El decreto que se convalidará sin volver al hemiciclo
El Gobierno vuelve a promulgar los decretos y, acto seguido, el presidente disuelve las Cortes Generales y convoca elecciones. La convalidación de esos textos ya no recae sobre el pleno, sino sobre la Diputación Permanente, donde
PSOE y SUMAR suman mayoría. El movimiento, que se atribuye al presidente, convierte un trámite parlamentario en una operación de calendario. La pregunta que sobrevuela el asunto es simple: ¿puede un Gobierno en funciones seguir legislando por decreto mientras el país va a las urnas? La respuesta que da la maniobra es sí, siempre que el órgano que convalida sea el adecuado.
Qué es la Diputación Permanente y por qué decide aquí
La Diputación Permanente es el órgano que sustituye al Congreso cuando este está disuelto o entre periodos de sesiones. Su composición refleja la mayoría de la Cámara saliente, no la que salga de las urnas. Con PSOE y SUMAR en mayoría en ese órgano, la convalidación de los decretos queda garantizada sin necesidad de negociar con PNV ni con Junts. El diario
El Diario apunta que el PNV sigue siendo necesario para otras votaciones, pero no para esta. La jugada, por tanto, no es técnica: es aritmética.
El precedente que rompe el manual
La Constitución permite disolver las Cortes, pero el manual no escrito decía que un Gobierno en funciones no legisla. La respuesta más repetida en el análisis es que
un Gobierno en funciones no puede aprobar nada relevante. Sin embargo, la práctica acumulada muestra lo contrario: ya se gobernó sin presupuestos, y aquello no detuvo la maquinaria. La diferencia ahora es que el decreto se convalida en un órgano reducido, con mayoría conocida y sin el desgaste de un debate público. La oposición lo califica de
fraude de ley y de golpe de Estado institucional. La acusación es grave y, a fecha de esta discusión, no hay resolución judicial que la respalde.
El cálculo electoral detrás del circo
La lectura política es que el presidente no espera a marzo del año siguiente, cuando el desgaste sería mayor. En su lugar, monta el
circo de Mar i Carmen —el asunto de la vivienda— para lanzar un mensaje al electorado: votadme y arreglo el problema. El cálculo asume que la vivienda moviliza a la izquierda y que el PP sigue plano. Si gana, el análisis más repetido dice que no se va ni con agua caliente. Si pierde, el Gobierno que venga se come el litro a 2,5 euros y los marrones acumulados. La apuesta es de todo o nada.
Lo que queda por resolver
El punto exacto donde el análisis se atasca es la legalidad de la maniobra. Un sector sostiene que la Diputación Permanente puede convalidar decretos sin problema. Otro responde que la disolución convierte al Gobierno en un ejecutivo sin capacidad legislativa real. La discrepancia no se cierra con la aritmética parlamentaria, sino con la interpretación constitucional. Y ahí, nadie tiene la última palabra todavía.