Un minuto de Musk, el pescado y la cuenta que no sale
En la pescadería del barrio una lubina cuesta lo que cuesta y no hay tu tía. En la cuenta de resultados de Elon Musk,
un minuto de reloj vale 280.000 euros. Esa distancia es la que quiso retratar Irene Montero en un tuit en el que sostiene que «no es normal que haya gente que no pueda permitirse comprar pescado» mientras el dueño de X ingresa esa cifra por minuto. La frase ha reabierto un clásico: el pulso entre el relato de la desigualdad y el relato del doble rasero.
El tuit de Irene Montero sobre el pescado y Elon Musk
El mensaje se cierra con una sentencia:
evidentemente el sistema no funciona para la mayoría. Hasta ahí, un diagnóstico de manual. El problema, señalan las réplicas más repetidas, es el destinatario. Musk no fija el precio del pescado en España ni gestiona la cadena de frío de ninguna lonja: es un multimillonario al que se coloca como símbolo. De ahí el reproche de demagogia y la pregunta que varios lanzan en voz alta: ¿qué se propone, expropiarle?
¿Cuánto cobra Irene Montero?
La cifra que circula con más insistencia es
135.063,12 euros al año, retribución que se le atribuye. A eso se suma la referencia a un chalet de
2.000 metros cuadrados en Galapagar. No es material nuevo, pero sirve de munición: quien denuncia la desigualdad debería empezar por su propia cuenta corriente, sostiene esa línea. Enfrente, otra corriente recuerda que un cargo público no se mide por el patrimonio de su titular y que mezclar sueldo con discurso es la vía más rápida para no debatir de nada.
Dos escalas que no se pueden comparar
El ejercicio que propone el tuit tiene trampa aritmética. Un minuto de Musk son 280.000 euros; un año de la retribución que se le atribuye a Montero, 135.063,12. Puestos en la misma unidad, harían falta más de un millón de minutos —cerca de dos años de reloj, sin dormir— para empatar con sesenta segundos ajenos. Con esas cifras, discutir de lubinas parece una anécdota. Y sin embargo la anécdota es la que llena las pescaderías.