importados
El golpe no es solo el dron: según el gobernador, las reparaciones tardarán hasta seis meses por la dificultad de reemplazar el equipamiento extranjero. Un país petrolero sin repuestos es la ironía que persigue a la economía rusa. Las autoridades ya reestructuran la logística de combustible, que es como se dice oficialmente que tocará comprar fuera.
El dato que descoloca: PIB al alza y gasolina a 68 rublos
Frente al cierre de Orsk se levanta la lectura oficialista: el PIB ruso crece más de un 1% este trimestre y en Moscú el litro de gasolina cuesta 68 rublos, unos 0,70 euros. «Cuantas más refinerías reventadas, más baja la gasolina», ironizan los que ven la mano de la propaganda. La otra corriente sostiene que el problema es menor frente a la destrucción que Rusia inflige en Ucrania.
¿Y Putin?
Ningún análisis termina de encajar la pieza. Unos dicen que Putin no para la guerra porque su orgullo lo tiene atrapado; otros aventuran un golpe de mano en otoño con armamento no convencional. Ni lo uno ni lo otro está confirmado. Lo que queda es un país con una de sus refinerías clave parada seis meses y un crecimiento que, según el relato oficial, no se inmuta. Algo no encaja.