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Ya, pero si lees, no sé, Tom Jones o Cumbres Borrascosas, no ves un intento de los autores de transmitirte una sensación de precariedad por tener que vivir sin luz eléctrica ni antibióticos, entre otras cosas porque los autores tampoco los conocían.A ver, es que el París de 1850 tenía que ser bastante deprimente y aburrido (al menos para nosotros). Las calles con mal olor, la gente sin posibilidad de asearse a diario, todo mal iluminado, sucio, peligroso, la mayoría con la ropa en mal estado menos unos pocos, locales sirviendo bebidas de dudosa procedencia en vasos poco higiénicos y comida con regusto a vinagrillo si no está recién cocinada porque no hay donde conservarla y la naturaleza sigue su curso, personas enfermas y sin atención, casas de madera donde se pasa frío en invierno y calor en verano, lidiando con pulgas, chinches y garrapatas todos los días...
No le veo el encanto por ningún lado.

Casualidadmente ayer estuve viendo La Traviata, donde efectivamente una mujer enferma de tuberculosis lo da todo cantando como soprano a todo pulmón tirada en el suelo mientras se muere.Ya, pero si lees, no sé, Tom Jones o Cumbres Borrascosas, no ves un intento de los autores de transmitirte una sensación de precariedad por tener que vivir sin luz eléctrica ni antibióticos, entre otras cosas porque los autores tampoco los conocían.
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La pensión de Papá Goriot es una antesala del Purgatorio de la mediocridad y el fracaso pensada para que resultara agobiante a un lector de 1840, que ya vivía en un mundo bastante mustio. Más incluso que sus equivalentes de Dickens, Oliver Twist, etc. tal vez porque Dickens trasluce un optimismo instintivo.
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Una o dos generaciones después la vida bohemia ya había sido idealizada y romantizada por la burguesía acomodada de la luz eléctrica y el ferrocarril (como también pasó con el Far West y la piratería del Caribe, que realmente eran modos de vida espantosos que han dado lugar a infinidad de ficciones muy divertidas) y nos topamos con cursiladas encantadoras como la Boheme de Puccini, en la que una señora que está agonizando de tuberculosis en una buhardilla con más goteras que la bodega del Titanic en vez de toser canta como los ángeles.
Es que últimamente me encanta tener un pretexto para poner mis músicas preferidas.