La EPA deja 17,6 millones de ocupados y 17,4 millones de mantenidos
¿Cuántos españoles trabajan de verdad y cuántos viven de ese trabajo? La Encuesta de Población Activa del cuarto trimestre de 2023 ofrece una foto incómoda:
17,6 millones de ocupados —entre asalariados, autónomos con empleados y sin ellos— sostienen a
3,5 millones de funcionarios, 6,9 de jubilados, 3,3 de estudiantes, 2,8 de parados y casi un millón de incapacitados. La suma de los mantenidos se acerca al número de los que empujan el carro. De ahí al titular catastrofista hay un paso, y el paso se dio.
El problema no es la aritmética. Es que la aritmética se hace sobre una base que no es la que parece. La primera objeción que surge no es ideológica, es contable:
lo que sostiene a España no es el trabajo, es la deuda. La deuda pública pasó de
375.000 millones de euros en 2000 a 1.595.000 millones en 2023. Un déficit anual del
3,7% del PIB durante 23 años, o lo que es lo mismo, pedir prestados
53.000 millones cada año para que la maquinaria no se detenga. Quiten las peticiones de deuda y mañana quiebra todo.
Cuántos remeros hay realmente en la empresa privada
Aquí empieza el segundo ajuste. Los 17,6 millones de ocupados incluyen figuras que no reman como parece.
Fijos discontinuos, becarios, parciales que querrían trabajar más. Varias voces del análisis sostienen que los remeros productivos puros de la empresa privada
no llegan a 8 millones. Otros reparten la baraja de otra forma: de cada diez españoles, tres jubilados, dos en el sector público o en la órbita semipública del IBEX, uno en paro, uno estudiando, uno ni estudia ni trabaja ni se ha inscrito en nada, y apenas dos curritos o autónomos. La bola extra de este reparto es que ocho están vacunados, por si alguien dudaba del tono.
El sector autónomo se lleva su propia ración de escepticismo.
El 90% paga 300 euros de cuota y no sostiene ni a un millón de pensionistas, según el cálculo que circula. La conclusión que se repite: la foto oficial maquilla la base real de cotizantes.
El estudiante que mantiene su madre y el jubilado que mantiene la deuda
Hay una corrección que se hace sola:
a los estudiantes los mantienen sus padres, no el conjunto de los ocupados. Meterlos en la columna de los sostenidos por el sistema infla el relato. Con el relevo generacional bajo mínimos —la tasa de fecundidad se ha discutido hasta la saciedad en otros sitios—, la pregunta de quién pagará las pensiones no es retórica.
Y luego está el que se va. La estadística cuenta como ocupados a quienes ya están preparando la salida:
gente que trabaja mientras estudia una oposición, un módulo o busca empleo fuera. Muchos emigrados no se registran en el consulado, así que son invisibles para las estadísticas. La fuga no es de baja cualificación: doctores, ingenieros y perfiles técnicos engrosan la lista.
Maleta o metralleta, resumía el diagnóstico de hace años, y la gente eligió maleta.
El día que dejen de prestarnos
La pregunta que sobrevuela todo el análisis no es cuándo estalla, sino quién paga cuando estalle. La respuesta que se repite:
el de la privada, como siempre. En cada crisis, el sector público mantiene su estructura y el privado absorbe el golpe. Esta vez, dicen, tendría que tocar a las vacas sagradas. Y ahí empieza otra pelea: antes que a los funcionarios de carrera, se toca a interinos, laborales temporales y laborales. El recorte de pensiones aparece en el horizonte como la variable de ajuste menos resistida políticamente.
Mientras tanto, la escena cotidiana no acompaña al relato de ruina: atascos, terrazas llenas, oficinas a rebosar.
No veo ninguna crisis, veo todo hipervitaminado. Puede reventar en seis meses o en seis años. Cuando ocurra, el sufrimiento no será repartido.
Cuánto pesa el turismo y qué queda si se apaga
El diagnóstico estructural apunta a un país quebradísimo sin el turismo y sin la deuda. Dos muletas. La primera es estacional y vulnerable. La segunda es acumulativa y creciente. Con el bono español a 30 años por encima del 3%, la hipoteca a tipo fijo se convierte en un ejercicio de valentía. El que compró piso a tipo variable en 2021 ya lo sabe.
La conclusión que se impone no es un desenlace, es una constatación:
la economía española vive de prestado y el prestamista no es infinito. Cuando la prima de riesgo deje de sonreír, alguien tendrá que explicar por qué el país sostiene a más gente de la que rema. Y ese alguien, con toda probabilidad, no será el que firma la deuda.