Harris toma el relevo de Biden y el pulso con Trump se reabre
La decisión de Joe Biden de retirarse de la carrera presidencial y respaldar a Kamala Harris como candidata demócrata ha reabierto un pulso que muchos daban por sentenciado. Hasta ese momento, la lectura dominante era que Trump tenía la reelección prácticamente en el bolsillo. El anuncio cambia el tablero: Harris, vicepresidenta y exfiscal, pasa a ser la carta demócrata frente al republicano. La pregunta ya no es si Biden aguantaba, sino si su número dos puede frenar a Trump.
El relevo que nadie vio venir
El anuncio pilló a contrapié. La sensación general era que Biden agotaría el mandato, incluso más allá de 2024. Su retirada, respaldando a Harris, se interpretó como un movimiento forzado por las circunstancias más que como una apuesta estratégica. Hay quien sostiene que los demócratas saben que estas elecciones están perdidas y que el relevo es un intento de limitar daños. Otros creen que Harris reaviva el partido: cuenta con el voto femenino y el voto negro, este último especialmente abstencionista en los últimos comicios.
La edad juega ahora a favor de los demócratas. Harris es la candidata joven; Trump, el veterano. Ese giro, impensable hace unos meses, es el argumento central de quienes ven opciones reales de victoria.
Kamala Harris: los apoyos y los lastres
El perfil de Harris genera división. Sus defensores destacan su posición institucional y el apoyo del aparato del partido, lo que dificultaría un desafío interno en la convención. Sus críticos señalan su escasa popularidad y un historial que consideran aprovechado por sus rivales. Entre los episodios que se le reprochan está su relación, años atrás, con el entonces alcalde de San Francisco, Willie Brown, un hombre casado y treinta años mayor que ella, cuando Harris tenía 29 años. La relación se ha usado como munición política durante años.
El dato demográfico también entra en juego. Harris es hija de madre india y padre jamaicano. Sus abuelos paternos fueron dueños de una plantación de esclavos, una paradoja que no ha pasado desapercibida. Su estatura, 1,57 metros, se ha convertido en objeto de burla en algunos círculos. Y no ha tenido hijos, algo que una parte del electorado estadounidense considera atípico.
El factor Michelle Obama y la convención
La sombra de Michelle Obama planea sobre el proceso. Hay quien considera que la ex primera dama sería un activo más potente para movilizar al electorado progresista, aunque otros dudan de su valor real. La posibilidad de que Harris sea derribada en la convención no se descarta, pero se antoja complicada: cuenta con el respaldo del aparato y su posición institucional como vicepresidenta.
La convención demócrata se convierte así en un escenario abierto. No es un trámite. Es el último filtro antes de una campaña que se prevé brutal.
El calendario electoral y la sombra del fraude
El sistema electoral estadounidense vuelve a estar bajo sospecha. Una parte del análisis sostiene que el resultado se decidirá en los tribunales o en los recuentos, no en las urnas. La desconfianza en el proceso es un factor que puede movilizar o desmovilizar a ambos bandos. La comparación con 2020 es inevitable.
Mientras, Trump mantiene su ventaja en intención de voto según la mayoría de los sondeos, pero el margen se ha estrechado desde la irrupción de Harris. La campaña republicana ha cometido, según algunos análisis, el error de minusvalorar el peso del voto femenino y del voto negro.
Qué se juega España y Europa
El resultado de noviembre tiene implicaciones directas para Europa. La política de apoyo a Ucrania, la relación con la OTAN y la presión migratoria son algunos de los frentes que dependen de quién ocupe la Casa Blanca. La victoria de Trump se percibe en ciertos círculos como un riesgo para la seguridad europea; la de Harris, como una continuidad con matices.
En España, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, fue uno de los primeros en reaccionar. Calificó la decisión de Biden como «valiente y digna» y destacó su papel en la superación de la crisis económica tras la pandemia y en el apoyo a Ucrania. Un gesto que se lee en clave interna tanto como internacional.
El pulso está servido. Harris tiene por delante tres meses para convertir un relevo de emergencia en una candidatura creíble. Trump, para demostrar que su ventaja es estructural y no circunstancial. ¿Alguien se atreve a pronosticar el resultado?