En todo este asunto hay serias dudas de fondo.
En primer lugar, eso de regalar nacionalidades a gente que se limite a declarar que tiene un antecesor español ya es bastante preocupante. Pero todavía más lo es el regalárselas a gente que ni siquiera ha residido, está residiendo, o va a residir en España.
Donde Antonio y sus esbirros querían hacer la trampa es en la manipulación del censo al incluir a esos nuevos españoles no residentes en España en Provincias o Municipios de forma arbitraria, siguiendo el criterio de sus intereses y, oh casualidad, en zonas sensibles en donde unos pocos votos manipulados por los rojos pueden producir alteraciones muy significativas en los resultados electorales. En Madrid, por ejemplo, estos nuevos españoles podrían privar a la bella Isabel Díaz Ayuso de su mayoría.
Tendría que haberse controlado, en primer lugar, si el antecesor español realmente existe y si cumple los requisitos de la Ley.
Y en segundo lugar, la procedencia del antecesor.
Eso de incluir a gente que no vive en España en el censo ya resulta preocupante y a cacicada, porque deja claro que estamos alterando mayorías electorales con intenciones nada buenas. Lo mínimo que habría que exigir a los futuros votantes sería una residencia auténtica, estable y con cierta antigüedad en territorio español: pero el pucherazo no requiere tan exquisitos controles de legalidad.
A los rojos se les ve muy nerviosos. Ya que no hay suficientes rojos nativos quieren regalar nacionalidades a cascoporro en su creencia de que esos nacionalizados van a votar sociatismo o comunismo: pero si hasta ahora se habían limitado a hacerlo con antiguos forasteros ilegales ahora se han propuesto ir mucho más allá. Por suerte el Supremo ha decidido suspender cautelarmente la cacicada para evitar males mayores.
A los rojos les han fastidiado el caladero de votos.
Pero es que hay más. Se sospecha que los consulados en donde se han alistado masivamente estos nuevos españoles, que coinciden con zonas comunistoides de Letrinoamérica (Bananazuela, Cuba y Buenos Aires) no sólo han tenido la mano muy ligera a la hora de tramitar estas solicitudes sino que podrían estar implicados en la segunda parte de la operación, que consistiría en una falsificación masiva de votos, como el embeleco del voto por correo pero a un volumen industrial. Nadie podría comprobar si esos nuevos españoles habían votado o si alguien lo había hecho por si mismos. Sacas de votos manipulados en origen podrían, así, entrar en las urnas españolas. Eso es pensar mal pero a la vista de los precedentes y con estos rojos del desgobierno antiespañol puede uno esperarse lo peor y más allá, en abundancia.