Debate sobre el supuesto nepotismo de la familia de Calviño
En un foro de debate, varios participantes han discutido la supuesta colocación de los hijos de Nadia Calviño en instituciones europeas. Según los mensajes, Alina Manrique de Lara fue contratada por la Comisión Europea como Policy Officer en febrero de 2022. Trabajaría en la Dirección General de Fiscalidad y Unión Aduanera, un departamento que dirige Thomas Gerassimos —jefe de gabinete de Joaquín Almunia entre 2005 y 2009— y que depende del comisario de Economía, el socialdemócrata Paolo Gentiloni. La trayectoria de la hija de Nadia Calviño se suma, según estos mensajes, a la de su hermano, supuestamente colocado en el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), y al intento —finalmente frustrado— de enchufar al marido en Patrimonio Nacional. Tres movimientos en instituciones sostenidas con dinero público que, según los participantes, reabren el debate sobre el nepotismo en la cúpula política española. No se aportan pruebas documentales de estas contrataciones.
El BERD y su código ético: la contradicción que nadie explica
El Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo tiene una regulación interna que establece reglas frente a la contratación de parientes cercanos, tanto por sangre como por matrimonio. Su política oficial exige atraer empleados del más elevado calibre, apropiados a las necesidades del trabajo y bajo condiciones que respondan a los propósitos del banco. Según los mensajes, el hijo de la vicepresidenta económica aterrizó en esta institución tras formarse en la London School of Economics, un centro que en el imaginario popular español se asocia más al apellido que al expediente.
Hay quien sostiene que el currículum del vástago justifica por sí solo la contratación y que cuestionar su mérito es caer en el prejuicio. En contra pesa un argumento más simple: si el talento fuera el criterio, no haría falta un código ético que prohíbe expresamente contratar parientes. La existencia de la norma delata que el problema es real y recurrente.
La pregunta que sobrevuela es si el hijo es adoptado. Si lo fuera, y de origen chino, quizás el código ético no entraría en juego formalmente. Todo es posible cuando se trata de los brahmines hispanos.
La hija en Bruselas: ¿mérito propio o puerta giratoria?
Alina Manrique de Lara trabaja en la Comisión Europea desde febrero de 2022, según los mensajes. Su departamento, Taxation & Customs Union, está dirigido por Thomas Gerassimos, un hombre que fue jefe de gabinete de Joaquín Almunia entre 2005 y 2009 y que ahora responde ante el comisario Paolo Gentiloni. La estructura de poder en Bruselas no es ajena a las redes políticas nacionales: los mismos apellidos que ocupan ministerios en Madrid reaparecen en direcciones generales comunitarias.
Calviño pidió una excedencia de la Comisión Europea en junio de 2018 para incorporarse al Gobierno de Pedro Sánchez. El movimiento de ida y vuelta entre Bruselas y Madrid dibuja una puerta giratoria que no solo afecta a la vicepresidenta, sino a todo su entorno familiar. La hija no necesitó oposición pública para entrar; el hijo tampoco. El marido lo intentó y no lo consiguió, lo que algunos interpretan como la prueba de que el sistema no es infalible, sino simplemente discreto.
El patrón: enchufes en instituciones públicas con dinero de todos
La historia no es nueva. Enchufes en instituciones mantenidas con dinero público —BERD, Patrimonio, Comisión— pasándose por el forro cualquier proceso similar a una oposición. Contratos laborales cuando el que contrata es amiguete o amiguete de amiguete. En una empresa privada, como si contratan al primo como director de contenidos digitales. Con dinero público, no.
Los hijos de la vicepresidenta han pasado por la LSE, lo cual ya anuncia que en la LSE entran hasta las Kardashian si se lo proponen. Esto es una casa de putas global, resumía un participante con más gracia que precisión. La cuestión de fondo es que el nepotismo no distingue siglas: los populares andan en el mismo juego. La clase alta que ocupa puestos de decisión e información no es de derechas ni de izquierdas; come junta, cena junta y fornica junta.
La meritocracia como coartada
No solo no creen en la meritocracia, sino que les estorba para colocar a sus hijos y conocidos. Por eso torpedean la educación pública mientras mantienen a sus vástagos bien lejos de ella. Las licenciaturas en universidades para pijos en Londres, donde apruebas varios cursos en uno aunque seas un desastre, y las tesis por encargo, han sustituido a la oposición como vía de acceso. Así ya nadie puede acusarlos de ignorantes como antes.
El resultado es una élite que llega a los treinta con el currículum hinchado y se coloca en puestos altos sin perder la ilusión meritocrática. La hija de Nadia trabaja en la Comisión; el hijo, en el BERD. Ninguno ha pasado por un proceso selectivo público. La pregunta no es si son capaces, sino si alguien sin apellido habría tenido la misma oportunidad.
Con estos precedentes, la migración de talento hacia instituciones europeas debería ser masiva entre los mejor preparados. Sigue siendo cosa de familias. Nadie cuadra del todo por qué.