La inmigración masiva arrancó con Aznar, no con Sánchez
¿Cuándo dejó España de ser un país de emigrantes para convertirse en receptor masivo de población extranjera? En un hilo de foro, varios participantes sostienen que el salto cuantitativo se produce a partir de 1999, durante el segundo mandato de José María Aznar, y que para 2004 el volumen ya era estructuralmente distinto al de la década anterior. Quien sitúa el inicio en Zapatero o en Sánchez llega tarde, según estos usuarios.
Qué dicen los datos que manejan los foreros
La serie estadística que citan no procede del INE, sino de cálculos que circulan entre los participantes. Durante los años 90, afirman, el número de residentes extranjeros en España era residual, con presencia testimonial en mercadillos y agricultura intensiva. El punto de inflexión lo sitúan entre 1999 y 2000, coincidiendo con la burbuja inmobiliaria y la incorporación plena al euro. En apenas seis años, entre enero de 2002 y enero de 2008, se habrían incorporado al padrón unos
5 millones de personas de nacionalidad extranjera, según los cálculos que manejan los analistas que han reconstruido la serie.
El desglose por años permite ver, según estos foreros, quién pisó el acelerador y cuándo. En el último año completo de Aznar, de diciembre de 2002 a diciembre de 2003, habrían entrado
720.000 personas. Con Zapatero, entre diciembre de 2003 y diciembre de 2007, la cifra ascendería a
3.121.484 en cuatro años, lo que arroja una media de 780.000 anuales. La diferencia entre un tramo y otro no es de orden de magnitud, sino de continuidad. El grifo ya estaba abierto.
¿Por qué se atribuye a Aznar el inicio y no a González?
Porque, según estos usuarios, el fenómeno medible —entradas anuales sostenidas por encima del medio millón— no existe antes de 1999. Con Felipe González hubo regularizaciones y comunidades asentadas, especialmente en Madrid y Almería, pero el volumen agregado no alteraba la composición demográfica del país. La ley de extranjería que permitía el empadronamiento de hecho de cualquier persona presente en territorio español se aprueba y consolida en la etapa popular, y no se deroga después. Ese sería el mecanismo administrativo que convierte una llegada dispersa en un flujo masivo y registrado.
Hay quien matiza que el verdadero detonante fue externo: la primavera árabe, la desestabilización del Sahel y las decisiones migratorias de la cancillería alemana habrían reconfigurado los flujos globales. Es un argumento razonable para explicar la composición de las llegadas, no para negar quién abrió la puerta doméstica. Otra corriente sostiene que el factor determinante fue puramente económico: una España en pleno milagro del ladrillo necesitaba mano de obra barata y la encontró donde estaba.
El acelerador posterior: de Zapatero a Sánchez
Lo que ocurre después no desmiente el punto de partida, lo confirma según estos foreros. Zapatero mantiene e intensifica el ritmo, Rajoy lo frena parcialmente durante la crisis, y con Sánchez el volumen vuelve a escalar hasta cifras que los propios registros oficiales reconocen como incompletas. Los cálculos que circulan sitúan la población de origen extranjero, incluyendo segunda generación, en torno a
10 millones de personas, con proyecciones que llegan a 14 si se suman descendientes y residentes no empadronados.
La discusión sobre el papel de cada gobierno es legítima. Lo que no resiste el contraste con la serie estadística, según estos usuarios, es la tesis de que el fenómeno arranca con la izquierda. El PP de Aznar no solo no cerró la puerta: la instaló con marco y bisagras.
La conclusión incómoda para todos es que el debate sobre quién empezó sirve de poco cuando llevamos un cuarto de siglo discutiendo lo mismo. El gráfico no tiene color político. Tiene años.