Pedro Porro, el ‘paco’ de la selección: cuando el estilo eclipsa al jugador
Basta verle aparecer en pantalla para que las redes echen humo: cabeza rapada, tatuajes hasta en las uñas, gestos chulescos y, según el runrún, una vida personal que da para varios capítulos de realities. Pedro Porro, internacional español y lateral del Tottenham, se ha convertido en el arquetipo del ‘futbolista paco’ moderno. Un perfil que antes ocupaban tipos como El Tato o el Chiquito de la Calzada, pero ahora con millones de euros de por medio.
La nostalgia por los futbolistas de antes –sin tatuajes, sin poses, con bigote y gomina– choca con la nueva generación. Porro, a sus 27 años, ya acumula cuatro hijos (según se comenta), un contrato de cinco millones netos en la Premier y una estética que mezcla lo castizo con lo transgresor. Sus celebr sesiones, su forma de vestir y sus tatuajes han alimentado el meme fácil, pero también un debate real sobre el rol del futbolista como icono social.
¿Es la imagen lo que importa o lo que se critica es el cambio de perfil?
Hay quien sostiene que Porro es el producto de una época que premia la personalidad sobre el talento. Pero los números cantan: cinco millones netos al año no se los dan a cualquiera. Sus entrenadores han repetido que su principal virtud es que sube mucho –un eufemismo que encierra su verdadera aportación al juego–. La paradoja es que, mientras las redes lo despedazan por su apariencia, él sigue siendo titular en un club de la Premier y en la selección.
El dato que descoloca: la Premier no entiende de estética
Los puristas pueden quejarse, pero el mercado no miente. Porro vale lo que paga su nómina. Y mientras el ‘paco’ de la selección siga sumando minutos y asistencias, el debate sobre su imagen pasará a segundo plano. Lo verdaderamente incómodo para los nostálgicos no es que Porro se vista así, sino que funcione.