Un kayak de 385 euros para llenar el congelador de pescado
A los 66 años, recuperar la afición a la pesca. Ese es el punto de partida de un proyecto que aspira a llenar los arcones congeladores y comprar el mínimo pescado posible, igual que ya cultiva sus propias verduras en dos huertos urbanos, uno de interior iluminado y otro exterior. El vehículo elegido es un kayak de pesca «Barracura pro» de 385 euros, con 85 centímetros de manga y 288 de eslora. Pesa 21 kilos.
Francamente imposible volcar en pantano, resume su comprador.
El plan abarca pantanos gallegos y cercanos a Madrid —black bass, truchas, lucio y percas— y, más adelante, el mar, con la lubina como objetivo declarado. La lógica de la compra es sencilla: a mayor manga, más difícil resultar volcado y más fácil maniobrar en tierra. Con 66 años, cargar demasiado peso ya no entra en los planes. La afición, insiste, pesa tanto como la comida que pretende sacar del agua.
Qué permisos exige pescar desde un kayak
La barrera administrativa es, según este pescador, bastante más baja de lo que sugiere el imaginario náutico. Una embarcación a motor de más de cuatro metros arrastra matrícula y todo su papeleo. Un kayak de menos de tres metros se queda, según su cuenta, en una declaración de responsabilidad de unos 20 euros y un permiso de pesca que, para los retirados, baja a 6 euros.
En esa tierra las cosas no están tan mal como en otras, sostiene, y asegura no haberse cruzado nunca con un forestal en el pantano.
Del walkie al infiernillo: la lista de compras que no dejó de crecer
Entre kayak y equipamiento, la lista no dejó de crecer. Bolsas estancas para teléfono y emisora, mochila impermeable para la ropa, un compás de navegación de 10 euros, un infiernillo de gas de camping que llegó destrozado y acabó reparado en casa, un cortavientos y una mesa de trabajo. El compás lo presenta él mismo como algo que puede parecer excesivo para un pantano, pero sostiene que las nieblas de Portodemouros justifican saber hacia dónde se navega.
La emisora tuvo un capítulo aparte. Se adquirió un walkie programable, se devolvió y se concluyó que, de momento, basta con un PMR y el móvil.
Eso se demostrará en la práctica.
Estabilizadores, compás y el miedo a volcar en el mar
Para el agua dulce, el kayak se considera sobrado. Para el mar, el propio comprador admite que pondría estabilizadores y, probablemente, un motor: con corrientes y viento no se puede jugar. En ese contexto aparece la advertencia de otro participante sobre el vadeador: meterlo en el agua es un error, no porque arrastre al fondo, sino porque cada movimiento obliga a desplazar toda el agua que ha entrado en su interior, un esfuerzo que agota.
Una alternativa propuesta por otro forero es distinta: una embarcación con motor eléctrico y batería marina por menos de 600 euros, sin riesgo de vuelco y sin esfuerzo físico. Para el comprador del kayak, en cambio, para pesca tranquila, en medio de la niebla y la soledad, no hay nada comparable a un pantano.
El black bass, un invasor que enfrenta a los pescadores
Pocas cosas calientan más la conversación que el pez estrella de los pantanos. Un forero sostiene que el black bass es invasivo y no debería devolverse al agua ni aunque no se vaya a comer: se mata y se usa de cebo. La respuesta de otro llega rápida: es lo único que se come el cangrejo americano. Y el mismo que abrió la polémica cuestiona el conjunto: habiendo rías gallegas con lubina, choco, sargo, abadejo y rodaballo, ¿para qué pescar en un pantano?
Uno de los pescadores veteranos del hilo, en cambio, defiende la captura y suelta, los anzuelos sin muerte y el máximo respeto por los peces, aunque el pescado de agua dulce no le guste.
«¿Seré capaz de salir más de dos veces?»: el escepticismo como telón de fondo
Es el propio interesado quien cuenta que sus amigos dudan de que salga más de dos veces. La recomendación de otro participante es tan sensata como incómoda: probarlo primero, entrar y salir del agua, subir desde el agua, antes de cargarlo de equipo. También se señala que el gasto en accesorios se dispara antes de haber pisado el agua.
Y hay quien va más lejos y sostiene que todo el proyecto es una película sin rodar. Frente a eso, el interesado opone su método: quince días recorriendo orillas y estudiando el pantano antes de mojar el hilo, que le valieron cinco black bass de 500 gramos y un kilo en la primera jornada.
El kayak ya está montado con mástil, vela, orza, timón y sus mandos: veinte minutos para armarlo desde cero, cinco para abatir el mástil. Falta lo único que no se compra. Botarlo.