España crece por encima de la Eurozona con la deuda en máximos
¿Crece la economía española más que sus vecinos o solo lo parece cuando el dato se elige con pinzas? El relato que se repite estos meses sostiene que España ha recuperado el PIB previo a la pandemia y lo ha hecho por delante de la media de la Eurozona, con
Alemania en recesión y buena parte del norte estancado. La otra cara de la misma contabilidad es menos presentable: la deuda pública supera los
1,5 billones de euros, máximo histórico, y el PIB per cápita crece siete veces menos que en la eurozona según el Banco de España. Un mismo país, dos fotografías incompatibles.
¿Por qué España crece por encima de la Eurozona?
El argumento es sencillo de repetir y difícil de desmontar sin matices: con la locomotora alemana gripada, España habría pasado de vagón a maquinista. Los datos que se citan apuntan a un crecimiento del
2,8% anualizado en el primer trimestre y a una resistencia del consumo que se ve en cualquier barra de bar. Hay quien lo llama milagro; hay quien prefiere llamarlo revisión estadística y hostelería con las terrazas llenas a 3,50 euros la caña.
Detrás de esa fortaleza aparece un patrón incómodo. El crecimiento se apoya en sectores de bajo valor añadido, en población activa que aumenta por la vía migratoria y en un gasto público que no se detiene.
Campeones de Europa en camareros, resume el análisis más crítico. La duda no es si el PIB sube, sino cuánto de ese PIB acaba en la renta disponible de quien lo genera.
El PIB per cápita español crece siete veces menos que en la eurozona
Aquí está el dato que rompe el relato. El propio supervisor, el Banco de España, advierte de que el PIB per cápita ha aumentado siete veces menos en España que en la media de la eurozona. Traducido: la economía crece, pero la población crece casi al mismo ritmo, de modo que el habitante medio no nota el esplendor en el bolsillo.
La comparación cruda tampoco favorece al optimismo. El PIB per cápita nominal sigue por debajo del de 2008, y los euros de ahora valen bastante menos que los de hace quince años. Se sostiene además que la serie del PIB se revisa a la baja tiempo después y que el INE ha dejado de ser un árbitro neutral. El desglose fino, partida a partida, es el que conviene leer con lupa.
¿Cuál es la tasa de paro de España frente a la OCDE?
La respuesta corta es incómoda:
España es el país con más paro de toda la OCDE, con una tasa que se compara con economías como la sudafricana. La cifra oficial se maquilla, según el análisis más duro, con los fijos discontinuos y con quienes están apuntados a cursos para no figurar como demandantes. Bajo ese prisma, el desempleo real podría acercarse al 30-35%.
El segundo indicador que descoloca es el de las horas trabajadas. Están en mínimos desde 2019 por persona ocupada y no han recuperado el nivel de 2000. Se crea empleo, sí, pero de menos horas y menos productividad. En el mismo trimestre que se presume de récord, el paquete estadístico reflejaba la destrucción de
140.000 empleos. Crecimiento con menos trabajo dentro: la cuadratura del círculo.
¿Quién introdujo los ERTE que amortiguaron la pandemia?
No fueron una invención de la última legislatura. Los ERTE se pusieron en marcha en 2012, con Fátima Báñez al frente de Trabajo, y fueron el instrumento heredado que permitió sostener plantillas durante el cierre de la actividad. Reconocerlo no cambia la gestión, pero desmonta la apropiación del invento.
La otra memoria que se invoca es la de 2008. Entonces, con José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa, se presumió de fortaleza económica justo antes del desplome, y España acabó entre los últimos en recuperarse, pagando los agujeros de la banca propia y ajena. Quien no recuerde aquello, dice la ironía recurrente, es que estaba en el instituto.
El relato mediático: buenas noticias que casi nadie lee
Los titulares de crecimiento se publican en Expansión, elEconomista, El Mundo o 20minutos y, aun así, se queja una parte del personal, no arrastran la audiencia que deberían. La explicación que se da en sentido contrario es que esos mismos medios dedican más espacio a otros asuntos y dejan en segundo plano la deuda, el paro y las horas trabajadas. Cada cual elige el marcador que le conviene.
El dato que descoloca
España ha tardado casi dos años más que el resto de Europa en recuperar el PIB previo a la pandemia. Eso también está en los papeles y no encaja del todo con la etiqueta de locomotora. La respuesta de los defensores del relato oficial es que esos informes ya están desfasados y que el presente es otro. Puede ser. Con la deuda en máximos, el paro liderando la OCDE y las horas trabajadas sin levantar cabeza desde 2007, el maquinista hará bien en no acelerar en la próxima curva.