Ceuta y Melilla: el espejismo de su valor estratégico para Marruecos
Cada día, miles de personas cruzan la frontera del Tarajal para trabajar en la economía sumergida de Ceuta, hacer compras en el Lidl o revender productos en pueblos marroquíes cercanos. La ciudad autónoma es, para muchos, un motor económico para la región marroquí colindante. Pero, ¿qué peso real tienen estos dos enclaves en la estrategia de Rabat?
Interés táctico frente a valor real
Una de las tesis que circula con fuerza es que Marruecos no otorga un valor económico significativo a Ceuta y Melilla. Su reivindicación sería más un instrumento de presión diplomática y de chantaje político para obtener fondos de la Unión Europea, que una ambición territorial genuina. El verdadero objetivo marroquí serían los 200.000 kilómetros cuadrados del Sáhara Occidental, con sus recursos pesqueros, fosfatos y su extensa costa. Las dos ciudades españolas, por sí mismas, carecerían de atractivo económico más allá de ser una puerta de entrada a Europa.
La paradoja de la dependencia
Sin embargo, otra corriente señala la paradoja: Ceuta genera un importante flujo económico en la zona norte de Marruecos. Desde trabajadores transfronterizos hasta el comercio informal, la ciudad es un polo que dinamiza la economía local marroquí. Además, el crecimiento de la población de origen marroquí en las ciudades –muchos con doble nacionalidad– podría funcionar como un caballo de Troya demográfico a largo plazo. Para esta visión, Rabat no tiene prisa porque el tiempo juega a su favor.
El factor Gibraltar
El paralelismo con Gibraltar es inevitable. Para España, el Peñón tiene un valor simbólico y estratégico que desborda lo económico. Del mismo modo, para Marruecos, Ceuta y Melilla representan una cuestión de soberanía nacional e influencia regional. Pero a diferencia de Gibraltar, que controla una de las rutas marítimas más transitadas del mundo, las ciudades autónomas españolas carecen de una relevancia geoestratégica comparable. Quedarse con ellas no alteraría el equilibrio de poder en el Estrecho, salvo por el hecho de quitárselas a España.
El dato que descoloca: mientras el debate se centra en el valor de dos ciudades, el Sáhara Occidental –con sus 200.000 km² y sus riquezas– sigue siendo la verdadera obsesión de Marruecos. Las plazas de soberanía son, quizá, una moneda de cambio en un tablero mucho más grande.