¿Es la multiculturalidad una riqueza o una fuente de tensiones?
El delantero de la Selección Española, Borja Iglesias, respondió a las declaraciones del expresidente Mariano Rajoy sobre la selección francesa, calificando la diversidad cultural de Francia como «una riqueza». Rajoy había realizado comentarios que muchos tildaron de xenófobos, y el presidente Pedro Sánchez se sumó a las críticas, acusando a Rajoy de «avergonzar a España con su xenofobia». El cruce de declaraciones reabre un debate recurrente en la sociedad francesa y europea: ¿qué precio tiene la multiculturalidad?
Las cifras de la convivencia: entre el PIB y los disturbios
Francia despliega al Ejército y decreta toques de queda para evitar celebraciones que deriven en destrozos. Un sector del análisis señala que un porcentaje significativo del PIB francés gira en torno a la multiculturalidad: empresas de alarmas, fungibles quirúrgicos, instituciones penitenciarias, sprays de pimienta y una legión de trabajadores sociales. Otros recuerdan que barrios enteros de París son zonas de exclusión donde ni la policía puede entrar. El balance económico es ambiguo: el sector de la seguridad privada crece, pero la cohesión social se resquebraja.
Deporte, política y la trampa de la corrección
Los futbolistas, como Iglesias, se ven obligados a repetir eslóganes progre para mantener su imagen, mientras que figuras públicas como Rajoy se permiten ironías políticamente incorrectas que enardecen a la izquierda. La paradoja es que términos como «riqueza cultural» han terminado por adquirir un matiz peyorativo, asociados a realidades como la inseguridad o la pérdida de identidad nacional. Algunos analistas apuntan a que la izquierda ha secuestrado el lenguaje para etiquetar a quienes critican la inmigración masiva como «fascistas» o «racistas», deslegitimando cualquier debate serio.
Lo que nadie quiere decir en voz alta
El ex presidente Rajoy, con su característica retranca gallega, dijo algo que muchos piensan pero nadie verbaliza en público. Iglesias, musulmán de origen, defiende la multiculturalidad desde su privilegiada posición de futbolista millonario que vive en urbanizaciones blindadas, lejos de los barrios conflictivos. «Desde su mansión sin una mota de multiculturalidad es fácil decirlo», ironizan los críticos. Mientras, Francia se prepara para una final de Mundial con el Ejército en las calles y la pregunta sin respuesta: ¿puede la diversidad cultural sostenerse sin que la sociedad implosione?