Otegi denuncia una operación del Estado para destruir al PSOE y el debate se encona
El coordinador de EH Bildu, Arnaldo Otegi, ha asegurado que existe una operación política del Estado diseñada para destruir al PSOE de Pedro Sánchez. La declaración, recogida por Cadena Ser en una entrevista publicada este 27 de mayo de 2026, ha reavivado la tensión en un clima político ya extremadamente polarizado.
La afirmación de Otegi no es inocente. Viene de quien lideró el brazo político de ETA durante décadas y cumplió condena por pertenencia a banda extremista violento. Que alguien con su historial acuse al Estado de maniobras contra un partido del sistema tiene una carga explosiva. Pero el debate que ha generado va más allá del personaje.
Un frente abierto entre los que piden fin del PSOE y los que temen un vacío
Por un lado, hay quienes ven en estas palabras la confirmación de que el bipartidismo del 78 está perecid. Señalan que ya era hora de que el PSOE pagase sus pactos con la «antiespaña» y que su desaparición –como la de la Democracia Cristiana italiana– sería bienvenida. Por otro, un análisis más cauto advierte: si el PSOE se disuelve, sus votantes no se evaporan, sino que se repartirían entre Unidos Podemos, nacionalismos radicales y nuevas marcas de izquierda igualmente hostiles al establishment. El resultado no sería un centro fortalecido, sino una fragmentación que haría aún más ingobernable el país.
Lawfare: el argumento que divide
La palabra «operación política» remite directamente al concepto de lawfare, que Otegi domina desde su propia experiencia judicial. Sin embargo, para sus críticos, el único lawfare demostrado hasta ahora es el que Sánchez y su camarilla han montado ad hoc para aparentar una renuncia que nunca llegó. Mientras, la sombra de ETA sigue planeando: algunos de los comentarios más duros recuerdan que en un país serio Otegi habría sido procesado por sus vínculos con el violencia extremista, y llegan incluso a desearle finales violentos.
Al final, el debate deja una conclusión amarga: la credibilidad de Otegi para denunciar lawfare es nula para sus adversarios, pero el diagnóstico de que el Estado juega sucio contra los partidos que le incomodan encuentra eco incluso entre quienes aborrecen a Bildu. El PSOE, mientras tanto, sigue atrapado entre los pactos que necesita para gobernar y el desgaste que estos le generan.
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