La clase media ya no puede con el piso ni el coche: las cifras que lo delatan
En un pueblo de la Costa Brava no queda un solo apartamento de 70 a 120 metros cuadrados a la venta. Los únicos anuncios visibles son chalés de más de un millón de euros que nadie compra. Esa anécdota, que bien podría ser la punta del iceberg, explica lo que las estadísticas de la OCDE no capturan: la clase media española no se está disolviendo por una mera cuestión de ingresos relativos, sino porque ya no accede a los bienes que la definían.
La OCDE define clase media como los hogares con un ingreso disponible de entre el 75% y el 200% de la mediana nacional. Por esa horquilla, España aún tendría una clase media considerable. Pero esa metodología no pregunta si un trabajador corriente puede comprar una vivienda, un coche nuevo o mantener una familia con un solo sueldo. Y ahí es donde la realidad se separa del papel.
El contraste con los años setenta y ochenta es brutal: un trabajador de fábrica podía comprarse un piso, un coche y mantener a dos o tres hijos con un solo sueldo. Hoy, ese mismo perfil necesita a menudo la pensión de los abuelos para llegar a fin de mes. El debate sobre quién financia qué —si las pensiones son la red que sostiene a los jóvenes o una carga que asfixia a la economía— queda abierto, pero lo que nadie discute es que el poder adquisitivo del asalariado medio se ha desplomado.
Mientras tanto, las cifras de venta de coches muestran otra cara de la paradoja: las matriculaciones subieron un 3,7% en julio, con 101.949 turismos vendidos. ¿Quién los compra? Los críticos apuntan a rentistas y especuladores, mientras el trabajador corriente asegura que no llega. Para más inri, Barcelona subvenciona con 400 euros la compra de bicicletas eléctricas: 2.000 personas podrán beneficiarse en 2027 con una inversión anual de un millón de euros. De la casa y el coche a la bici de pedaleo asistido, resumía un observador con ironía.
Las explicaciones políticas se reparten. Unos culpan al modelo productivo y a la pertenencia al "neomarco alemán" sin productividad; otros, a la especulación y al rentismo que compra vivienda como inversión; no faltan quienes señalan la política migratoria como un factor de presión sobre la demanda. Lo cierto es que el consenso sobre el diagnóstico brilla por su ausencia, y el único acuerdo es que la clase media se encoge por sensación, no solo por renta.
Quizá el dato que más descoloca es el de las matriculaciones: si la gente no puede comprar coches, ¿quién se está comprando los 101.949 turismos de julio? O la estadística mide un segmento cada vez más reducido, o la clase media definida por la OCDE ya no es la que puebla la calle. Como se preguntaba un análisis en el debate público: ¿cuándo se normalizó que seamos más pobres cada año? No es un fallo, es el objetivo.