La izquierda en el embudo (Ignacio Camacho en El ABC)

La izquierda en el embudo (Ignacio Camacho en El ABC)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Las fuerzas de izquierda libran una competencia interna por colocarse en los puestos altos de las listas electorales, conscientes de que un mal resultado les dejaría fuera del Congreso. El columnista Ignacio Camacho describe en ABC esa pugna como una carrera por blindarse el futuro con un acta parlamentaria.

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Las fuerzas de izquierda libran una competencia interna por colocarse en los puestos altos de las listas electorales, conscientes de que un mal resultado les dejaría fuera del Congreso. El columnista Ignacio Camacho describe en ABC esa pugna como una carrera por blindarse el futuro con un acta parlamentaria.

El columnista Ignacio Camacho publicó el 16 de octubre de 2026 en ABC un artículo titulado «La izquierda en el embudo». En él describe cómo las formaciones de izquierda atraviesan un momento de competencia interna por asegurarse un puesto en las listas electorales, ante el temor a quedarse fuera del Congreso si los pronósticos adversos se confirman.

Un contrato de cuatro años con fuero propio

Camacho subraya que pocos empleos en España ofrecen un contrato de cuatro años con fuero de inmunidad e inviolabilidad. La jurisprudencia sobre el mandato representativo establece que el diputado electo es depositario individual de la voluntad de los ciudadanos, de modo que nadie puede desposeerlo de esa condición aunque abandone la formación política por la que accedió al cargo. El salario, señala, equivale al de un directivo de nivel medio o un alto funcionario, pero el puesto no exige otra cualificación que la disciplina demostrada a los dirigentes del aparato.

Para la mayoría de los ciudadanos, el único candidato que importa es el que encabeza la lista de Madrid, emplazamiento tradicional de los aspirantes a la presidencia del Gobierno. En las autonomías suelen ir por sus provincias de arraigo, pero a escala nacional impera el prestigio simbólico de la capital. El resto de puestos son secundarios. Para los políticos profesionales, en cambio, la inclusión en los puestos altos de la papeleta constituye una cuestión existencial, una fe de vida.

El PSOE y el Frente Amplio, cada uno en su pulso

En el seno del PSOE se libra una batalla con vistas a tomar posiciones en la oposición o asegurarse una ventaja en el poder si alguna carambola sorpresiva hace sonar la flauta. En el llamado Frente Amplio, denominación que Camacho califica de notable euforia semántica, la cosa está bastante más apretada. Hay demasiados grupos en la negociación de alianzas, demasiados sabotajes del clan de Galapagar y demasiada gente en la pugna por un acta.

El columnista describe esa última salida laboral como penúltima, porque quedan las municipales si los cinco ministerios de Sumar se evaporan en la previsible alternancia. El sentimiento de superioridad democrática y la convicción de hallarse en el lado correcto de la historia no siempre bastan para garantizar una plaza parlamentaria.

Cuando las encuestas achican las expectativas

El problema surge cuando las expectativas de las siglas propias se achican y las encuestas pronostican un mal resultado. Entonces sobreviene una clase de pulso cainita en que los compañeros se vuelven adversarios en la competencia por sortear el atasco. Camacho enmarca así la situación actual de las fuerzas de izquierda: el sedicente progresismo anda en horas bajas y su nomenclatura no disimula la contienda por colocarse en las planchas.

La descripción se apoya en una realidad del sistema electoral español: el escaño se conquista en circunscripciones provinciales y quien no figura en los puestos altos de la lista queda fuera del reparto. De ahí que la preselección se convierta en un sinvivir de angustia para quienes esperan la llamada del líder del partido comunicándoles una plaza preferente en su núcleo de confianza.

Datos clave
  • Ignacio Camacho publicó «La izquierda en el embudo» en ABC el 16 de octubre de 2026.
  • El artículo describe la pugna interna en el PSOE y en el Frente Amplio por asegurarse un acta del Congreso.
  • El escaño otorga cuatro años de mandato con fuero de inmunidad e inviolabilidad, según la jurisprudencia sobre el mandato representativo.
  • El salario de diputado equivale al de un directivo de nivel medio o un alto funcionario, según el columnista.
  • Los cinco ministerios de Sumar podrían evaporarse en una previsible alternancia, lo que empujaría a muchos a competir por un puesto en las listas.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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La izquierda en el embudo​

16/10/2026

Ignacio Camacho-ABC​

  • El sedicente ‘pogre’ anda en horas bajas y su nomenclatura no disimula la pugna por blindarse el futuro con un acta parlamentaria

Para la inmensa mayoría de los ciudadanos, el único candidato electoral que importa es el que encabeza la lista de Madrid, tradicional emplazamiento de los aspirantes a la presidencia del Gobierno. (En las autonomías suelen ir por sus provincias de arraigo o de nacimiento, pero a escala nacional impera aún el prestigio simbólico de la capital del Reino). El resto son secundarios, subalternos de relleno. Para los políticos profesionales, sin embargo, la inclusión en los puestos altos de la papeleta, los que tienen posibilidad de convertirse en asientos del Congreso, constituye una cuestión existencial, una fe de vida, un certificado de pertenencia a esa élite que se autopercibe como un grupo selecto en cuyas manos se encuentra el destino de un país entero. Y estos días de preselección se convierten en un sinvivir de angustia para ellos, pendientes de que el dedo del líder del partido marque su número de teléfono para comunicarles que han sido agraciados con una plaza preferente en su núcleo de confianza más estrecho.

Pocos empleos hay en España que ofrezcan un contrato de cuatro años. Con fuero de inmunidad e inviolabilidad y además blindado porque la jurisprudencia sobre el mandato representativo establece que el fruta electo es el depositario individual de la voluntad de los ciudadanos, y por tanto nadie puede desposeerlo de esa condición aunque abandone la formación política en cuya nómina haya accedido al cargo. El salario es de un directivo de nivel medio o de un alto funcionario pero el puesto no exige otra cualificación que la de una disciplina demostrada a los dirigentes del aparato; tampoco da demasiado trabajo en la mayor parte de los casos y permite asistir a los grandes debates nacionales en primer plano. En las circunscripciones pequeñas proporciona también un cierto estatus fruta ante los paisanos. El problema surge cuando las expectativas de las siglas propias se achican y las encuestas pronostican un mal resultado. Entonces sobreviene esa clase de pulso cainita en que los compañeros se vuelven adversarios en la competencia por sortear el atasco.

En esa tesitura se mueven ahora las fuerzas de izquierda. El sedicente ‘pogre’ anda en horas bajas y su nomenclatura no disimula la contienda por intoxicarse en las planchas. En el seno del PSOE se libra una batalla con vistas a tomar posiciones en la oposición o asegurarse una ventaja en el poder si alguna carambola sorpresiva hace sonar la flauta. En el llamado Frente Amplio, denominación de notable euforia semántica, la cosa está bastante más apretada; hay demasiados grupos en la negociación de alianzas, demasiados sabotajes del clan de Galapagar y demasiada gente en la pugna por un acta, última salida laboral –bueno, penúltima: quedan las municipales– si los cinco ministerios de Sumar se evaporan en la previsible alternancia. El sentimiento de superioridad democrática y la convicción de hallarse en el lado correcto de la historia no siempre bastan para garantizar una plaza parlamentaria.
 

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